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«Hay una modernidad débil y nihilista que la ha tomado contra la Iglesia Católica»

El poeta, ensayista, ex director de la Biblioteca Nacional y del Instituto Cervantes, catedrático de Filología Hispánica y colaborador habitual de ABC, sumaba ayer a una ya larga lista de distinciones

Actualizado 01/06/2007 - 10:29:04
Los miembros del Jurado  Juan Pablo Fusi, Juan Manuel de Prada, Antonio Mingote, Luis Alberto de Cuenca y German Yanke, de izquierda a derecha
Los miembros del Jurado Juan Pablo Fusi, Juan Manuel de Prada, Antonio Mingote, Luis Alberto de Cuenca y German Yanke, de izquierda a derecha
El poeta, ensayista, ex director de la Biblioteca Nacional y del Instituto Cervantes, catedrático de Filología Hispánica y colaborador habitual de ABC, sumaba ayer a una ya larga lista de distinciones el premio más deseado y de mayor solera del periodismo español: el Mariano de Cavia, que se le concedía por un artículo dedicado al discurso que el Papa Benedicto XVI pronunció en la Universidad de Ratisbona y cuya mala interpretación, o interpretación sectaria, provocó un conflicto entre Roma y el mundo islámico.
-La irritación se produjo porque Ratzinger aludía a un diálogo de Manuel II Paleólogo, emperador de Bizancio, en el escenario de una Constantinopla asediada por los otomanos, pero en realidad apelaba a la idea judeo-helenística de un Dios razonable.
-Ésa es la idea fundamental de este artículo que ha sido premiado, algo que agradezco de corazón. A mí me conmovió ese discurso de Ratisbona. Todos esperaban que la primera intervención del nuevo Papa en una tribuna universitaria estuviera dedicada a la defensa de una espiritualidad evanescente, pero él sorprendió a todos defendiendo la Razón. El texto me parece, además, un prodigio de buena arquitectura retórica, a la que no fue ajena una alta dosis de ironía, cuando se refirió a las facultades que estudian un «objeto inexistente», como lo es Dios, o cuando recordó que Borges catalogaba la Teología como una rama de la literatura fantástica. Era un buen comienzo, así lo digo, como trambién digo que nadie sabe aún si la Iglesia ha ganado un gran Papa, pero es seguro que la Universidad ha perdido a un gran profesor.
-Llama la atención que un intelectual moderno y crítico, laico aunque de fe judía, como usted, salga en favor del Papa de Roma cuando éste defiende la Razón confesional.
-Intento ser lo más racional posible. Hay una modernidad débil y nihilista que la ha tomado con la Iglesia Católica y le dirige sus chascarrillos, pero que tendría muy poco que hacer ante la sólida formación y proyección intelectuales de su pensamiento. La defensa de la Razón que hizo Ratzinger siempre ha estado dentro tanto de la Iglesia romana como de la ortodoxa. Los protestantes, en cambio, han hecho una mayor apelación al sentimiento y la emoción de la relación con Dios. Hoy, la verdadera defensa de la Razón no está en manos de esta posmodernidad delicuescente, sino en el discurso de Benedicto XVI, pues él conecta con las raíces de Europa, judías y helenistas. Desde la elección misma del nombre con el que iba a reinar, Ratzinger apeló a los padres de Europa: Benito, Anselmo, Jerónimo, Agustín.
-Sin embargo, algunos «periodistas zánganos», como usted los califica, desatendieron la entraña intelectual del discurso para alimentar un escándalo y la respuesta airada de los musulmanes.
-Claro, lo hicieron por la necesidad de lograr un impacto mediático. Querían la controversia y fueron a buscar un titular desestabilizador. Este tipo de periodismo se agota en el título como fuego de artificio.
-El Occidente judeocristiano se caracteriza por su capacidad autocrítica que le ha llevado a la democracia. El cristianismo ha sufrido cismas. la Reforma, la Contrarreforma, el Vaticano II. ¿Tiene el islam una capacidad semejante?
-El islam, a su modo, es moderno y yo diría, incluso, que un amplio sector es posmoderno. El comunitarismo del islamismo radical tiene un importante elemento de modernidad destructiva. Hay una gran incomprensión, porque esta gran plaga sobre todo la sufren los países musulmanes, y había caminos de modernidad racional que están siendo enterrados. Creo que sufrimos una radical incomprensión a causa de la fascinación que nos produce el comuntarismo que hay detrás del fundamentalismo islámico, algo que el individualismo occidental ha perdido.
-Hace muchos años que usted colabora habitualmente en ABC como columnista... ¿Cómo se hace una buena columna?
-Con una idea, no demasiado más. Una idea que sea sólida y que ha de expresarse con convicción. Un discurso fehaciente que obtenga el asentimiento del lector y cuyos recursos argumentativos estén bien expuestos. Una buena columna es algo así como un silogismo.
-¿Sigue habiendo todavía «escritores de periódicos»?
-El periodismo no es incompatible con la literatura, incluso puede ser un subgénero literario. Claro que el periodismo, incluso el literario, siempre está vinculado a la actualidad.
Tras la breve conversación telefónica, un no menos breve apunte biográfico. Jon Juaristi nació en Bilbao en 1951. Comenzó la carrera de Filología Románica en Deusto, pero fue expulsado por alborotador y la terminó en Sevilla. Miembro de una familia nacionalista con antecedentes liberales, sin embargo cayó en la tentación radical y militó en ETA VI Asamblea, que luego se convertiría en la trostkista Liga Comunista Revolucionaria. A mediados de los años 70 se afilió al PCE y luego recaló en Euskadiko Eskerra, formación que abandonaría más tarde. Tras el atentado a la casa del pueblo del PSOE-PSE en Portugalete, se afilió a este partido como un acto simbólico, con el convencimiento de que «los no vascos en Euskadi son como los judíos».
Fue catedrático de Filología Hispánica en la Universidad del País Vasco y profesor en la de Nueva York, en El Colegio de México y en la Universidad de Austin (Texas). Actualmente es catedrático en Alcalá de Henares. En julio de 1997, fue uno de los promotores del Foro de Ermua, nacido tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Durante el Gobierno de Aznar fue nombrado director de la Biblioteca Nacional y del Instituto Cervantes. Su obra poética incluye títulos como «Diario de un poeta recién casado» (1986), «Suma de varia intención» (1987), «Arte de marear» (1988), «Flor de baladas vascas» (1989), «Paisajes domésticos» (1992) y «Tiempo desapacible» (1996).
Sus ensayos incluyen títulos como «Literatura vasca» (1987), «El linaje de Aitor» (1987), la recopilación «La tradición romántica» (1989), «Arte en el País Vasco», «Vestigios de Babel» (1992) y «El Chimbo expiatorio: la invención de la tradición bilbaína» (1994). «El bucle melancólico» obtuvo el premio Nacional de Ensayo en 1998. Le siguen «El bosque originario» (2000), «El reino del ocaso. España como sueño ancestral» (2003) y «Cambio de destino», en 2006.
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