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ABC y sus lectores

En su columna, del 25 de mayo, M. Martín Ferrand reproducía unas líneas de la letra del tango de Discépolo, en las que nuestro colaborador CARLOS RODRÍGUEZ BRAUN detectó un error: «En su maravilloso

Actualizado 03/06/2007 - 03:33:07
En su columna, del 25 de mayo, M. Martín Ferrand reproducía unas líneas de la letra del tango de Discépolo, en las que nuestro colaborador CARLOS RODRÍGUEZ BRAUN detectó un error: «En su maravilloso artículo «Cambalache a la española», mi amigo y maestro Manuel Martín Ferrand se refiere a «Don Chico». Discépolo habla en realidad de «Don Chicho», el apodo de un jefe mafioso rosarino, Juan Galiffi, detenido en 1932. Nótese, empero, que en Rosario había dos «capos» con ese apodo, pues Galiffi era conocido como Chicho Grande, y había otro, Francisco Morrone, llamado Chicho Chico».
También nuestro colaborador DARÍO VALCÁRCEL desea contestar a un lector que la semana pasada, en esta sección, puntualizaba algunos aspectos de su artículo «El Sahara cambia, por fin». Por lo que Valcárcel escribe: «Un lector me rectifica y tiene razón en el dato. Tres documentos de la antigua dirección de Plazas y Provincias Africanas, de 1953 y 1954, establecen la extensión del entonces Sahara Español, 302.000 kilómetros cuadrados. Mediciones del presente siglo dan al territorio 261.000 kilómetros cuadrados, de acuerdo con sus fronteras este y sur».
Los artículos «Savater y Aznar», de Edurne Uriarte, y «El retorno de Aznar», de M. Martín Ferrand, publicados el 24 de mayo, le han parecido a JOSÉ GARCÍA-BERDOY CEREZO «estupendos y esclarecedores, sobre un mismo tema, opuestos en criterio, pero muy lucidos, son un lujo que siempre agradeceré a su periódico. Realmente es sorprendente cómo uno de los grandes políticos españoles del siglo XX se ha empeñado en autodestruir su imagen, mediante unas formas (que no fondos), en sus apariciones públicas, impresentables. Los que le votamos y admiramos estamos, además de sorprendidos, entristecidos. No lo entendemos». Por la contra, ÁLVARO LINIERS DEL PORTILLO desea «expresar una vez más mi rechazo a la opinión de Martín Ferrand sobre Aznar, y es que este periodista de renombre busca siempre el golpe bajo a este señor de pies a cabeza que se llama José María Aznar. Le gusta dar la de cal y la de arena, es evidente. Le diría que no mire la paja en el ojo ajeno cuando tiene la viga en el suyo».
Por la Tercera «Wanted president!» (19 de mayo), de Pedro González-Trevijano, escribe JUAN ESTÉBANEZ GARRIDO, que asegura haberla «leído con desencanto». El autor «reflexionaba -recuerda el lector- sobre el derecho y su limitación a la posesión de armas de fuego. Abunda en los tópicos más comunes. El articulista hace su alegato contrario al derecho de posesión de armas (con uso defensivo) a propósito de la matanza en Virginia Tech. Lamentablemente, olvida que el campus de dicha Universidad estaba declarado gun-free zone, es decir, un lugar donde estaba prohibido portar armas. Esta normativa no detuvo al perturbado que perpetró tan horrendos crímenes, como no detiene a los asesinos o delincuentes de toda laya. La legislación que regula la posesión de armas sólo es cumplida por los ciudadanos honestos y respetuosos con la ley, que se encuentran inermes cuando algún desalmado decide emprenderla a tiros. Por eso -continúa el lector- resulta aún más sangrante la chanza que hace de la declaración de la Asociación de Propietarios de Armas de América, que señalaron que la matanza no se habría producido de haber portado armas los profesores y alumnos y que don Pedro despacha con un lacónico «sin comentarios». Entre la profusión de los antecedentes que precedieron a esta masacre, se encuentra -ignorada por el articulista- la que acaeció en 2002 en la Appalachian School of Law. Un estudiante mató a tres personas e hirió a otras tres. No pudo llegar más allá, ya que otros dos estudiantes, tras coger sus armas, pudieron retener al asesino hasta que llegó la policía. La Appalachian School of Law no era una gun-free zone. Es necesario un debate honesto sobre esta cuestión, algo que no abunda en nuestro país, publicando estadísticas y opiniones que aquí se nos ocultan y que muestran que, por lo general, la libertad en la posesión de armas trae más beneficios que perjuicios y evita muchas muertes inocentes».
En la edición electrónica de ABC.es, del 24 de mayo, ÁNGEL SANTOS observó que en «la clasificación de fútbol de la primera división, para ustedes, el líder de la competición, y en solitario, es el F. C. Barcelona, ya que el Real Madrid, actual líder, no aparece en su clasificación. No sé si el motivo de eliminar al Real Madrid del primer puesto de la clasificación -ironiza- se debe a un error o más bien a un deseo».
La Tercera «Solidaridad versus guerra del agua» (15 de mayo), de Óscar Alzaga, le parece a FERNANDO RODRÍGUEZ DE LA TORRE «excelente y estudia muy bien el insolidario problema que se ha planteado en la España autonómica con el agua. Solamente tiene un «pero»: su título. Yo no sé por qué se está utilizando mal en España el vocablo latino versus, preposición de acusativo que significa «hacia». Ignoro por qué en la jerga norteamericana jurídica se le da la absurda traducción de «contra» o «frente a». Y los españoles lo hemos copiado sin pensarlo. Por ejemplo: una fenecida sección diaria de las elecciones municipales madrileñas la tituló ABC «Alberto Ruiz-Gallardón versus Miguel Sebastián». Nuestros académicos recomiendan que las palabras y locuciones latinas se utilicen solamente cuando sea necesario y sin cometer desvirtuaciones. Pues versus significa solamente «hacia»».
La información «La beatificación de los mártires de la Guerra no ayudará a la reconciliación» (25 de mayo), de la sección España, ha sido leída por JOSÉ MARÍA MACARULLA «con sorpresa y pena. En ella, el Secretariado Diocesano de Justicia y Paz de Bilbao, al margen de su legítimo obispo, interpreta las sabias y meditadas decisiones de la Iglesia Católica (en este caso, después de 71 años de los sucesos que enjuicia) en clave de sectarismo político. Como sobrino carnal de una de aquellas víctimas (el joven sacerdote José Macarulla, hermano de mi padre) denuncio la tergiversación de los hechos con objetivos belicistas. Puedo asegurarles -precisa el lector- que mi tío no fue asesinado por sus actitudes políticas sino por ser simplemente sacerdote de Jesucristo. Estaba predicando unos ejercicios espirituales cuando el gobernador civil lo arrestó y encarceló. Sin juicio alguno, lo entregó al piquete que lo fusilaría en las tapias del cementerio y entregó a mi abuela su pluma, su reloj y su billetero (que, por cierto, contenía una fotografía mía). En los santos se canoniza su ejemplaridad cristiana sin condenar a ningún régimen político. Ni con Pedro se condena al Imperio Romano, ni con Álvaro el Califato de Córdoba, ni con los mártires amazónicos, a los indígenas que les lanzaron los dardos envenenados».
La inserción de las soluciones de los pasatiempos el mismo día de su publicación a JOSÉ ANTONIO USANDIZAGA le ha causado «sorpresa, haciendo caso -nos reprocha- a los impacientes por saber sus equivocaciones o sus potenciales aciertos. Yo prefería conocerlos al día siguiente, pero respeto todas las opiniones. Ahora bien, la medida adoptada es la más desdichada de todas las posibles. ¿Saben lo molesto que es tener que doblar la página del periódico o recortar el «sudoku» para resolverlo sin que se escape involuntariamente la vista hacia la solución inexplicablemente situada a su lado? Y algo parecido sucede con otros pasatiempos. ¿No podría darse gusto a todos -sugiere el lector- obrando como lo hace el 99 por ciento de las publicaciones que incluyen pasatiempos en su contenido? Es algo tan simple como colocar las soluciones en otra página del mismo periódico».
En las Efemérides del pasado 28 de mayo, detectó LUIS FERNÁNDEZ BRAVO Y ÁVILA un error al incluir una imagen que, como explica con certeza el lector, «me parece que tal fotografía es de Ramiro de Maeztu. Desde luego no parece Azorín», como se publicó en el periódico.
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