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Himnos y flores para despedir a Bardem

La capilla ardiente estuvo abierta prácticamente todo el día. Por allí desfilaron amigos y compañeros del cineasta para dar su último adiós al patriarca de los Bardem

Actualizado 01/11/2002 - 03:05:24
Pilar Bardem y Marisa Paredes cantan la Internacional con el puño en alto, flanqueando a un impertérrito Luis Alberto de Cuenca. ERNESTO AGUDO
Pilar Bardem y Marisa Paredes cantan la Internacional con el puño en alto, flanqueando a un impertérrito Luis Alberto de Cuenca. ERNESTO AGUDO
MADRID. A las dos y media de la tarde, el Cine Doré todavía era un local en el que se podía entrar sin dificultad. Fue en esos momentos cuando por el pasillo central de la sala 1 apareció Pilar Bardem con su impresionante y altísima presencia. Segura, estirada, con los ojos fijos en el féretro en el que reposaban los restos de su hermano Juan Antonio, enfiló el trayecto hasta llegar a su altura. Sonrió con ternura y alzando el puño dijo unas palabra inaudibles para los que rodeaban al desaparecido cineasta.
Al preguntarle posteriomente cómo se encontraba, la actriz contestó empleando una metáfora: «De pie, como él hubiese querido». Después de besar a su cuñada María, mujer de Juan Antonio, la actriz se volvió hacia la veterana Lola Lemos, que se encontraba en la segunda fila, para saludarla con emoción. Pilar Bardem se encuentra actualmente representando «Cinco mujeres. com» y comentó que no pensaba suspender la obra: «Es el mejor homenaje que puedo hacerle».
Telegrama de los Reyes
Los Reyes enviaron un telegrama a la viuda Bardem, María Agudo Barbado, para expresar su pesar por «la pérdida de Juan Antonio Bardem» y recuerdan «su gran obra cinematográfica», pidiendo a la viuda del cineasta que hiciera extensivo el mensaje de condolencia al resto de la familia.
Dos horas antes, la calle Santa Isabel, donde se encuentra el Cine Doré, sede de la Filmoteca, rebosaba de gente. Los coches lo atascaban todo, igual que en la calle Atocha. A las doce, hora en que se esperaba la llegada del féretro con los restos mortales de Juan Antonio Bardem, ya se encontraban en el lugar Álvaro de Luna, Julio Diamante, Manuel Alexandre, Liberto Rabal. Poco más tarde, Mónica Bardem y Mario Pardo. Tampoco tardó Francisco Frutos, secretario general del PCE, quien declaró que Bardem era partidario del entendimiento y no de la fractura social.
La actriz Assumpta Serna, por su parte, unió el nombre de Bardem al de Berlanga y Saura, «que vivieron en un momento deteminado una España difícil y supieron responder a ese reto creativamente, con su ingenio. Para los actores ha sido una de las personas que ha construido mejores personajes para nosotros». José María Otero deseó que quedase la imagen de su dinamismo. «Era un hombre del cine. Aunque comprometido, lo más importante para él era el espectáculo y crearlo. Tenía un gran sentido del humor y era muy cariñoso con todo el mundo del cine. Al final de su vida, Bardem ha tenido muchas cosas que le han animado, como sus memorias o el homenaje que le dimos aquí mismo, en el Doré, donde se hizo un ciclo sobre toda su obra y se le entregó la medalla de Amigos de la Filmoteca como socio de honor. Creo que se lleva un buen recuerdo y un conjunto de cosas muy importantes». Gaspar Llamazares, coordinador general de Izquierda Unida, declaró que no sólo es una pérdida para el cine, «también para la izquierda y en concreto para el PCE. Ha dejado un legado importante para la cultura democrática española. Bardem era un hombre que ha sabido conjugar su compromiso social y político con el artístico».
El féretro llegó a las dos menos cuarto de la tarde. Sonaron prolongados aplausos a su paso. La bandera del PCE cubría el ataúd. Pocos minutos después llegaba su viuda, María (cincuenta y dos años de matrimonio), con el dolor dibujado en el rostro, y su hijo Miguel, que llegaba de Nepal el mismo día que moría su padre. Miguel portaba una rosa roja en la mano. Entraron en la en la sala para estar a solas con las personas más cercanas. Se acababa de instalar la capilla ardiente en el pasillo central del cine a la altura del patio de butacas, mientras que arriba, en el escenario, impresionaba ver una gran fotografía del cineasta desaparecido rodeada de coronas y ramos de flores enviadas por la familia, amigos e instituciones públicas.
A continuación se dejó pasar al resto de la gente que esperaba en el «hall» decorado con carteles de películas como «La corrupción de Chris Miller», «Siete días de enero», «Nunca pasa nada», «Muerte de un ciclista», «Los pianos mecánicos», «La venganza», «Varietés» o «Calle Mayor»... Entró José Sancho, gran admirador del cineasta desaparecido, «porque dignificaba a los cómicos. Es el único director que ha pedido trabajo públicamente en los Goya. Cuando le pedías trabajo te escuchaba, mientras que otros directores se esconden en vez de dar la cara. Forma pate de la historia del cine. Un cascarrabias que se hacía querer».
Un antes y un después
La presidenta de la Academia de Cine también acudió por la mañana al Doré. Suyas son estas frases: «Hay un antes y un después del cine español con Bardem, Berlanga, Buñuel. Nuestro cine cobra una dimensión nueva y distinta en plena época del franquismo, cuando la posibilidad de un rayo de sol estaba casi prohibida. Con su trabajo rompieron la negrura del panorama del cine en esos momentos». Otro gran actor, José Sacristan, no ocultaba su tristeza al decir que «con la desaparición de Juan Antonio Bardem el cine español ha perdido un gran hombre. Era un hombre de su tiempo como pocos, consecuente, muy culto y con un gran sentido del humor. Apostó por un modelo de sociedad más justo y mejor. Eso impregnaba toda su obra».
El goteo de amigos y profesionales fue creciendo según pasaba la tarde: Pedro Almodóvar, y su hermano, el productor Agustín Almodóvar, la modelo y actriz Mar Flores, a la que el cineasta dirigió en su última película; Juan Diego, Fernado Guillén, para quien Bardem «era un emblema de la lucha antrifranquista». Su hija Cayetana le recordó como una persona cercana y cálida, «aunque daba la imagen de hombre arisco y distante, que en realidad no era».
Pasadas las cinco de la tarde hicieron acto de presencia en la capilla ardiente Javier y Carlos Bardem, sobrinos del director. Portaban un ramo de rosas rojas que depositaron al pie del féretro y declinaron hablar con la prensa. Ernesto Alterio, Juan Echanove; la consejera de las Artes de la Comunidad de Madrid, Alicia Moreno; las actrices María Asquerino, Mónica Randall y Tina Sáinz, que había llegado de las primeras por la mañana; los directores Javier Aguirre y Gracia Querejeta; el también realizador y guionista Javier Macua y el especialista en cine Román Gubern, quien comentó que se han llevado a cabo contactos preliminares con la sociedad estatal que se encargará de organizar los eventos conmemorativos del próximo centenario del nacimiento del poeta Rafael Alberti para la posible realización de una serie sobre su vida, cuyo guión lleva la firma de Juan Antonio Bardem.
Zapatero y Del Castillo
La ministra de Educación, Cultura y Deporte, Pilar del Castillo, visitó la capilla ardiente como estaba previsto y destacó el papel que Bardem jugó en el cine español «en momentos especialmente complicados para la creación». El secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, estuvo acompañado por Carmen Chacón. A la capilla ardiente acudió también Santiago Carrillo, amigo de Bardem desde principios de los años cincuenta. El Ayuntamiento de Madrid impuso ayer a título póstumo la Medalla al Mérito Artístico al cineasta.
Entre las personalidades que asistieron a la capilla ardiente se encontraban Fernando León de Aranoa, Fernando Colomo, Marcelino Camacho, Fernando Guillén Cuervo, el secretario de Estado Luis Alberto de Cuenca.
Los restos mortales de Juan Antonio Bardem fueron incinerados anoche en el crematorio de la localidad madrileña de Alcorcón, en una ceremonia íntima, por deseo expreso de la familia.
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