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Momias y cuplés

ZARZUELAFestival del MediterraniLleó: «La corte de Faraón». Int.: Cardoso, Mirabal, Alberola, Vázquez, De Palma, Moncloa, Cor Generalitat Valenciana, Orq. Comunitat Valenciana. Dir.escena: F. Negrín

Actualizado 02/07/2008 - 02:49:22
ZARZUELA
Festival del Mediterrani
Lleó: «La corte de Faraón». Int.: Cardoso, Mirabal, Alberola, Vázquez, De Palma, Moncloa, Cor Generalitat Valenciana, Orq. Comunitat Valenciana. Dir.
escena: F. Negrín. Dir. musical: E. Gcía Asensio. Lugar: Palau de les Arts, Valencia. Fecha: 30-VI
ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE
El primer Festival del Mediterrani, que organiza el Palau de les Arts de Valencia, ha cerrado su programación escénica haciendo un guiño al género golfo. «La corte de Faraón» se ha instalado en el complicado espacio del Auditori gracias a la imaginación escénica de Francisco Negrín y a la musical de Enrique García Asensio. Sobre ellos ha debido pesar el recuerdo de su autor, Vicente Lleó, cuyo retrato, tal y como aparece en el programa de mano, muestra una irónica sonrisa tras la que es fácil adivinar trienios de maliciosa intención. Por supuesto que entendida en formato de principios del XX, cuando un tobillo o el arqueo de una ceja causaban furor androgénico.
Hoy la zarzuela vive un momento de reafirmación. Lo dice su historia que ya es pasado y lo explican gentes como el propio Negrín necesitado del pretexto de una visita de Napoleón a Egipto para levantar la obra y de paso el entusiasmo masculino del emperador a quien nada podó su miembro como a Putifar, ni era casto como José pero que, al final, sale del armario para estar con el Gran Faraón. Una excusa que convierte lo picante en ambiguo y la obra en un algo más sofisticado y hasta heterogéneo como bien manifiesta la unión del verso hablado original y la nueva prosa de esta versión.
Pero bien está si el asunto hace gracia. Y el caso es que la gente se divierte, con risa prudente, todo hay que decirlo. Fundamentalmente porque a García Asensio la partitura le fluye con rigidez académica y a Negrín la obra le brota con falta de naturalidad, incluso espesura. Se nota en Marco Moncloa a quien le incomoda la pluma del Gran Faraón aun teniendo aptitudes escénicas. Aquello que le falta a la afamada Rossy de Palma, sin voz ni desparpajo para los cuplés babilónicos. De manera que con el fondo de ese museo de momias en el que Negrín convierte el Auditori lo mejor queda en el encanto de Soledad Cardoso, en la voz de Maite Alberola, en la veteranía de Linda Mirabal, y en la resolución de varios actores, miembros todos de esta corte gobernada por Negrín y Asensio.
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