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Dos problemas pendientes

Actualizado 03/03/2001 - 00:24:50
¿España va bien? Sí, muy bien. Ejemplo: Paula Vázquez, la ferrolana guapa de Telecinco, le preguntó a un concursante: «¿Cómo se llama la mujer de José María Aznar?». Respondió el hombre que Ana Botella y ello, según el reglamento de «El Juego del Euromillón», le permitió a una señora de Mallorca, que había elegido un sobre entre tres, escoger tres casillas entre veinticuatro. De resultas la señora ingresó en su bolsillo 86,5 millones de pesetas, al mismo tiempo que Cristóbal Montoro, que ni tan siquiera actuaba como espectador, ingresaba en la caja de Hacienda 79,8 millones. Total: 166,3 millones de pesetas, un millón de euros. Si hubiera más concursos millonarios en la tele, España iría aún mejor.
Aún así el país tiene sus problemas. Algunos pensamos que dos entre todos ellos son más graves que los demás por cuanto sus efectos se perpetúan de generación en generación y amplifican, por las escaseces que generan, todos los demás: Educación y Justicia. El primero es, posiblemente, una batalla perdida. En España, como en el resto de Europa, la Educación se degrada y empobrece año tras año y cuando un mal se globaliza, digámoslo así, no suele ser fruto de una casualidad. Embrutecer a un continente es el precio debido para alcanzar lo políticamente correcto, ese sosiego que tanto complace a quienes tiemblan con la idea de una ciudadanía con voz y criterio, con ambiciones y representación cierta.
Lo de la Justicia, sin que podamos echar las campanas al vuelo, lleva trazas de mejor remedio. Aunque el PSOE, IU, CiU, PNV, BNG y CC ya se han expresado contrarios al cambio del vigente sistema de elección parlamentaria del Consejo General del Poder Judicial, el gran invento felipista para una politización de la Justicia atenuadora de la judicialización de la Política a que les forzaron el GAL y la corrupción, el ministro del ramo, el pertinaz Ángel Acebes, no ha tirado la toalla y continúa en el cuadrilátero de las negociaciones dispuesto a un verdadero pacto de Estado que, sobrevolando sobre la penosa realidad vigente, conduzca a una Justicia como la que demanda la Sociedad —con mayúscula, que es tan importante como el Estado— y cuadre con un verdadero, y no literario, Estado de Derecho.
Acebes con José María Michavila y Juan Fernando López Aguilar con Javier Barrero son los protagonistas del PP y el PSOE que tienen ahora en sus manos la posibilidad de un pacto hondo que, a base de generosidad política y visión de futuro, cambie el rumbo de una desgracia para dotar a la Nación de algo sin lo que todos los demás problemas vigentes, Educación al margen, carecerán de soluciones verdaderas y duraderas. Unos y otros hablan de «disposición sincera». Si le añaden resolución firme y entendimiento de la esencia democrática, la Justicia ya solo será un problema menor: bastará con quitarle lo que le sobra; pero de eso, como demuestra la experiencia, se encarga con la máxima eficacia la biología. Eso que llaman el relevo generacional. Porque es cierto que vamos a envejecer, pero no todos. Si, además, mejora la Educación, la Vázquez podrá preguntar por el marido de Agripina y mejorar los ingresos del fisco.
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