Reportaje

Casa Mira o dónde degustar los helados con más tradición de Málaga 

Por Javier Navas-Hidalgo ,

Escasos son los negocios de toda la vida que consiguen resistir al incremento del turismo. Menos aún los que se estabilizan sin zozobrar ante las oleadas de visitantes. La masificación turística de las ciudades hace peligrar a muchos de estos, que recurren a una disminución de la calidad de sus productos, cuando no a sus cierres. 

Casa Mira es uno de esos sitios que ha sabido enfrentarse, contra viento y marea, a este hecho. Los sabores de sus helados tienen seña de identidad propia. El parroquiano reconoce la laboriosidad de quien se esmera por dar a su clientela lo mejor de sí. Y por eso, en la concurrida calle Larios, siempre sorprende la afluencia de personas que se detienen ante esta centenaria heladería malagueña. “Nosotros no tenemos helado de vainilla, tenemos de mantecado”, afirma Andrés Mira, una de las cabezas de la firma. Y continúa: “En España no existía la vainilla como tal. Aparece en la década de los ochenta, cuando empieza a recalar en España la heladería italiana”. 

Y es que la proliferación de la “gelateria” es uno de los males que amenaza a la tradicional horchatería valenciana. Incluso sus técnicas de conservación, como el muestrario que permite las vitrinas, van en detrimento del propio producto. “Altera su sabor, color y textura, pues es un sistema que está continuamente emitiendo frío por ciclos de aire”. Y concluye Andrés: “Es el frío estático de las neveras el que permite guardar cada helado en su adecuada temperatura, pues no todos requieren el mismo nivel de congelación”. 

Pero, además del sistema de contenedores, lo que distingue a Casa Mira es la inmejorable materia prima con la que elaboran sus obras. Sus helados de breva, higo o fresa son de temporada. Confían la preparación de sus helados a los mejores ingredientes. Y si su fresera de Vélez-Málaga termina su época de recogida, remueven de la pizarra el helado en particular. 

La artesanía con la que confeccionan sus productos es otro de sus distintivos. Sus establecimientos han suprimido las mesas en beneficio de mantener su tradicional obrador, que permite la elaboración diaria sin necesidad de almacenamiento. A quien pasea por su lugar de trabajo parécele regresar a otro siglo, en dónde la crema de mantecado la seguían haciendo en las cazuelas tradicionales. 

Fue a finales del siglo XIX cuando un atrevido Severino Mira decidió echarse a los caminos para llevar el turrón del alicantino municipio de Jijona a otras geografías españolas. El azaroso destino le reservó un modesto portal en la calle Cisneros, dónde comenzó su andadura en la metrópoli andaluza. 

Los turrones en los meses de frío pronto alternaron con los helados y horchatas en las fechas más veraniegas. Severino Mira Cortés, Horchatería “Los Valencianos”, Mira, Cremades… Muchos nombres acontecieron durante sus primeros años. Hasta que, en la década de 1920, se afianzó como Casa Mira. 

Andrés, Ignacio y Laura –ella será ya cuarta generación al frente de la empresa– son los últimos de la familia Mira que han recogido el testigo heladero. Hoy son ellos quienes regentan este legendario negocio, emblema gastronómico de Málaga. Un Casa Mira que se ha mantenido fiel a la tradición durante generaciones, y que desde hace apenas unas semanas también podemos disfrutar en la calle Císter.