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Los colores de Vivancos

CLÁSICAObras de Vivancos, Shostakovich y Brahms_O. B. C._Dirección: H. Graf_Lugar: Auditori_Fecha: 1/XIIPABLO MELÉNDEZ-HADDADAuténticas olas de sonido que se enmascaran de atmósferas, texturas

Actualizado 03/12/2006 - 02:50:24
CLÁSICA
Obras de Vivancos, Shostakovich y Brahms_O. B. C._Dirección: H. Graf_Lugar: Auditori_Fecha: 1/XII
PABLO MELÉNDEZ-HADDAD
Auténticas olas de sonido que se enmascaran de atmósferas, texturas contrapuestas y colorido tímbrico conforman la melancólica, atractiva y hasta inquietante «Blau», del joven compositor catalán Bernat Vivancos, obra estrenada el viernes por la OBC en su versión sinfónica. Es un placer escuchar un gran aparato orquestal moviéndose por las huellas de Ligeti, en esa aurora boreal sonora que ofrece intermitentes ciclos de intensidad en un tejido cuidado y equilibrado, melancólico y brillante como el color azul.
Por esas cosas del destino, la nueva obra se convirtió en lo más atractivo de un programa lastrado por detalles olvidables en una noche tapizada de desajustes y de nerviosas soluciones formales, ya que los profesores no siempre respondieron con prontitud a las indicaciones de Hans Graf.
La vertiginosa fuerza del complejo y desenfadado «Concierto para piano, trompeta y cuerdas» de Shostakovich, especialmente en el primer y último movimientos (plenos de engaños en la escritura pianística), provocó tensiones mal solucionadas entre el podio y la virtuosa Laia Masramon, estrella de la velada por su heroica faena. A su lado, Mireia Farrés, en la trompeta, lució un control de «fiato» impresionante, dominando reguladores, llegando a los pianísimos delicados. Más se lució, obviamente, en la raveliana «Pieza en forma de habanera» que regalaron ambas solistas como propina. El aporte al repertorio, en todo caso, se agradece, y mucho, en una obra cuyo segundo movimiento llegó servido por una lectura transparente y hermosa.
La «Cuarta Sinfonía», de Johannes Brahms, se escuchó en una versión poco lucida, con pasajes emborronados incluso en el primer movimiento y con desencuentros fatales entre cuerdas y maderas. Hubo escaso lirismo y sonidos bastante estridentes. El «Scherzo» aportó brío pero, igualmente, escasa acción de conjunto; si bien es cierto en otras ocasiones la OBC ha sonado mejor, no puede negarse que durante toda la velada se proyectó desde el escenario química y entusiasmo. Si las cosas no salieron mejor fue por la azarosa realidad del conjunto, porque magia hubo, al menos en la atractiva obra de Vivancos.
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