Silvia Abascal: «Hay que enfrentarse a la vida y a los traumas con humor»
La actriz, con secuelas por el ictus sufrido hace 11 años, nos habla de su lucha, de la maternidad y de su emoción al recordar a Verónica Forqué
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Iniciar sesiónNo se dejen engañar por su voz dulce y su sonrisa perfecta, Silvia Abascal (43 años) no es una mujer frágil. Es un puño de acero envuelto en un exquisito guante de seda. Su resiliencia es antológica, y su valentía la ha llevado a ... abordar un personaje en 'Asombrosa Elisa' que ha seducido a la crítica en el Festival de Sitges por lo que tienen en común, pero, sobre todo, por lo que las diferencia.
Ambas, la actriz y el personaje, han pasado por un trauma que las ha marcado. Silvia sufrió un ictus que la dejó aislada sensorialmente del mundo. Úrsula, un accidente que la condena a una silla de ruedas y a merced del cuidado de los demás: «Este trabajo me ha removido por dentro porque yo también he pasado por la dependencia, por la terapia. Sé lo difícil que resulta verse, de golpe, en una situación así, tan inesperada como ajena a tu realidad anterior».
Hay momentos duros en la película en los que vemos cómo le realizan la higiene más íntima o, incluso, una escena de sexo en el baño: «Yo no siento pudor en esos momentos porque estoy actuando. Cuando dicen '¡Acción!' ya no soy yo, es el personaje el que está desnudo, yo no me siento expuesta. Luego, cuando lo veo en casa, sí puedo sentir cierta desazón».
Por otra parte, la manera de enfrentarse a su situación es radicalmente distinta: «El trauma puede despertar el odio, la culpa, el rechazo. Ella es un animal herido, está amargada porque ha perdido el poder de atracción que tenía sobre los hombres. Yo, en cambio, he tomado un camino muy diferente. He asumido que los acúfenos (un daño colateral de la enfermedad que le genera ruidos constantes: «Sé más de acúfenos que de Shakespeare», ha llegado a reconocer) no son una limitación. He aprendido que esta vida he vuelto a la casilla de salida y he comenzado de nuevo. Y lo he hecho a mi manera, con humor, que es una forma sabia de permanecer, de observar. Mi humor es serio, irónico y me gustan las personas que se ríen de sus problemas. Hay que enfrentarse a la vida y a los traumas con humor. No se trata de frivolizar el drama, sino de relativilizarlo, de lo contrario es un horror porque te devora, te supera».
Para Silvia, nada más terapéutico que la música: «Es un arte superior, un lenguaje universal. Amo bailar sola, con los ojos cerrados, es liberador». Y si es 'Lo ves', de Alejandro Sanz, la primera canción que pudo escuchar al recuperar el oído, mucho más: «Le debo mucho a Alejandro solo puedo tener palabras de agradecimiento, por su talento, por su generosidad».
Como buena luchadora, entiende que vivimos una época en la que uno debe posicionarse «contra la desigualdad, por los derechos, contra la violencia. Muchos no se pronuncian para no ofender, pero creo que hay que reflexionar antes que provocar porque nos estamos anestesiando. Hay que mojarse, aunque eso conlleve riesgos, y mirar más allá de nuestro ombligo». Parte de su talante le viene por su madre: «Somos muy distintas, pero me ha educado en el amor, en el apoyo, en la empatía. Son valores que yo quiero compartir con mi hija».
A Silvia no le gusta hablar de su vida privada. De hecho, se separó del actor Xabier Murua y estuvo dos años sin reconocerlo: «A nivel personal, no tengo necesidad de hablar de esas cosas, pero lo que no voy a hacer es quedarme callada si surge el tema. No hay que extenderse en los detalles, pero tampoco hace falta ocultarse. Si te pones hermética provocas curiosidad. Pero si me preguntan si estoy enamorada, contesto». La pregunta es obvia, ¿está Silvia Abascal enamorada?: «Estoy feliz».
La foto: Leona en viernes
Ahí la tienen, a la pequeña Silvia con su melena salvaje acechando, todavía incipiente. Su pasión por los grandes felinos, que tiene mucho que ver con su personalidad, la ha llevado a bautizar a su hija con un nombre que es toda una declaración de principios: Leona. «No podía llamarse de otra manera. Gracias a ella no conozco mayor grado de amor, no tengo palabras para describir lo que siento. Nunca he tenido miedo a la muerte, asumo que es un proceso natural, pero ahora me preocupa», reconoce la actriz, «porque desde que soy madre ha cambiado el cuento. Ahora hay alguien que depende de mí».
Silvia se recuerda como una niña seria que jugaba a ser actriz, aunque en la foto ya se aprecia su hermosa sonrisa. «Como en mi familia no había antecedentes, me veía estudiando psicología, que siempre me ha apasionado». Pero tuvo suerte y fue una artista precoz: «Empecé en el 'Un, Dos, Tres' a las órdenes de Chicho. Como yo era una cría, a mí no me imponía ese señor con bufanda que fumaba puros. Ahora sentiría vértigo, pero entonces era pura inconsciencia».
Y llegó la fama con 'Pepa y Pepe': «Fue entonces cuando todo cambió. Dejé de viajar en metro porque era un agobio, y eso que no había móviles, como ahora, y no era tan bestia el escaparate». En esa serie, Verónica Forqué hizo de su madre por primera vez: «¡Pienso mucho en ella porque vivimos tantas cosas juntas! Cuando lo hago me viene siempre una sonrisa. Y mucha emoción. Se agolpan los recuerdos, las conversaciones, las risas...».
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