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«El saltillo»

Actualizado 02/08/2002 - 23:26:51
EL primer barco de la «Cutty Sark» ha arribado a Santander. A muchos, poco les dirá su nombre. A unos cuantos, nos lleva a otros tiempos y nos emociona. El primer velero atracado en los muelles de Santander es «El Saltillo», el de «Peru» Galíndez y Mercedes Maiz, que ambos pusieron a disposición de Don Juan en la época más difícil y comprometida. El conde de Zubiría ha escrito un admirable libro al respecto, soportado por una riquísima documentación. Construido en la década de los treinta, fue bautizado como «El Saltillo» en homenaje al pequeño salto que había que dar para bajar de la casa de los Galíndez en Portugalete para aterrizar en la playa. En «El Saltillo» navegó Don Juan hasta la altura de Igueldo, en San Sebastián, para encontrarse con el «Azor» de Franco y mantener su primera conversación. De aquel encuentro nació el principio de acuerdo entre ambos para que el Príncipe Don Juan Carlos residiera y se formara en España. Y en «El Saltillo» Don Juan, siguiendo una de las rutas de Colón, cruzó doblemente el Atlántico, con partida y final de las travesías en Lisboa. De aquella aventura, que fue seguida y cubierta por toda la prensa europea y americana, sólo informó en España el ABC. Que el Rey, que así se le conocía a Don Juan, se hiciera a vela y en un barco de treinta metros la ruta de Colón, era poco menos que una impertinencia para un Régimen que masacraba su figura con especial dedicación. En su singladura, Don Juan y su tripulación vencieron al aburrimiento de la calma y a la angustia de los huracanes, y vieron asombrados la caída de un artefacto volador a muy pocas millas de distancia, y que resultó ser uno de los primeros «sputnik» de la Unión Soviética.
Hoy «El Saltillo», recuperado por la Escuela de Náutica de Bilbao, mantiene su viejo sabor rejuvenecido por el quirófano de los astilleros. Barco bellísimo y marinero como pocos. En su popa -quizá a estrenar por su aspecto de nueva y brillante-, la bandera de España. Ese barco bilbaíno es un trozo aún vivo de nuestra reciente Historia, y da gusto encontrárselo de golpe, con el mismo perfil de siempre, su bandera de siempre, su airoso dibujo de siempre, y siempre con las sombras figuradas en su cubierta de quienes más y profundamente lo navegaron y quisieron. Don Juan y «Peru» Galíndez, amigos profundos y sin estridencias. En ese velero vasco que una mañana partió del Abra para dibujarse durante años en el horizonte de Estoril y Cascais, se escribieron páginas de dignidad y firmeza, y se navegaron miles de millas con el Rey desterrado. Por eso he escrito que a muy pocos les dirá algo el nombre de «El Saltillo», y que en el maremágnum de una regata como la «Cutty Sark» con centenares de barcos asombrosos, quizá sus dos mástiles y sus treinta metros apenas se destaquen. Pero de todos los que hasta Santander han arribado y van a llegar, ninguno puede presentar tanta nobleza, tanta generosidad y tanta historia como ese «Saltillo» de Pedro Galíndez y Mercedes Maiz, que al referirse a su propio velero siempre lo hacían como «el barco del Rey».
A bordo del «Saltillo», al mando del capitán Cayuela, navega una tripulación compuesta por quince alumnos de la Escuela de Náutica de Bilbao. No lo sé, pero las cosas siempre vuelven a su sitio y no hay quien las mueva. Algunos de esos alumnos ignorarán la historia, el pequeño mundo, del barco en el que navegan. El gran balandro vasco que, gracias a la generosidad de sus dueños, navegó por todos los océanos con el viejo Rey que nunca renunció a la dignidad.
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