Reportaje

Los tejeringos con chocolate de la Churrería La Malagueña

Por Maria Sánchez Palomo,

En pleno centro de Málaga abre sus puertas diariamente la chocolatería y churrería La Malagueña, una de las cafeterías que eligen muchos malagueños para arrancar la jornada o endulzarse la tarde a la hora de la merienda. Antonio Llorente está al frente de un negocio en el que se ha querido recuperar la esencia, el ambiente y la hospitalidad que era propia de los bares de los 60 y 70 y lo ha conseguido…

Para empezar, la decoración del establecimiento, que nos lleva a esa sencillez elegante y austera de aquellos años. En la pared, pinturas costumbristas de Manolo López donde se recogen escenas del día a día en la Málaga de entonces. Imprescindible y seña de identidad de la casa es el trato al cliente, la amabilidad con la que el equipo de la churrería La Malagueña atiende a diario a quienes se sientan a su mesa. Son siete personas trabajando y el servicio en sala es tan importante como el buen hacer de sus churreros. Tres tiene Antonio Llorente en plantilla y es uno de ellos, su hijo, el que se ocupa de darle forma a la masa con la que diariamente se preparan los tejeringos de La Malagueña, el motivo por el que hoy estamos aquí.

Sus tejeringos consiguen esa esponjosidad y el sabor tan característico de este producto. Llorente dice que es imprescindible que para que haya una linealidad en el resultado y las sensaciones al tomarlo sean más o menos las mismas, solo una persona se encarga de hacer la masa, su hijo Antonio. Este la va elaborando sobre la marcha. Nada de dejarla ya lista para el día siguiente o para la tarde. Nos comentan que es fundamental ir sobre la marcha para que eso se traduzca en la calidad que les caracteriza.

En cuanto a los ingredientes, en eso no hay misterios: harina, levadura, sal y agua. Se amasa bien, obteniendo una masa fina para que el producto “esté esponjoso”, apunta Antonio Lorente. Y es así que salen diariamente de esta cocina alrededor de 1.000 tejeringos. La materia prima ha de ser de calidad y es por eso que recurren al obrador de Ilustre 1953 para la harina y también para los panes y bollos que se sirven en la mañana y en la tarde. Después, al freírlos, aceite de oliva que se cambia diariamente. Se hacen al momento y listos, directos a la mesa del cliente.

El ticket de Churrería La Malagueña es otro de los puntos a tener en cuenta y es uno de los motivos, según nos dice el propio Antonio, por el que tienen mucho usuario que repite, una clientela fiel. “Tenemos el café pequeño bombón a un euro y si servimos en vaso de caña a 1,20. Son precios muy populares para llegar a toda la gente”, apunta. ¿Y los tejeringos? A 0,40 euros la unidad.

El establecimiento ha conseguido hacerse un hueco en el centro de Málaga, un casco histórico en el que cada vez es mayor la cantidad de oferta pero que adolece de calidad en las propuestas hosteleras. Es de valorar que sigan trabajando profesionales como Antonio que cuidan hasta el más mínimo detalle a la hora de dar de comer a las personas. “Tuve claro este proyecto desde mucho antes de arrancar y estoy involucrado al 100% en ello”, sentencia.

Churrería La Malagueña no es el primero negocio de Antonio Llorente. Antes de abrir esta chocolatería tuvo un ultramarinos que recogía el testigo de la esencia y del nombre de un local mítico en el corazón de Málaga, Ultramarinos La Malagueña de Paco Ramos Llorca. Tras varios años con ese local operativo, decidió cerrarlo y dar vida a esta cafetería que ocupa el número 5 de la calle Sebastián Souvirón.