Nombre Lobito de Mar
Dirección Av. Bulevar Príncipe Alfonso de Hohenlohe, 178. Marbella (  )
Horario De 13:00 a 16:00 y de 19:30 a 23:30
Teléfono 951554554
Terraza

Es indudable el talento de Dani García y sus socios a la hora de crear conceptos de éxito entre el público. BiBo, esa brasserie andaluza fue la primera y ya cuenta con localizaciones en Madrid, Málaga y Tarifa y, próximamente, vendrá el salto internacional con Qatar y un puñado de destinos. Ahora le toca el turno a Lobito de Mar que en breves fechas se estrena en la Calle Jorge Juan de Madrid. Aunque este “chiringuito urbano” que vislumbró García como un lugar accesible a todos los públicos haya devenido, más bien, en un restaurante de cuasi lujo en plena Milla de Oro de Marbella que pugna a diario por disponer del mejor producto de la zona y que puede presumir de una de las bodegas más completas de Málaga.

Y lo es porque la inversión fue muy importante. Para empezar, el local que ocupara el desaparecido El Portalón, uno de los pioneros de la alta cocina en Marbella y símbolo de aquella época gloriosa y algo confusa de finales de los 90 y comienzos del siglo XXI. Un asador convertido en un chiringuito sin playa de la mano del ubicuo Lázaro Rosa-Violán. Tonos blancos y estética muy cuidada, entre onírica y marinera, en un espacio de ochocientos metros cuadrados. Sólo la acústica y el volumen de la música, que obligan a subir el tono de la conversación cuando el restaurante se llena, parecen haber escapado a esa meticulosa planificación.  

Bien es cierto que Lobito de Mar se puede encarar desde varias ópticas. Desde la barra y la zona informal de la entrada, donde se puede picotear de una carta exclusiva. Empezando por unas patatas bien fritas que se elaboran en la casa y continuando con tapas clásicas de una taberna marinera: boquerones en vinagre, ensaladilla – que no alcanza el nivel de su hermana en BiBo -, pulpo aliñado, huevos rellenos o hasta un vaso de gazpacho. La oferta incluye tapas muy malagueñas como el estupendo magro con tomate o las albóndigas con salsa de almendras y platos con más “sello DG” como el bollito al vapor con ventresca, pimiento y huevo frito de codorniz o el ajoblanco con sardina y uvas. Es de agradecer el esfuerzo por ofertar vinos a precios razonables –hablemos de 3 a 9 euros por copa y de 20 a 30 euros la botella– aunque las opciones se multiplican –en todos los aspectos– con la carta de vinos del comedor. Una zona que, además, suele estar bien atendida en líneas generales aunque el servicio, en horas punta, puede descontrolarse y resultar algo más atropellado. 

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Desde el comedor, cuya carta permite un abanico amplísimo de opciones, la perspectiva cambia. La oferta abarca desde los clásicos de un merendero malagueño como los espetos de sardinas y boquerones o las frituras –que han mejorado mucho desde la apertura y ahora se presentan secas y crujientes, sin atisbo de aceite y con un rebozado liviano– hasta los arroces, sabrosos y en su punto, que también han alcanzado una regularidad sobresaliente aunque haya sido a costa de abandonar el fuego de sarmiento. Clásicos como el arroz seco de pescado y marisco o el meloso de bogavante y otros más innovadores como el de chuleta de vaca o el de pollo coquelet. Entre medias, platos con la impronta del cocinero, como las anchoas con jugo de aceituna verde y naranja, todo un catálogo de exaltación del atún rojo de almadraba que le suministra Gadira imprescindibles el carpaccio de chuletón y el tartar de descargamento y ventresca–, o alguna frivolidad como el bogavante nacional del Pirata Llarás que viaja de Formentera a Marbella”, esa sartén de bogavante con huevos y patatas fritas omnipresente en Instagram.  A partir de ahí será el escaparate de “la joyería”, que incluye los pescados y mariscos del día, el que deberá marcar el ritmo y la intensidad de la comanda y la factura: conchas finas, coquinas, quisquillas, gamba blanca y roja, cigalas, pargos, urtas, meros… En fin, lo que la lonja dicte, servido de forma sencilla y con los puntos de cocción acertados.   

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En el restaurante Lobito de Mar en Marbella se disfruta sin sobresaltos. Muy buen producto que se trata con tino; una cocina que, desde la incorporación de Antonio Ruíz, se muestra siempre sólida y con escasos errores; una bodega espléndida con una selección abrumadora –aunque no especialmente barata– de grandes vinos pero que, en su segmento medio alto, contiene referencias muy interesantes y moderadamente preciadas; una sala, ahora dirigida por Sandra Romero y Francisco García, muy profesional, atenta y siempre consistente. Un conjunto que siempre satisface. Lobito es siempre una apuesta fiable y probablemente esa sea su gran virtud: su capacidad para convencer a unos y a otros independientemente de la óptica desde la que se encare.