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Un pasado que se hace presente

Amplitud de miras, rigor crítico y sensibilidad literaria son las cualidades que adornan la obra de Maurici Serrahima (1902-1979). Este año se cumple el centenario del nacimiento de este escritor y político de raíces cristianas que combinó la formación jurídica familiar con el esfuerzo por una literatura catalana que llegara a un público amplio: Pla y Sagarra eran sus modelos.

Actualizado 02/09/2002 - 23:39:05
S. G.Maurici Serrahima
S. G.Maurici Serrahima
BARCELONA. Nacido el 14 de junio de 1902 en el principal del número 3 de la calle Petritxol, Maurici Serrahima i Bofill era el mayor de una familia de nueve hermanos. Su abuelo, Maurici Serrahima i Palà provenía de la menestralía manresana y, tras unas primeras tentativas como pintor, se licenció en Derecho en 1859. Con él surgía una saga dedicada a los estudios jurídicos: su hijo, Lluís Serrahima i Camín también será abogado y presidirá el Cercle de Sant Lluc y la Caixa de Pensions, hasta ser destituido en 1939.
No era extraño, por tanto, que el joven Serrahima continuara la tradición familiar de la abogacía. Educado en el humanismo cristiano, en los años republicanos colabora en «El Matí» y postula un catolicismo conciliador, en la línea de Vidal i Barraquer y la UDC de Carrasco i Formiguera.De convicciones catalanistas, Serrahima desplegará en la posguerra un intenso activismo cultural en «Miramar», «Ariel» y «Serra d´Or».
Un crítico eficaz
En los años 50, este amigo de Emmanuel Mounier recibe elogios de Carlos Bousoño, quien destaca su claridad de ideas respecto a la literatura. Su concepción de la crítica supera filias y fobias; marida el rigor y la fina sensibilidad en sus análisis de la obra literaria. Le preocupa Cataluña y su imbricación en una España centralista, pero en sus lecturas se adivina un pluralismo que viene a enriquecer sus juicios políticos y literarios.
Buena prueba de lo expuesto son sus dietarios, «Del passat quan era present». Serrahima consigna algunos de los libros que leía en los años cincuenta: cita el «Napoleón» de Banville, «La rebelión de las masas» y «España invertebrada» de Ortega, «La peste» de Camus, mientras que Chesterton y Proust sobre todo, figuran como lecturas de cabecera.Atento a la vida intelectual peninsular, en 1952 escribe a Laín Entralgo; le reprocha que en «España como problema» haya obviado a los catalanes que también se forjaron una idea de España: Almirall, Maragall, Prat de la Riba, Cambó... Sus argumentos pesan. Laín admite la crítica y entona el «mea culpa».
Serrahima era consciente, también, de los déficits de una literatura catalana en la que el Noucentisme había privilegiado la poesía por encima de la novela y el teatro popular. Como crítico, apuesta por la llamada «generación del 25», la de Sagarra y Pla, dos escritores que no gozan de los plácemes entre los mandarines del resistencialismo cultural. Como ellos, aspira a crear lectores en catalán y no seguir encerrados en la endogamia poética del sistema orsiano: «Deixem de banda la lírica: estem força ben servits. I no oblidem que tot allò que no és novel.la o teatre és literatura que no arriba al gran públic».
Defensor de Pla
Su relación con Pla se intensifica desde el 51 a raíz de la publicación de «El carrer estret». Cuando ve la luz la «Antologia de contistes catalans» de Joan Triadú lamenta que no figure el escritor de Palafrugell. Refiriéndose al antólogo escribe que «el més greu és el d´en Josep Pla. L´atac perquè escriu també en castellà, més o menys opinable, no l´autoritza per atribuir-li la «facultat d´escriure malament dos idiomes» ¿No se n´ha adonat, de com escriu? Tampoc no l´autoritza per dir que la pregunta de si és un gran escriptor «resta en peu». Vindrà un dia que li doldrà, d´haver-lo tractat així».
Serrahima comprende lo que Pla representa: un escritor que llega a una amplia franja de público con una lengua dúctil y eficaz. El propio Serrahima cultivará la novela en «Després» (1951) y «Estimat senyor fiscal» (1955).
Casi treinta años después de sus «Assaigs sobre la novel.la» (1934), proseguirá su faceta de ensayista en «La crisi de la ficció» (1965), «Sobre llegir i escriure» (1966), «Marcel Proust» (1971) y «Dotze mestres» (1972).
Biografía de Maragall
No faltan en su obra las biografías, como la de Maragall o, la dedicada a su abuelo: «Un advocat del segle XIX»; reflexiona sobre el cristianismo en «El fet de creure» yno rehúye la polémica en defensa de Cataluña cuando en 1967 contesta a Julián Marías con su «Realidad de Cataluña». Su altura humana, política e intelectual fue reconocida al llegar la democracia cuando fue nombrado en 1977 senador por designación real.
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