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«Planearon matar a la primera que se bajara del tren, y fue Beatriz Agredano»

Actualizado 02/10/2002 - 00:22:08
MADRID. «Los hechos que van a enjuiciar son espantosos, pero son así. Hoy ha sido Beatriz Agredano, pero mañana podríamos ser cualquiera de nosotros. Lo único que «Belinchón» y «Juanito» dejaron al azar fue la víctima, todo lo demás lo llevaban planeado». Así comenzó ayer el abogado de la familia Agredano, que ejerce la acusación particular, su informe preliminar ante el Jurado en la primera jornada de la vista oral por el asesinato de la joven, que apareció muerta en un descampado de Vicálvaro en 1996. Solicita 46 años de cárcel para los dos acusados, mientras que el Ministerio Fiscal pide una pena de 39 años de prisión y la defensa opta por la libre absolución.
El juicio no se presenta pronosticable. La acusación se muestra rotunda al afirmar que los dos acusados llevaban un plan preconcebido en el que «lo más fácil era matar a Beatriz», y se apoya en que ambos reconocieron lo ocurrido en el momento de su detención. Tanto el escrito del Ministerio Fiscal como los de la acusación particular y la popular, a cargo del Movimiento contra la Intolerancia, suscriben que los dos imputados acordaron la noche del 27 de noviembre de 1996, en la cantina de la estación de Vicálvaro de Renfe, que a la primera chica sola que se apeara del tren la violarían y robarían, y que después la asesinarían para garantizar su impunidad. Y se bajó Beatriz.
Deficiencia mental y alcoholismo
Por su parte, los abogados de Ángel Antonio Belinchón Castro y Antonio Sánchez López articulan su defensa en que la confesión «fue fruto del nerviosismo» y en que «sólo la acusación de la esposa de «Belinchón» llevó a la Policía a detenerles, más de tres años y medio después». «Ángela sufría malos tratos constantes y sólo está actuando por instinto de venganza, de que no salga de la cárcel», señaló María Lidon, letrada de «Juanito».
Es más, las defensas insisten en que las pruebas periciales no confirman esta declaración. La sangre que se encontró bajo las uñas de la joven no pertenece a ninguno de los dos, y las pruebas de ADN cotejado con el hallado en colillas y pañuelos en el lugar de los hechos también fueron negativas. Para la acusación, esta circunstancia se debe simplemente a que participaron más personas. «»Belinchón» confesó que iban cuatro hombres en un coche, y eso es lo que creemos», dijo David Díaz Villasante.
Además, los abogados de los inculpados hacen hincapié en que «Belinchón» presenta una discapacidad psíquica y «Juanito» era alcohólico. En este sentido, la acusación incide en que ambos trabajaban y vivían autónomamente. Por ello, el abogado de la acusación popular, Marco Gómez de la Serna, solicitó que se incluyera el testimonio del jefe de la cuadrilla de construcción en la que ambos estaban empleados, y de su hijo, también albañil. El juez lo denegó. «Trabajaron el día anterior, el día del crimen y el posterior. Los dos testigos habrían tenido mucho que decir», se lamentó Esteban Ibarra.
Asimismo, el magistrado de la sección sexta también rechazó una inspección ocular del cerro de Almodóvar, que pidieron las defensas, porque «han pasado seis años y podría introducir elementos de confusión en el Jurado». El letrado de «Belinchón», Jacinto Romera, quiso también que se adjuntaran las actuaciones abiertas en contra de su cliente en el juzgado de instrucción número 16 de Madrid, por el caso de Susana Ruiz, y en un juzgado de Valdepeñas (Ciudad Real), por la muerte de Rosana Maroto. El juez también se opuso. «Ángela Martínez le ha imputado otras dos muertes que ya están archivadas», señaló. «Por falta de pruebas», le recordó Villasante.
Romera llegó a comparar este caso con el de Joaquín José Martínez en el corredor de la muerte. «Es indignante», dijo Ibarra.
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