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Los vecinos... de la banda

«Este es un barrio tranquilo. Pero en todas las cestas hay alguna manzana podrida. Aunque aquí, por desgracia, nos han salido tres». Carlos Domingo, concejal del PSE en Galdácano (Vizcaya) que en

Actualizado 01/06/2008 - 08:21:54
«Este es un barrio tranquilo. Pero en todas las cestas hay alguna manzana podrida. Aunque aquí, por desgracia, nos han salido tres». Carlos Domingo, concejal del PSE en Galdácano (Vizcaya) que en octubre vio cómo el escolta que le protegía -Gabriel Ginés- quedó gravemente herido tras sufrir un atentado de ETA con bomba lapa, se encoge de hombros cuando se le recuerda que en los mismos bloques de casas en los que vive con su familia desde hace más de 30 años se han criado también tres de los terroristas más «despiadados» de ETA.
Los «otros» vecinos, los de ETA, son los criminales Francisco Javier López Peña , «Thierry», dirigente de la banda detenido el martes pasado en Burdeos junto a otros tres miembros de la cúpula etarra, Javier García Gaztelu, «Txapote», uno de los asesinos del concejal del PP Miguel Ángel Blanco, entre otras víctimas, y Jon Bienzobas Arretxe, «Karaka», quien en febrero de 1996 acabó con la vida del que fuera presidente del Tribunal Constitucional Francisco Tomás y Valiente con tres disparos a bocajarro. El barrio del que habla Domingo es Aperribai, donde residen desde hace años algunos familiares de estos etarras.
Con unos 2.300 habitantes, se trata de un distrito obrero que se asienta sobre la ladera del monte Ganguren. Surgió de la nada a principios de la década de los sesenta para dar cobijo a los trabajadores que, en plena expansión industrial, llegaron para satisfacer la demanda de las fábricas allí instaladas. Seis empresas levantaron la mitad del barrio: unos 35 edificios de cuatro plantas escasamente equipados.
Los vecinos se conocen desde siempre, celebran sus fiestas el 1 de mayo, día de «San José obrero», y, en muchos casos, antes que «perder el tiempo» pensando en el origen «fortuito» de los etarras, prefieren centrar la atención del visitante en los problemas a los que se enfrentan por el «abandono» del Ayuntamiento, gobernado por el PNV. «No tenemos biblioteca, los autobuses no entran en el barrio, necesitamos escaleras mecánicas y no hay apenas oferta para los jóvenes...», lamenta Miguel Arroyo, presidente de la asociación de vecinos de Aperribai.
-¿Pero cree que los problemas sociales pueden tener alguna influencia en el hecho de que hayan salido tres terroristas de un barrio obrero de 2.300 personas?
-No. En este barrio hay gente muy buena. De aquí han salido quinquis, como en otros sitios. Pero de robar a matar a alguien por sus ideas hay un mundo de distancia.
Buena convivencia
A sus 53 años, Carlos Domingo subraya que la convivencia en Aperribai es «mucho mejor» que el ambiente que se respira en otros municipios. Él mismo lleva años saludándose con los padres de Bienzobas, que viven a unos pocos bloques de su casa, cuando se encuentran por la calle.
Incluso después del atentado que sufrió su escolta en octubre -en el barrio bilbaíno de La Peña- y a pesar de las veces que se han visto, frente a frente, «En general, no hablamos. Pero en el pueblo son unos vecinos más. Viven y dejan vivir», explica. Su relación con la tía de «Txapote», por el contrario, es «inexistente». El asesino de Miguel Ángel Blanco vivió con su tía en un viejo caserío de Aperribai durante varios años. Y, ahora, cuando se cruzan, Domingo siente su «desprecio» en la mirada. «Parece decir, «si pudiera, si pudiera»...».
Cerca del punto más alto de la calle, aparecen el bar Buenos Aires y una pequeña panadería. Entre los vecinos que quieren hablar, muchos recuerdan a Bienzobas, el último de los etarras de Aperribai que pasó a la clandestinidad. Sentado en una mesa, Aureliano Monge, conocido en la zona como «el Botijero», explica cómo el hombre que acabó con la vida de Tomás y Valiente, de niño jugaba de portero en el equipo del barrio, el Olimpia, y después solía ir «por los bares vendiendo cortezas y patatas fritas que su madre, una bella persona, preparaba en una lonja situada debajo de su casa».
Algunos también se acuerdan de «Txapote». Pero sólo los mayores visualizan con toda nitidez a «Thierry», que abandonó la casa en la que vive su familia hace 30 años, poco antes de cometer su primer atentado. Monge, de 71 años, por ejemplo, le recuerda jugando y estudiando en la escuela con sus hijos y confiesa que «jamás» imaginó que pudiese ser un miembro de la dirección de ETA.
Pero pocos más se acuerdan de él. En la panadería, al lado del bar, casi una semana después de las detenciones, Marian todavía guarda una portada de periódico en la que aparece López Peña. La mira una y otra vez. Pero no acaba de reconocerle. «Mi hermano iba a su clase. Vivíamos enfrente de él. Pero no le recuerdo así. Y no hago más que mirar la foto».
Francisco Javier López Peña, «Thierry», dirigente etarra detenido la semana pasada en Burdeos, se crió en el mismo barrio del municipio vizcaíno de Galdácano que «Txapote» y Jon Bienzobas
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