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Así se consigue la mejor porra antequerana de España: Tradición y firmeza al mortero 

Por Javier Navas-Hidalgo ,

Tomate, pan cateto, aceite de oliva, sal, pimiento verde, ajo y vinagre. Este humilde recetario, tan simplón como risueño, ha congregado el pasado viernes en el Paseo Real de Antequera, con motivo de su Real Feria– a más de 30 decididos marmitones afanados por conseguir la mejor porra antequerana del año. Los trajes de gitana se paseaban por unas fiestas grandes que taconeaban al son de su antepenúltimo compás. En el centro de la avenida, a la sombra de un entoldado, el ímpetu de los bravíos aspirantes se manifestaba a cada golpe de mortero. 

Fotografía: Javier Navas-Hidalgo.

Fotografía: Javier Navas-Hidalgo.

La séptima edición del popular Concurso Nacional de Porra Antequerana se vistió el delantal a mediodía, para finalizar a la hora del almuerzo con el típico manjar rojizo emplatado, que esperaba con impaciencia ser deliberado. Pronto, el machaque de los ingredientes y el resonar de las tripas fueron albergando a una muchedumbre de curiosos que cercó a los cocineros. 

Tres eran las categorías de competición. Y perdón por el palabro, pues una fiesta tan familiar jamás puede causar pugna alguna. Adulto, juvenil e infantil conformaban el cartel, con trofeos para los ganadores de unos cuantos cientos de euros. También hubo premios secundarios para quienes se le fue la mano con la sal o el vinagre. 

El apellido Ordoñez es uno de los más veteranos entre los concursantes. Antonio, que recogió el testigo de su padre (premiado en innumerables ocasiones cuando ni siquiera existía una organización formal del evento) reveló el motivo de la calidez con la que se vivió aquel día: “Es una reunión de amigos. Muy hogareño, pues todos nos conocemos. ¡Somos vecinos!”. 

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A los mandos en aquel caluroso viernes de agosto estaban los jueces, tres conocidos fogones de Antequera, que supervisaban cualquier indecisión que hiciera titubear a los participantes durante el transcurso de la jornada festiva. Algunos gozaban de la ayuda de sus mayores, que, encasillados detrás de los puestos de sus retoños, les echaban un capote mientras se cuidaban de no ser advertidos por el jurado con las manos en la masa. 

José Damián Partido, jefe de cocina del Parador de Antequera, es el cuarto año que participa como juez en la Real Feria de Agosto. Se muestra especialmente insistente en la necesidad de conservar intacto el recetario de la tierra, haciendo hincapié en cómo se ha de transmitir el secreto de la porra antequerana: “Es una tradición. Es parte de nuestra cultura. Y para que no muera, es preciso que se transmita de la manera más pura a las generaciones venideras”. Manolo Rincón (docente de certificados de profesionalidad) y Susana López (representante de la Escuela de Hostelería “El Henchidero”) fueron los otros dos árbitros que rondaban el lugar para resolver cualquier imprevisto.

Toque de campana y manos arriba. Los deliberantes se llevaron una muestra de cada elaboración para la emisión del fallo. Un no cesar de idas y venidas por parte del gentío, que suspiraba por degustar las distintas variantes de los platos (que quedaron limpios como una patena) fue lo que precedió a la comunicación de los galardonados. 

El festejo se remató anunciando los resultados ante una gran afluencia de público. David Domínguez (adulto), Pablo Gálvez (juvenil) y Natalia Carmona (infantil) fueron los vencedores del concurso feriado a la mejor porra antequerana de España.

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