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Las últimas cartas de Goethe a Charlotte von Stein culminan el relato de una gran historia de amor

Acaban de aparecer las dos últimas cartas que Goethe le envió a Charlotte von Stein, una aristócrata casada con la que mantuvo una intensísima relación amorosa, exclusivamente epistolar, durante once años. Un día, Goethe huyó a Italia y dejó una página de su biografía cerrada y oculta . Ella le fue leal hasta la muerte.

Actualizado 02/06/2002 - 00:38:36
Charlotte von Stein y Goethe se conocieron gracias a las siluetas que el filósofo de moda, George Zimmerman, les enseñó de cada uno de ellos y que dieron pie a una intensísima relación amorosa, exclusivamente epistolar, que duró once años.
Charlotte von Stein y Goethe se conocieron gracias a las siluetas que el filósofo de moda, George Zimmerman, les enseñó de cada uno de ellos y que dieron pie a una intensísima relación amorosa, exclusivamente epistolar, que duró once años.
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Hay algo sublime, literario, en el amor imaginado, no consumado; a veces también algo pernicioso, extenuante. Goethe se quema, se impacienta, huye a Italia. Atrás quedan once años de amor epistolar con Charlotte von Stein. Acaban de aparecer, y esta semana serán subastadas en Berlín, las dos últimas cartas que cierran como una clave el arco de lo que constituyó una de las cumbres de la poesía de amor.
Por algo un perfil significa el conjunto de cualidades de una persona y es sinónimo de retrato: Un día de 1775, Johann W. von Goethe contempla hechizado un retrato en sombra de una dama, que le muestra un amigo filósofo. Era entonces el anticipo de la fotografía y tal vez desnudara más que una revista de caballeros. El teólogo y experto Lavater revela a Goethe las claves del perfil: Bondad, firmeza, lealtad, fluidez de discurso, una mujer satisfecha consigo misma.
Es la baronesa Charlotte von Stein, casada con el caballerizo ducal. «Lealtad...». La dama de Weimar acaba de cerrar embelesada un libro llamado «El joven Werther» y escribe inquieta al médico de la corte y filósofo de moda Johann Georg Zimmermann. ¿Cómo es posible tal pasión de un joven amante por una mujer casada? ¿Quién es ese Goethe?
Zimermann le envía un perfil en sombra de Goethe (No sabe que lo mismo había hecho con Goethe en la escena anterior). Unas líneas lo acompañan: «Pobre amiga, ni lo piense». El escritor, agrega, «es el ser más apuesto, vivaz, original, impetuoso, apasionado, dulce y peligroso» que pueda conocer una mujer.
Los dos perfiles en sombra desesperan por conocerse. Se encuentran por fin en Weimar, meses después, iniciando la mayor historia de amor escrita de la lírica alemana. «Dado que no puedo decirle mi amor, tampoco puedo hablarle de mi alegría». Pero se lo dirá, en los próximos 11 años de relación imposible, miles de veces, en miles de formas, en las más excelsas, a lo largo de 1.770 cartas, las dos últimas de las cuales son por fin hoy conocidas.
Están escritas, como no podía ser de otro modo, con la grafía previa a la normalización de la lengua. Son mensajes de los que se enviaban diariamente, de una casa a la otra en la pequeña Weimar, intercambiando símbolos -un guante, una cesta de cerezas- reflexiones, declaraciones urgencias, quejas.
Ahora se tratan de tú. «Toda la mañana he buscado para ti una flor en mi jardín y no encontré ninguna, todo está seco». El poeta va a su casa y no encuentra a su «habitante del cometa». «No tengo lugar dónde ir cuando me faltas». Más aún: Goethe, el acérrimo enemigo del matrimonio, lamenta no poder hacer un voto «visible», no tener «un sacramento que lo valorice», se llama a sí mismo «amante marital». «En efecto, era una locura de amor y Goethe lo sabía», ha escrito Helmut Koopmann en su recién aparecido «Goethe und Frau von Stein».
Las cartas son la dovela clave que cierra por fin el vano en el arco de un amor perfectamente cartografiado, escribe el experto Volker Weidermann en el «Frankfurter Allgemeine Zeitung». El resto, salvo seis, fueron conservadas y entregadas en 1893 por la familia von Stein al archivo de Weimar. Cuatro nuevas aparecerían en los años sesenta y están en el Goethe-Museum de Düsseldorf. Por fin, las dos actuales, de los primeros años de la década de 1780, han aparecido entre los restos más escondidos del legado von Stein.
Huida a Italia
Esto por cuanto a las que escribió Goethe, durante los años que duró la relación de amor más abrasiva y desquiciada de las muchas que tuvo y consumó. Cuando huye inopinada, inexplicablemente, a Italia, Charlotte le reclama las suyas, que quema a continuación. Las de «la habitante del cometa» no se sabrá nunca qué decían, pero muy especiales tuvieron que ser para hacer consumir de amor al inquieto dramaturgo y poeta.
Charlotte conservará las de Goethe toda su vida, entregándolas para su publicación antes de morir, en 1827. Con una voluntad póstuma: Que el cortejo con su féretro no pasara, camino del cementerio, ante la casa del poeta. Sabía que Goethe odiaba la muerte. Fue su gesto de amor último hacia el que la había abandonado, sin una aclaración, anulándola para siempre. «Bondad, lealtad, firmeza», había visto Lavater en su perfil.
«Te amé una vez, como nunca había amado antes nadie; pero no nos encontramos, como no podremos ya encontrarnos jamás», escribió Goethe, años después, en «Xenien», como sola explicación. El cortejo sí pasó ante la casa de Goethe, pero realmente ya no se encontraron. El poeta estaba en otra luna: No hay una sola mención del «cometa» que lo atravesó, de parte a parte, en sus memorias «Poesía y verdad».
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