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«Si no tomamos medidas, España será de segunda en lo cultural»

El próximo 10 de febrero tendrá lugar, en el Teatro Real, el estreno absoluto de la cuarta ópera del compositor Luis de Pablo, «La señorita Cristina». Inspirada en la novela homónima de Mircea Eliade, la obraestará dirigida en lo musical por José Ramón Encinar, y contará en la dirección escénica con Francisco Nieva, mientras que la escenografía estará firmada por el pintor José Hernández.

Actualizado 02/02/2001 - 00:34:13
Luis de PabloABC
Luis de PabloABC
La próxima semana sube al escenario del Real la última ópera de Luis de Pablo, que ya tiene en su haber otros tres títulos como «Kiu», «El viajero indiscreto» y «La madre invita a comer». En esta ocasión, tanto la música como el libreto —basado en la obra homónima de Mircea Eliade— han sido realizados por el compositor vasco que reconoció ayer en un encuentro con la prensa sentirse fascinado cuando leyó la obra. «Conocía la labor investigadora y antropológica de Eliade pero no sus novelas. Cuando la leí tuve la suerte de ver claramente la ópera», explicó. Por este motivo, decidió ser él mismo —a diferencia de sus anteriores trabajos— quien transformará la novela en libreto. Sobre la historia, De Pablo reconoció sentirse seducido por la presentación del personaje de la señorita Cristina. «Si se analiza con ligereza, recuerda a los vampiros transilvánicos, pero es mucho más que eso. Se trata de una mujer que existe en un plano distinto del real. Vive del amor y del deseo de los hombes vivos». Una historia inquietante en la que un hombre se debate entre el amor de una mujer «que no se sabe si está realmente viva o muerta» y otra que sí es real.
Sobre la dirección de escena de Francisco Nieva y la escenografía del pintor José Hernández, el compositor no quiso adelantar nada, «prefiero no desvelar las sorpresas», aunque confesó su intención de no mostrar «el ambiente de la historia» desde el principio de la obra. En el plano musical, De Pablo habló sobre la incorporación de algunos instrumentos raramente utilizados «como las ocarinas, las flautas de pico —poco normales en el contexto de una orquesta— y tambores de acero». A diferencia de otras óperas, el compositor calificó su música como «muy expresiva». Además de referirse al carácter silábico de la partitura, «cada nota equivale a una sílaba por lo que el texto se entiende perfectamente».
Interrogado sobre la situación de la ópera en España, en opinión del comopositor «éste es un género que ha dejado de ser una rareza en nuestro país, pero debería tener más reflejo en la programación. Lo más difícil es colocar las producciones en un país con una vida operística tan pequeña como España». Esta precariedad la extendió también a la música y a la cultura en general. «Y no se trata —matizó— de estudiar solfeo sino de escuchar la música de valor, con la misma asiduidad que se va a un museo». Para el compositor la solución a este problema se presenta difícil ya que «no se juzga necesario por parte de aquellos que toman la decisiones y —añadió— estos nunca han ido a un concierto».
Por último, De Pablo vaticinó que «si no tomamos medidas nuestro país será de segunda en lo cultural y mis colegas se reciclarán fuera». Asimismo, abogó por «encerrar en un cajón los criterios de rentabilidad y tirar la llave», además de «realizar el pequeño esfuerzo de conocer la música de valor y no escucharla sólo de fondo, sino con respeto».
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