Madrid

Medea

6.5 /10
Precio medio
65€
Dirección
Nicasio Gallego,14
Teléfono
91 081 97 71 Llamar
 Medea
Las líneas rectas toman el comedor Foto: Belén Diaz 
Medea Nicasio Gallego 14,Madrid

Tras un tiempo en un pequeño local de la calle Ríos Rosas, a principios de este año Luis Ángel Pérez y Borja Rivero, artífices de Medea, daban el salto a un nuevo espacio, más adecuado para su cocina, en Nicasio Gallego. Cuentan ahora con un comedor más amplio y con una zona de barra pensada para picar de una forma ligera.

Pérez es un cocinero vallisoletano que ha pasado por Aponiente, Zalacaín y Diverxo, entre otros. De todos ellos, la mayor influencia en sus platos es sin duda la de este último. Hay mucho de Dabiz Muñoz en sus propuestas. Como él mismo afirma, se trata de una «cocina sin reglas». Cocina fresca y desenfadada, puro mestizaje, que viaja continuamente de Asia a América con muchas escalas en España. En mi opinión le falta valentía a la hora de apostar por los picantes, lo que resta algo de autenticidad y atrevimiento a sus elaboraciones, tras las que siempre hay una buena técnica.

Junto a él, su socio Borja Rivero se ocupa con solvencia de la sala y de la corta, pero bien seleccionada, bodega de este restaurante. Mientras que en la barra se ofrecen en forma de raciones algunas de las elaboraciones que Luis Ángel Pérez ha creado en los últimos años, en el comedor sólo hay la posibilidad del menú degustación. Tres en realidad, cuya única diferencia estriba en el número de platos de cada uno. Sus precios, 55, 65 y 80 €. Nos alegra que en un restaurante de aire tan informal la mesas estén vestidas con manteles, en contra de la perniciosa costumbre que se ha extendido en los últimos tiempos. Lo que no hay en todo el menú, sea cual sea el elegido, es pan.

Todo se desarrolla a partir de platos dobles girando sobre un mismo ingrediente. Así, a la sopa agripicante ligada con foie gras y que contiene albóndigas de pato le sigue un magret en salsa «dong-po» con anguila y ensalada andaluza a base de naranja para refrescar. Un agradable viaje entre China y Andalucía. O el bloque que empieza con borraja asada y chipirón en tempura, un acertado equilibrio entre ácido y dulce, y que tiene continuación en un bikini de choco, chopito y mayonesa de jalapeños a modo de bocadillo de calamares, fallido por su escaso sabor.

Se suceden una serie de agradables platillos, con alguna que otra irregularidad y la ya citada timidez con los picantes: sopa de tortilla mexicana y un fresco, aunque algo deslavazado, aguachile de pepino y camarones; un recorrido entre Tailandia y la India con el «son-tam» de papaya con caballa (al que le sobra un exceso de crema de cacahuete) y el bienmesabe de caballa adobada y frita con tikka massala; el juego de carrillera de ibérico en mole poblano con caldo de jabugo y huitlacoche y de oreja guisada con picante coreano; el lenguado asado en kamado con causa limeña (enmascarando el pescado) y los perrechicos a la carbonara de coco con botarga; o la revisión de la codorniz en tres pasos, de los cuales el mejor es el que se elabora a la pekinesa. Curiosamente, lo más picante llega con el postre de panacota de fresas con coulis de siete especias y helado de wasabi. Un lugar interesante para los aficionados a la cocina fusión.

Cierra domingos y lunes.