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Mikel Buesa-Gorka Landaburu: La manifestación de las víctimas, a debate

Actualizado 03/06/2005 - 11:39:24
Debe haber un paisaje en las pesadillas de Mikel Buesa que se parezca mucho al que ve en su propio interior Gorka Landaburu. Buesa, catedrático de Economía de la Universidad Complutense de Madrid y vicepresidente del Foro de Ermua, es hermano de Fernando, portavoz del PSE en el Parlamento vasco, que fue asesinado por ETA en febrero de 2000 con un coche bomba. En el mismo atentado murió el ertzaina que lo escoltaba, Jorge Díez Elorza. Landaburu, periodista, director de Cambio 16, resultó gravemente herido en mayo de 2001 al explotarle un paquete bomba que había llegado al buzón de su domicilio, en Zarauz (Guipúzcoa). En esta conversación proponen, sin embargo, caminos diferentes para escapar de ese paisaje del horror, para hundirlo en la sima más profunda de su memoria. Y para que las generaciones futuras no tengan que contemplarlo.
ABC: En el contexto actual, ¿es oportuna la manifestación de mañana convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT)?
Mikel Buesa: Lo es, desde luego. La convocatoria se produce poco después de que el Congreso de los Diputados aprobara la resolución por la que insta al Gobierno a abrir un proceso negociador con ETA. Esto supone una ruptura de la política antiterrorista que había marcado el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Así lo ha entendido la AVT, y ése es el motivo que le ha inducido a expresar su desacuerdo con el Ejecutivo y exigir que rectifique.
Gorka Landaburu: La AVT, como cualquier ciudadano, asociación o partido político, tiene derecho a manifestarse, pero los motivos, en esta ocasión, no son los más adecuados. Yo no voy a acudir a la cita porque se opone a una decisión política tomada por la mayoría del Parlamento, y porque divide y confunde a las víctimas. Está claro que deben jugar un papel fundamental en la resolución de este gravísimo problema, pero no así. Siempre digo que se las ha matado dos veces: con las pistolas y las bombas de ETA, y con el olvido. Es cierto que durante muchos años se ha mirado para otro lado en el País Vasco, pero ahora no es el caso y las víctimas están más arropadas por la sociedad.
M. B.: Con respecto al acuerdo del Congreso, es legítimo y ha sido adoptado por la mayoría, aunque yo hubiera preferido una suma más amplia, como la que aglutinaba el Pacto por las Libertades, que reunía los votos del PSOE y del PP. Pero ése no es el meollo del asunto. Lo fundamental es el contenido de la resolución, que retrotrae la orientación de la política antiterrorista al Pacto de Ajuria Enea en su punto 10, donde está plasmada la condición que los nacionalistas exigían para participar: la idea de que el terrorismo es el resultado de un problema político que debe resolverse políticamente. Pero ese acuerdo fue literalmente traicionado por los partidos nacionalistas cuando pactaron con ETA en Lizarra. Hablamos del retroceso a una estrategia que no sólo fue traicionada, sino que fracasó estrepitosamente. PNV y EA iban a conducir a los terroristas por la buena senda, pero aquello nunca llegó a materializarse. No parece razonable volver a la misma cantinela de la mano de los traidores. Y, además, contra otra línea, la del Pacto por las Libertades, que ha demostrado ser exitosa. El presidente del Gobierno prometió no salirse de ese camino, pero por desgracia lo ha hecho. ¿Que la manifestación tiene un contenido político? Pues claro. Y también es obvio que no suscita el acuerdo de todos, incluidas las víctimas. Las que están más próximas al PSOE no la apoyan, como no podía ser de otra manera. Pero la AVT, que es la asociación que aglutina a más gente; Covite, que es la que tiene más relieve en el País Vasco, y otras de especial relevancia estarán mañana en las calles de Madrid.
G. L.: Acerca del Pacto de Ajuria Enea que has mencionado, fue el PP el que lo rompió, seguido por el PSOE. Pero no me gusta volver al pasado, porque en política, como en los matrimonios, la culpa del divorcio la tienen ambas partes. Es preferible mirar al futuro. No voy a discutir sobre la legitimidad de la manifestación, creo que en ese sentido ya ha quedado clara mi postura. Aquí no se trata de ver qué asociaciones tienen más afiliados o simpatizantes, porque también hay otros colectivos importantes que no se han sumado a la iniciativa de la AVT, sino de preguntarnos cuál es su verdadera intención. Hace tiempo que las víctimas están siendo utilizadas políticamente, sobre todo por parte del Partido Popular. La manifestación está dirigida más en contra de Zapatero que a favor de una solución para las propias víctimas, que, insisto, necesitan reconocimiento y apoyo, pero no pueden orientar la política del Gobierno. Por cierto, se ha dejado muy claro por parte del Ejecutivo que no hay negociación que valga hasta que los terroristas no dejen las armas. Recordemos que Adolfo Suárez negoció con ETA político-militar y consiguió su disolución. Felipe González y Aznar intentaron, sin éxito, un paso más, y ahora Zapatero tiene su oportunidad. Negársela es quedarnos en el inmovilismo y la cerrazón. De momento, sólo hay una toma de temperatura, pero todos los gobiernos tienen la obligación de aprovechar cualquier resquicio, por pequeño que sea, para conseguir la paz. El conflicto en el País Vasco, nos guste o no, tendrá que acabar en una mesa de negociación, porque a ETA no la han derrotado ni Franco ni los gobiernos democráticos. Si esto fracasa, no será el fracaso de Zapatero, sino el de toda la sociedad española, y si tiene éxito, también lo será de todos. El mayor homenaje que se puede ofrecer a las víctimas es que no se produzcan más. Podemos dar todas las vueltas de tuerca que queramos, podemos debilitar más a ETA, pero ahora no necesita matar como antes, le basta con tener amedrentada a media sociedad vasca. Los que pensamos así no tenemos «síndrome de Estocolmo» como dicen algunos; nos hemos quedado en Euskadi para luchar por la libertad.
ABC: ¿Qué papel deben jugar, entonces, las víctimas en el proceso de negociación que ha abierto -o abrirá- el Gobierno? ¿Tienen derecho a influir?
Mikel Buesa: Las víctimas tienen derecho a manifestar sus opiniones sobre cualquier aspecto político y a manifestarse e intentar influir sobre el Gobierno. Los términos de la negociación nos conciernen. Ya sé que no han sido expuestos con claridad, pero de las manifestaciones de gente que ha estado en contacto con el presidente durante los últimos días, como Fernando Savater, o de relevantes políticos socialistas, como Ramón Jáuregui, se deduce que el eje negociador es paz por presos. El interés de las víctimas queda relegado, porque eso supone la aplicación de medidas de gracia, un perdón estatal que sustituye el perdón individual de cada agraviado. Zapatero no tiene legitimidad para ello. A mí me concierne, y no desde la perspectiva de mi hermano, porque él no se va levantar de su tumba, sino porque me causaron un sufrimiento inmenso a través de su asesinato. Dependerá de mi voluntad, no del Congreso ni del presidente del Gobierno, perdonar o no, y reivindico el derecho a ser un resentido toda mi vida. Le niego a Zapatero la facultad de gestionar un perdón en mi nombre. No pongo en duda que haya víctimas que quieran cederle esta prerrogativa, pero yo no, y menos a un presidente del que no me fío nada, porque algunos tenemos la experiencia de haber sido engañados por él.
Gorka Landaburu: Yo sí doy mi apoyo no al señor Zapatero en particular, sino al Gobierno. Tampoco perdono, soy víctima directa del terrorismo, me han destrozado las manos, estoy ciego del ojo izquierdo y tengo otras secuelas, pero intento superar la situación. Quiero un país en paz. No deseo una nueva generación de violentos, de gente escoltada, de empresarios amenazados. Me acuerdo de ETA cada mañana cuando me levanto, cuando me lavo, me visto, desayuno, pero no voy a autoflagelarme permanentemente. Salgamos un poco del encastillamiento. He enterrado a muchos amigos, empezando por Fernando Buesa, y estoy convencido de que tu hermano apoyaría la posición del PSE, aunque fuera por disciplina de partido.
M. B.: Es posible que Fernando, por esa razón que aduces, no acudiera a esta manifestación, aunque tengo mis dudas. De lo que estoy convencido es que no lo haría por convicción, ya que en los últimos tiempos de su vida se manifestó radicalmente en contra de transacciones políticas del PSE con el nacionalismo, y lo resumió como promesa electoral. En absoluto estaría de acuerdo con este cambalache.
G. L.: Hablas de la paz por presos como parte sustancial del posible acuerdo, pero no creo que estemos en ese punto por ahora. Ya veremos. Nadie con delitos de sangre se va a ir de rositas. Paz no significa bajarse los pantalones.
ABC: ¿Estamos más cerca del fin del terrorismo? ¿Cuál es el camino: derrota de ETA o negociación?
Mikel Buesa: Lo de la paz se vende muy bien, pero esta paz abstracta no tiene ningún significado. También se nos vendió con la última tregua: no hubo asesinatos, pero sí un terrorismo callejero que, por cierto, fue ampliamente tolerado por quien tenía que haberlo reprimido, el Gobierno vasco. Mira, Gorka, paz sin libertad no es nada. Acabaremos teniendo una dictadura en el País Vasco, eso sí, muy «pacífica». En cuanto a los procesos negociadores, te diré que el de Suárez con ETA político-militar significó una terrible injusticia para las víctimas. Hace una semana, Javier Ibarra recordó en un artículo su propia experiencia: su padre fue secuestrado y asesinado poco antes de ese acuerdo, y Javier vio cómo los criminales salieron enseguida de la cárcel. Los intentos posteriores fueron distintos. Felipe González lo inicia sin tregua previa; al fracaso rotundo hay que unir el reforzamiento de la capacidad destructiva de la banda. Con Aznar sí hubo tregua, pero después se demostró que era una trampa, como advirtió Mayor Oreja. Estos precedentes no son ningún ejemplo de lo que hay que hacer, porque se han saldado con una agravio a las víctimas y un alargamiento de la existencia de ETA cuando se encontraba disminuida. No veo que sea inevitable acabar en una mesa de negociación. Es una organización delictiva desde el punto de vista jurídico, y hay que aplicar el Estado de Derecho para acabar con ella. No entiendo por qué hay que darle un trato diferente. Hay ejemplos en España y en el mundo de bandas terroristas que han desaparecido sin necesidad de negociación.
Gorka Landaburu: Sí, pero ETA continúa ahí. ¿Por qué? Porque ha tenido un apoyo popular que le ha permitido seguir viva durante cuarenta años, un mundo que la ha cobijado. La diferencia con otros delincuentes es que los etarras pertenecen a una organización que sigue existiendo, que está vigente, colocando bombas. Y que puede matar, aunque haya perdido capacidad operativa. No lo ha hecho en dos años porque no ha querido, o porque ha pensado que la coyuntura no le era favorable después del 11-M. Pero matar es muy fácil. Y sigue amenazando y extorsionando. A ETA se la puede debilitar, pero vencer es muy difícil por ese apoyo al que me refería. Si la negociación fracasa ahora, tendremos que plantearla de nuevo dentro de 3 ó 4 años.
ABC: ¿Hasta dónde podrían ceder las víctimas, si es que eso es asumible, para que salga adelante un proceso de negociación?
Gorka Landaburu: Éste es un tema muy delicado. Las víctimas no van a perdonar, y menos aún si no hay arrepentimiento por parte de sus verdugos. Y el Gobierno no va a ceder a un chantaje. Las cosas han quedado claras: cese de la violencia, empezamos a hablar. No soy un ingenuo: habrá contraprestaciones. ¿Qué es asumible? Acercar a una serie de presos al País Vasco, replantear la situación de los que no tienen delitos de sangre...
Mikel Buesa: Yo, personalmente, no pienso ceder nada, pero que cada uno haga lo que quiera. Admito que haya víctimas que estén dispuestas a apoyar al Gobierno en una política claudicante.
G. L.: No es claudicante.
M. B.: Bueno, yo lo veo así, y me consta que la mayoría de las víctimas también.
G. L.: No acepto ese argumento. Yo no me he rendido, ni tampoco otras víctimas que tienen una opinión parecida.
M. B.: No te he atribuido a ti la claudicación, sino al Gobierno.
ABC: Se ha planteado el apoyo popular como refugio y fortaleza de ETA. ¿No se le ha dado un balón de oxígeno a ese mundo con el regreso de Batasuna a la escena política?
Mikel Buesa: Es cierto que ETA tiene «guardaespaldas», pero también que en los últimos años, y sobre todo tras la ilegalización de Batasuna, el apoyo ha ido declinando y en el País Vasco se ha empezado a respirar mejor. Pero ese proceso se ha frenado con la llegada del Partido Comunista de las Tierras Vascas al Parlamento autonómico, algo que ha consentido el Gobierno, que contaba antes de las elecciones con informes que probaban la vinculación de este partido a Batasuna. Se han realimentado las bases de ese apoyo popular. Se vislumbra en el horizonte que Batasuna está deseando volver a las instituciones. Algunos destacados miembros del PSOE han sugerido que este toma y daca se alargará... hasta que lleguemos a las elecciones locales. A uno le entra la sospecha de que esto nos conduce a la recomposición del poder municipal que han tenido Batasuna y ETA. Ese poder es muy importante, porque los ayuntamientos constituyen una base financiera y propagandística esencial para ese mundo. El Estado de Derecho funciona en algunos aspectos, por ejemplo, en la detención de terroristas, pero no en otros, desde luego en el País Vasco. Batasuna está desarrollando una actividad ilegal, convocando actos políticos a diario, desde ruedas de prensa a manifestaciones. Y no se ha resuelto el caso Atutxa; no es sólo cuestión de que los tribunales le juzguen ahora, sino que el ex presidente de la Cámara vasca no cumplió con su obligación aplicando en su momento la resolución del Tribunal Supremo sobre Batasuna.
Gorka Landaburu: Sobre el PCTV parece que el fiscal no ha encontrado argumentos suficientes para ilegalizarlo, y, al margen de este detalle, representa a 150.000 votantes. Es verdad que, con su ilegalización, Batasuna se ha debilitado, pero sigue funcionando a pesar de todo. También se han cometido errores, como el cierre del diario «Egunkaria», que han alimentado el victimismo; si había causa se tenía que haber detenido a los responsables del periódico, no cerrarlo. El caso es que los nacionalistas radicales están con dos diputados más después del intento de dejarlos fuera, y no podemos meter en la cárcel a 150.000 personas. Si Otegi es de ETA, ¿por qué no está en prisión? El problema es de fondo. Nos han puesto en la diana y tenemos que pasear con escolta, pero el inmovilismo no nos lleva a ningún lado. Mantengo el mismo discurso ahora que antes de mi atentado. Han destrozado mi vida, pero no me gustaría estar sentado en esta mesa contigo dentro de unos años discutiendo sobre lo mismo. Me considero un hombre de diálogo, de consenso. Los vascos han dado la espalda al plan Ibarretxe, pero han dicho a los políticos: siéntense a hablar. Palpo la realidad en el País Vasco y hay que ser valientes y empujar hacia una solución definitiva. Si ETA está más debilitada que nunca, ésta es la oportunidad. Hay cientos de jóvenes de la «kale borroka» que esperan un aviso para cometer barbaridades. Sé que la solución va a ser dolorosa para las víctimas. El que me envió la bomba está encarcelado en Francia, aún no ha sido juzgado; pues bien, estoy dispuesto a renunciar a ese juicio si le damos un final definitivo a esto, desde la democracia y sin debilidad. Quiero una solución sin ira.
M. B.: Mantenemos puntos de vista muy distintos. Creo firmemente que el objetivo que tenía el Pacto por las Libertades de derrotar a ETA es posible y que debe orientar la política del Gobierno. Eso nos lleva de nuevo a la manifestación de mañana: es evidente que Zapatero ha renunciado a ese objetivo. Esperemos que la convocatoria de la AVT sea un éxito.
G. L.: Yo pido, finalmente, que no se utilice políticamente a las víctimas, que tienen que jugar un papel muy importante en la reconciliación de este país. Llamo a la unidad de todos los demócratas frente al terrorismo. Demos una oportunidad a la paz. No se trata de traicionar a nadie. Nadie va a olvidar el pasado.

Se ha planteado el apoyo popular como refugio y fortaleza de ETA. ¿No se le ha dado un balón de oxígeno a ese mundo con el regreso de Batasuna a la escena política?

Mikel Buesa: Es cierto que ETA tiene «guardaespaldas», pero también que en los últimos años, y sobre todo tras la ilegalización de Batasuna, el apoyo ha ido declinando y en el País Vasco se ha empezado a respirar mejor. Pero ese proceso se ha frenado con la llegada del Partido Comunista de las Tierras Vascas al Parlamento autonómico, algo que ha consentido el Gobierno, que contaba antes de las elecciones con informes que probaban la vinculación de este partido a Batasuna. Se han realimentado las bases de ese apoyo popular. Se vislumbra en el horizonte que Batasuna está deseando volver a las instituciones. Algunos destacados miembros del PSOE han sugerido que este toma y daca se alargará... hasta que lleguemos a las elecciones locales. A uno le entra la sospecha de que esto nos conduce a la recomposición del poder municipal que han tenido Batasuna y ETA. Ese poder es muy importante, porque los ayuntamientos constituyen una base financiera y propagandística esencial para ese mundo. El Estado de Derecho funciona en algunos aspectos, por ejemplo, en la detención de terroristas, pero no en otros, desde luego en el País Vasco. Batasuna está desarrollando una actividad ilegal, convocando actos políticos a diario, desde ruedas de prensa a manifestaciones. Y no se ha resuelto el caso Atutxa; no es sólo cuestión de que los tribunales le juzguen ahora, sino que el ex presidente de la Cámara vasca no cumplió con su obligación aplicando en su momento la resolución del Tribunal Supremo sobre Batasuna.

Gorka Landaburu: Sobre el PCTV parece que el fiscal no ha encontrado argumentos suficientes para ilegalizarlo, y, al margen de este detalle, representa a 150.000 votantes. Es verdad que, con su ilegalización, Batasuna se ha debilitado, pero sigue funcionando a pesar de todo. También se han cometido errores, como el cierre del diario «Egunkaria», que han alimentado el victimismo; si había causa se tenía que haber detenido a los responsables del periódico, no cerrarlo. El caso es que los nacionalistas radicales están con dos diputados más después del intento de dejarlos fuera, y no podemos meter en la cárcel a 150.000 personas. Si Otegi es de ETA, ¿por qué no está en prisión? El problema es de fondo. Nos han puesto en la diana y tenemos que pasear con escolta, pero el inmovilismo no nos lleva a ningún lado. Mantengo el mismo discurso ahora que antes de mi atentado.

Han destrozado mi vida, pero no me gustaría estar sentado en esta mesa contigo dentro de unos años discutiendo sobre lo mismo. Me considero un hombre de diálogo, de consenso. Los vascos han dado la espalda al plan Ibarretxe, pero han dicho a los políticos: siéntense a hablar. Palpo la realidad en el País Vasco y hay que ser valientes y empujar hacia una solución definitiva. Si ETA está más debilitada que nunca, ésta es la oportunidad. Hay cientos de jóvenes de la «kale borroka» que esperan un aviso para cometer barbaridades. Sé que la solución va a ser dolorosa para las víctimas. El que me envió la bomba está encarcelado en Francia, aún no ha sido juzgado; pues bien, estoy dispuesto a renunciar a ese juicio si le damos un final definitivo a esto, desde la democracia y sin debilidad. Quiero una solución sin ira.

M. B.: Mantenemos puntos de vista muy distintos. Creo firmemente que el objetivo que tenía el Pacto por las Libertades de derrotar a ETA es posible y que debe orientar la política del Gobierno. Eso nos lleva de nuevo a la manifestación de mañana: es evidente que Zapatero ha renunciado a ese objetivo. Esperemos que la convocatoria de la AVT sea un éxito.

G. L.: Yo pido, finalmente, que no se utilice políticamente a las víctimas, que tienen que jugar un papel muy importante en la reconciliación de este país. Llamo a la unidad de todos los demócratas frente al terrorismo. Demos una oportunidad a la paz. No se trata de traicionar a nadie. Nadie va a olvidar el pasado.
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