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Maestra y «cuenta-cuentos»

POR MARÍA ISABEL SERRANOFOTO DANIEL G. LÓPEZMADRID. «Esto sucedió en una casa de empeño. Allí había un rubí y un diamante...». El texto es de Amado Nervo. La voz la pone Milagros. Está contando un

Actualizado 03/11/2008 - 02:51:26
POR MARÍA ISABEL SERRANO
FOTO DANIEL G. LÓPEZ
MADRID. «Esto sucedió en una casa de empeño. Allí había un rubí y un diamante...». El texto es de Amado Nervo. La voz la pone Milagros. Está contando un cuento al auditorio de la biblioteca pública «Pedro Salinas», un centro perteneciente a la Comunidad de Madrid.
A sus 74 años, Milagros Caballero Sánchez-Arévalo no para de ir a sus «contadas». Ella es voluntaria de Cruz Roja y, también, forma parte del grupo de «Voluntarios por Madrid» y «Los mayores también cuentan», programas que dependen de la Delegación de Familia y Asuntos Sociales del Ayuntamiento de Madrid.
¡Y vaya si cuentan! «Por esto no se cobra. A mí, a Dios gracias, tampoco me hace falta. Si cuento cuentos es porque siento una satisfacción enorme. Porque me gusta que las personas me escuchen y se lo pasen bien. Que por unos minutos se olviden de sus problemas. Con eso sí que me siento pagada», nos dice esta extremeña de nacimiento -enCabeza del Buey (Badajoz)- pero madrileña hasta la médula.
Calor y proximidad
Siente un orgullo inmenso cuando recuerda su profesión. «Soy maestra». Lo de profesora de EGB (antes) o de Educación Primaria le gusta menos. Es más largo y poco profundo; con menos arraigo y sin todas las connotaciones que conlleva el oficio. Por eso, cuando dejó las aulas, a Milagros la apetecía seguir comunicándose con la gente. Sentir su calor y su proximidad.
Hace seis años, escuchando una conferencia en el Hospital Clínico, uno de los médicos convocó a un grupo de personas para hacer un curso de técnica de memoria que conduciría a contar cuentos. Ahí estaba Milagros. Se enganchó. Pasó por los cursillos correspondientes y aprendió a memorizar.
«Hay que «transmitir», llegar al público. Hay que dar una cierta cadencia, una modulación; se gesticula y se hace, incluso, teatro para atraer la atención del público».
Milagros, como el resto de su grupo de «Los mayores también cuentan», ha recorrido colegios, hospitales, centros de salud, ludotecas y bibliotecas. Confiesa que en cualquier lado se siente a gusto pero advierte que cada auditorio tiene sus características. «Si estoy ante niños -explica- hay que ponerse a su altura, y no me refiero a la física, sino a la mental. Son muy listos pero se distraen con facilidad. Por eso, cuando notas que dejan de prestar atención, hay que subir el tono de voz, de crear un ambiente de asombro, de misterio... De inmediato los vuelves a tener de su parte».
Propios y prestados
«Con los adultos es más fácil. Contamos con su predisposición a escuchar. Otra cosa es que sepamos llegar a ellos o que el relato sea aburrido. Procuro que no, que tanga interés. Unas veces se los tomo «prestados» a los grandes literatos y escritores; otras, me los invento yo, son de mi propia cosecha», nos comenta. También ha sido la cuenta-cuentos de niños discapacitados. Concretamente, de esquizofrénicos. «Es todo un reto. También nos entienden y nos prestan atención. Y, luego, los padres se muestran muy agradecidos por el buen rato que les hacemos pasar», añade.
Dejamos a Milagros con sus colegas de «contada». Ahí están Rafael, Pilar, Mercedes, Abna María y Julián. Son los «abuelos cuenta-cuentos», uno de los programas estrella del Ayuntamiento madrileño. Que no paren de contar.
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