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RETORNO DE LOS SABIOS DE SIÓN

Actualizado 03/01/2005 - 01:58:24

«LOS protocolos de los sabios de Sión» ha sido una de las falsificaciones más perdurables de todos los tiempos, creída todavía hoy a pesar de su naturaleza de fraude, asumida todavía por el odio antisemita en no pocas parte del mundo. Hace poco menos de un año, el secretario del Consejo Legislativo palestino se basaba en los argumentos de «Los protocolos» para afirmar que Israel no tiene derecho a existir porque sería un Estado fundamentado en el expolio, el asesinato y el racismo, por ser representante de la «estirpe de Satán». Después del ensayo «La nueva judeofobia», el pensador francés Pierre-André Taguieff -que no es judío, ni apoya la estrategia de Sharón y propugna un Estado para Israel y otro para Palestina- dedica un extenso estudio a la descripción y análisis de la judeofobia planetaria, «Predicadores del odio».

A partir del estereotipo del judío como enemigo del género humano, una de las irracionalidades más homicidas de todos los tiempos fue ganando terreno, desde los «pogroms» al Holocausto y a la actual ola de violencia judeófoba en Europa, amalgamada con elementos nuevos como son el antiamericanismo y la antiglobalización. El judío que controlaba la gran conspiración mundial fue bolchevique como ahora es ciudadano de «Judea-York», al timón de los propósitos más oscuros del capitalismo y del sojuzgamiento del mundo musulmán trasnacional. Tanta aberración desemboca en la «nazificación» de los judíos mientras la extrema-izquierda europea se islamiza en el empeño de erradicar el Estado de Israel. Para la nueva judeofobia, Sión equivale más que nunca al Occidente imperialista y corrupto. Vuelven «Los protocolos» como «bestseller» en el mundo árabe: la conspiración judía controla los Estados Unidos, los Estados Unidos dominan el mundo, los Estados Unidos protegen Israel. La solución para todo ha de ser un Islam revolucionario, opuesto radicalmente a Occidente. De paso se niega el Holocausto; pasado mañana, habrá ocasión de justificarlo. La judeofobia se incorpora en sus términos más «light» a los mandamientos de lo políticamente correcto.

EN el caso del terrorismo islamista, Taguieff recuerda que la ilusión pacifista consiste en creer que nosotros señalamos al enemigo o que su existencia depende de nuestra voluntad, porque es el enemigo quien nos señala y escoge. No es otra la asignatura pendiente de la sociedad española después del mega-atentado del 11-M, mientras todos los días va siendo desmantelada, por suerte, una porción molecular de Al-Qaida. Acaba siendo infantilista el destino de los gobiernos que pretendan vivir en un mundo sin enemigos, como es la dorada intención de Rodríguez Zapatero, aunque busque la arquitectura arcangélica de una «Alianza de civilizaciones». Esa post-historia no es más que una variante escabrosa del limbo.

PRONTO se reveló la falsedad de aquellos apócrifos protocolos de los sabios de Sión encargados y financiados por la policía secreta rusa a principios del siglo XX, pero han proseguido circulando como un manual universaldel odio ilimitado. En España hubo la traducción de Pablo Montesinos Espartero en 1927, otra auspiciada por la embajada alemana en 1933 y la tercera es de 1977. Como tipo étnico mítico, el judío -dice Taguieff- sería el enemigo absoluto, protagonista del gran complot y del crimen ritual, enemigo invisible, entre tinieblas, conspirando «entre los bastidores de la Historia». Desde entonces, lo falso, ficticio y plagiario de «Los protocolos» alimenta viejos y nuevos resentimientos. Es un estigma paranoico que el gran maniqueísmo reaparezca en la era de las complejidades. En definitiva, los judíos conspiraron sistemáticamente para vivir en el éxodo, ser víctimas de «pogroms» y guetos, para morir incinerados y para que ahora les echen al mar.

vpuig@abc.es
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