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Heyme: «Si se cogen textos antiguos hay que crear una nueva estética»

Gabriel Garbisu, Elisabert Gelabert, Ernesto Arias y Miguel Cubero son algunos de los intérpretes de «El mercader de Venecia», de Shakespeare, que mañana se estrena en el Teatro de la Abadía. Es un espectáculo coproducido con el Festival Europeo de Teatro de Recklinghausen en el Rhur y dirigido por el propio director de esta institución alemana: Hansgünther Heyme.

Actualizado 01/02/2001 - 00:26:52
La propuesta de Heyme plantea una doble producción con la intervención de diversos países y que culminará en Recklinghausen: «La primera parte comienza el próximo lunes en Luxemburgo —dice Heyme—, y es el “Servidor de dos amos” de Goldoni. Entre semana se presentará el Goldoni en alemán, y el fin de semana habrá sesión doble con “El mercader” en español. Todo lo que es el planteamiento estético de vestuario y escenografía ha ido enfocado para que sea el mismo en las dos obras. Lógicamente, cada obra tiene que funcionar por separado, pero espero que sea un atractivo añadido el poder ver estas dos obras que tienen que ver la una con la otra. Las dos se desarrollan en Venecia, y es muy interesante ver cómo ha evolucionado la estética y lo social desde Shakespeare hasta Goldoni, que es 150 años más tarde. Para el momento presente del espectador, tengo esperanzas de que haya una base de conocimientos históricos, y que después de ver la función uno se sumerja más en la historia propia, o incluso en la ajena. El que no conoce la historia no comprende nada del presente».
Ese concepto de teatro dirigido al presente es fundamental para entender esta versión de un director que frecuenta el montaje de los clásicos. En el caso de «El mercader de Venecia» ha tenido que reducir el texto en un cuarto de extensión: «La gran cuestión es si al cortar el texto de tal manera se le aporta algo y no se le quita. La otra cuestión es que no podemos plantear un código de interpretación de la época de Shakespeare o Goldoni porque no somos un museo. Uno no empieza de la nada, sino que hay muchas referencias a montajes anteriores. Lo que quiero es romper con estas tradiciones y dar un punto de vista nuevo. En Alemania es más fácil crear un efecto determinado con esta obra que a lo mejor aquí en España. La única referencia que tengo sobre montajes de “El mercader” fue una producción del CDN dirigida por José Carlos Plaza hace diez años. No la he visto, pero por lo que he oído fue una versión conservadora. A lo mejor era fantástica, no lo sé, pero sí sé que hay un referente con el que hay que contar».
«Lo que quisiera conseguir con “El mercader” —añade Heyme— es hacer un teatro popular para gente que ya tiene nociones del propio texto, pero también para gente que no tiene referencias en absoluto, y sobre todo para gente joven. Y por eso intento asimismo por medios escénicos, como la escenografía o los figurines, el traer el texto hacia el presente. Siempre parto de la idea de que si se cogen textos antiguos hay que crear una nueva estética a todos los niveles, y que tenga que ver con el presente en el que vivimos. Eso también tiene que ver con el reparto; así, hay una actriz que interpreta a siete sirvientes, y un actor hace lo mismo con todos los pretendientes. Con eso se quiere crear más atractivo para el espectador».
EL ACTOR Y EL TEXTO
Además de dirigir, Heyme se ha hecho cargo de la versión y dramaturgia (junto a Hanns-Dietrich Schmidt) y de la iluminación, vestuario, espacio escénico y atrezzo (junto a Kaspar Glamer): «Es verdad que quiero controlar todo lo que pueda influir en los actores —afirma—. Sin embargo, los que suben al escenario y representan la obra son los actores. Ellos son individuos pensantes que tienen que representar la obra. En la representación hay que olvidar toda esta estética, porque ellos tienen que defender un texto. No tiene ningún sentido una iluminación preciosa, un vestuario hermoso, si no se tiene un actor que haya entendido lo que se quiere decir. Por eso hay que decir que el arte dramático es un arte democrático, donde muchas personas confluyen para luego crear un espectáculo, y lo único que yo hago es proponer cosas».
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