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El poeta Hasier Larretxea apunta a los violentos con su último verso en «La última bala»

A los 25 años, Hasier Larretxea salió de su pequeño pueblo rural del valle de Baztán (Navarra) y se plantó en Madrid con el deseo de empezar de nuevo. Una vez en la capital sintió la necesidad de

Actualizado 01/05/2009 - 04:19:20
A los 25 años, Hasier Larretxea salió de su pequeño pueblo rural del valle de Baztán (Navarra) y se plantó en Madrid con el deseo de empezar de nuevo. Una vez en la capital sintió la necesidad de expresar en su lengua materna, el euskera, todo aquello que llevaba años callando. «Siempre tuve mi propia visión del conflicto vasco pero sentía un nudo interior que me impedía rebelarme contra la violencia y sinrazón que todavía hoy se ejerce en el País Vasco y en Navarra», explica Hasier, quien, tras dos años en Madrid, dice sentirse «depurado». El resultado de lo que para él fue un «proceso doloroso» son treinta y cuatro zarpazos de verdad y un poemario: «Azken Bala/La última bala». La editorial sevillana Point de Lunettes ha alumbrado, en versión bilingüe, la refrescante obra de Hasier, quien se muestra «algo sorprendido» por la buena acogida que ha tenido entre la crítica literaria vasca. «Para cierta parte de los vascos siempre ha sido fácil eso de decir "es un español que viene a imponer su españolismo". Pero yo no; escribí los versos en euskera porque así me salieron de dentro»<MC>.
«Exorcismo vital»
Con un lenguaje descaradamente sincero, Hasier dirige su verso libre «a todos los que están maniatados por la cerrazón ideológica y han sido arrastrados por la espiral de violencia. Yo mismo estuve cerca de ese círculo vicioso. Como cualquier joven vasco fui a manifestaciones, conciertos y llamamientos políticos de la izquierda vasca... Durante años acumulé una rabia que era incapaz de digerir», reflexiona este joven poeta que hoy ejerce como trabajador social en Madrid. Para él, este poemario ha supuesto una especie de «exorcismo vital», una limpieza interior que le ha permitido desprenderse del contexto social y político vasco. Porque, en su opinión, el silencio es «una forma de violencia», quizá la más brutal de todas. «Pero por fin me he liberado», resuelve con voz aliviada al otro lado del teléfono.
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