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Cogidos con alfileres

Pasa en muchas familias y la de Rocío Jurado no iba a ser menos. La artista ejerció en vida el papel de gran matriarca de su gente, era el nexo de unión de todos, de los hijos, hermanos, sobrinos

Actualizado 01/06/2007 - 11:17:54
Pasa en muchas familias y la de Rocío Jurado no iba a ser menos. La artista ejerció en vida el papel de gran matriarca de su gente, era el nexo de unión de todos, de los hijos, hermanos, sobrinos, primos, amigos, maridos, cuñadas... La familia por encima de todo. Y antes que nada. Incluso en sus últimos meses de vida, en plena agonía, Rocío quería que los suyos siempre estuvieran cerca, muy juntos, unidos, demostrando que los mil rumores que de cuando en cuando circulaban sobre desavenencias internas no hacían mella en ellos, luchando como una paloma brava para que todos hicieran piña, se sentaran en su mesa, llenaran su salón...
Rocío sabía muy bien lo que era sobrevivir en el seno de una familia humilde pues en sus años más tiernos y ante la muerte de su padre ya tuvo que salir a buscar el pan para los suyos. Ella se ocuparía de todos, de que no les faltar nada a su gente. Para eso la habían dotado de un don especial y por eso su generosidad no tenía límites a la hora de repartir. Qué mejor prueba que el testamento que dejó repartiendo entre todos el legado que cosechó, a pesar de todo lo que ya les dio en vida.
Pero como en tantas familias, tras la muerte de la matriarca la vida ya no es igual. Rocío era el cordón umbilical que enlazaba a todos y con su ausencia es normal que ya no haya tanto roce y quien dice roce dice cariño. Días atrás algo de esto se vivió con la firma del testamento. Las últimas voluntades de la «más grande» no cumplían los mínimos que marca la Ley a la hora de dividir la herencia en tres tercios y de ahí que se haya tenido que hacer unos reajustes para favorecer a sus hijos restando a sus hermanos.
Aunque al final todos han firmado lo que algunos han definido como un tratado de paz, lo cierto es que las últimas tensiones que algunos de los herederos han manifestado con sus declaraciones han demostrado que ahora mismo su unión está cogida con alfileres. Sin Rocío la familia no es la misma. Su viudo y los hijos que adoptó el matrimonio se han mudado a Sevilla ante la necesidad de abandonar la casa donde habían vivido por deseo de la propia fallecida. Su hija está volcada en su pareja y en sus niños y apenas sale desde la muerte de su madre.
Juntos en contadas ocasiones
Acontecimientos familiares como la comunión del hijo de Amador Mohedano y algún que otro cumpleaños han hecho que se les vea juntos. Pero son ocasiones contadas. Se acabaron las navidades en la casa de La Moraleja, las tardes con los nietos y los niños, las cenas con la abuela... Repartida su herencia o por lo menos aceptada con sus firmas, ahora ya ni se reunirán para discutir con la albacea o valorar las tasaciones. Rocío les quería muy cerca, en los buenos y en los malos momentos, en sus éxitos y triunfos y junto a su lecho de muerte cuando les dejó. Su fuerza eran ellos pero sin su presencia nada es igual. Ni siquiera su familia.
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