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Unidos por el Rastro

TRINIDAD DE LEÓN-SOTELO MADRID. La unión se dio en la revista «Chicas, la revista de los 17 años» en la que Gloria Fuertes escribía deliciosos relatos, repletos de la ternura hacia el ser humano que

Actualizado 02/04/2007 - 10:38:37
La unión se dio en la revista «Chicas, la revista de los 17 años» en la que Gloria Fuertes escribía deliciosos relatos, repletos de la ternura hacia el ser humano que siempre la caracterizó, mientras que las ilustraciones corrían a cargo de un genial Mingote, que en 1953 aterrizó en ABC, hecho que evoca ahora como lo realmente importante que le ocurrió en aquella etapa. Pero si para ella escribir era una pasión, para él, no era menor la entrega a su arte. Si Mingote dibujaba para la citada revista -amén de su trabajo en este periódico-, Gloria tenía ya en su haber «Isla ignorada» (1950), su primer poemario.
Versos y música
Cuenta don Antonio que, antes de la alianza literaria, conoció a la luego querida poeta española, que supo ganarse el afecto de tantos lectores de tan diferentes edades, en el café Varela. Evoca que los viernes a las doce de la noche se celebraban las que se dieron en llamar «Sesiones poéticas», Allí se congregaban, entre otros, Rafael Azcona, «que vino de Logroño como poeta»; Manuel Alcántara, Eduardo Alonso, Martínez Remis, Carlos Clarimón... están en la lista que menciona, pero no olvida «que era una tertulia muy nutrida y si no cito algún nombre lo siento, pero los afectos fueron muchos». Recuerda, también, que los poetas escribían versos en los tickets del café. ¡Qué tiempos aquellos en los que los tertulianos disfrutaban incluso de noches de música! «Actuaba un trío con piano, violín y violonchelo», rememora. Esto no quiere decir que aquellos años fuesen maravillosos. Como dice Mingote que alguien dijo, «estamos condenados a añorar tiempos horribles», porque, claro, sobre los creadores pendía la espada de Damocles de la censura, amén de las que angustiaban al común de los españoles. Y es que, declara, como escribió Cervantes, «el mayor bien es la libertad».
Gloria, escribía, fuesen los que fuesen los vaivenes de la existencia, en su querido barrio madrileño de Lavapiés, a pesar de «la garra de la guerra». En 1951 creó el grupo poético «Versos con faldas», junto a Adelaida Las Santas y María Dolores de Pablo. Un año des­pués salía el número 1 de la revista «Arquero de Poesía», con Julio Mariscal y Antonio Gala. La escritora mientras que escribía para «Chicas», entre 1953 y 1955 -la revista fue más longeva (1950-1961)-, publicó «Antología y poemas del suburbio» y «Aconsejo beber hilo», fechados ambos en 1954. Y es que, según Mingote, eran muchas las mujeres literatas. Hay que recordar aquí a Concha Zardoya, a sus palabras «ganarse unas pesetas en los misérrimos días de la posguerra», cuando no se podía soñar, sino olvidar cual era la ideología de algunos editores. Sin embargo, no sólo sobrevivían. Vivían con intensidad gracias a sus querencias, a su entrega a lo que amaban.«Había tiempo para la amistad, no había televisión, coño», afirma Mingote.
Escritores y escritoras fir­maron en revistas para adoles­centes y jóvenes. La gran e inolvidable Consuelo Gil Roesset, al margen de las publicaciones del Movimiento, como «Flechas y Pelayos», fundó junto con Juan Baygual y Bas, la re­vista «Chicos» (1941). En 1944 vió la luz «Mis chicas», que ella dirigió en su editorial Gilsa, destinada al público femenino. Luego comenzó una nueva eta­pa con «Chicas, la revista de los 17 años». En la sección de relatos encajaron Fuertes y Min­gote. En el libro que ahora se publica y en cuya portada apa­rece el dibujo del artista para «El Rastro», pueden leerse diez cuentos de Gloria. En el citado, Ceferino Mendiguti vende poe­mas, aleluyas, romances bara­tos. Haga lo que haga, «el nom­bre de poeta, se tiene en la san­gre». En «Sergio Diusky», la imaginación de Gloria vuela hacia la realidad del vestido de su Primera Comunión: «Fui de blanco, el vestido era de organ­dí, y aunque me estaba algo corto, con el velo de gasa por enci­ma hacía muy fino; llevé tam­bién cofia, me la hizo el ama del cura, toda ella cuajada de flores... Yo hubiera preferido ir descalza como la Virgen, pero nadie lo quiso».
Ella, siempre, junto a los perdedores.
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