Las experiencias innovadoras que hacen que las clases dejen de ser un monólogo

Las universidades comienzan a superar la lección magistral y ensayan nuevas metodologías

MADRID Actualizado: Guardar
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Ya hay universidades que han hecho desaparecer las paredes de las aulas o las han delimitado con paneles de cristal, como en la Universidad de Stanford (EE.UU.). Pero no hay que irse tan lejos para ver las experiencias innovadoras que se van incorporando a la vida universitaria. En el campus de la Universidad Camilo José Cela se ha emprendido un proyecto pionero en el que incluso se mide la calidad del aire, ya que cuando el CO2 supera las 2.000 partes por millón, baja la concentración y el pulso, lo que produce somnolencia en el alumno. Hay soluciones tan útiles como un videojuego que reduce el estrés y mitiga el miedo de los alumnos de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) cuando se enfrentan a sus primeras visitas al quirófano. La lección magistral de toda la vida se combina con innovadores métodos de aprendizaje y hasta propuestas arquitectónicas que favorecen el intercambio y la adquisición de conocimiento.

La revolución digital y tecnológica que vivimos está cambiando el mundo universitario. «El aula convencional solo funciona para una tipología de enseñanza que es la lección magistral. Se debe seguir usando pero no hay que abusar. Es necesario acompañarla de otros modelos como mesas redondas, tutorías, paneles, presentaciones de alumnos... La formación humana es un proceso continuo. La clave es la motivación del alumno y eso se consigue con innovación», cuenta Pablo Campos, catedrático de la Universidad San Pablo-CEU y académico de la Real Academia de Doctores de España.

«Está cambiando la forma de dar clase. Lo de jugarse el curso en un examen cada vez pasa menos»

Las nuevas tecnologías están dejando paso a nuevas formas de aprender. «Están cambiando la forma de dar clase. Lo de jugarse el curso a cara cruz en un exigente examen cada vez pasa menos», asegura Baltasar Fernández Manjón, director del Grupo de Investigación de Tecnología Educativa de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Eso se refleja en diversas experiencias que tímidamente se empiezan a implantar en distintas universidades. Ahora, por ejemplo, se abre camino lo que se denomina «el aula invertida» («flipped classroom»), que da un giro radical al concepto de la clase tradicional, donde un docente hace su exposición y los alumnos escuchan sentados. Con esta nueva metodología, «el alumno recibe el contenido, lo estudia en casa y va a clase a debatir, a discutir, a resolver dudas y preguntas, y a hacer proyectos», cuenta Fernández Manjón.

Ejemplo innovadores

Lo más innovador, como señala Pablo Campos, está en la Universidad de Stanford (Estados Unidos) donde han apostado por la «inmersión casual». Las aulas están abiertas, de tal forma que «en cuaquier momento, el alumno se incorpora a la sesión», explica. En las universidades de nuestro país, se apuesta cada vez más por el aprendizaje basado en proyectos y la evaluación continua, «que tienen muchos mejores resultados tanto en aprendizaje como en nota», asegura Manjón. «Por supuesto, siguen existiendo las clases de 200 alumnos en Derecho -continua-, pero en otras enseñanzas se van introduciendo cambios. Por ejemplo, en la UCM, en Informática, tenemos clases de 80 alumnos. Esos estudiantes ya no se lo juegan todo a un examen final sino que existe una valoración por proyectos que puede suponer del 30 al 100% de lo nota final». A ninguna universidad le falta ya su campus virtual y todas tienen algún tipo de grado, por lo menos, semipresencial. La Universidad de Eduación a Distancia (UNED) ha puesto en marcha laboratorios remotos y virtuales para hacer ingeniería a distancia. Conocida es la firme apuesta de la Universidad Carlos III por los MOOC (cursos online masivos y abiertos).

Muchas de estas experiencias innovadoras juegan con la arquitectura como herramienta para crear espacios donde fluya el conocimiento y el aprendizaje. «Hay millones de metros cuadrados de universidades pero no están rentabilizados. Se podrían activar espacios que ya existen para el aprendizaje y que ahora son inertes. Con pequeñas cirugías pasillos, hall, distribuidores, espacios libres abiertos... se convertirían en espacios de aprendizaje en cada campus. Planificar es el secreto», dice Campos.

Un ejemplo es la Universidad Camilo José Cela (UCJC), donde se han diseñado espacios «pensados para que motiven al estudiante, con tecnología muy innovadora y metodologías activas de aprendizaje», cuenta Silvia Carrascal, vicerrectora de Docencia y Aprendizaje de la UCJC. En este campus hay hiperaulas, espacios abiertos que permiten la reflexión y el debate. Y se ha tenido en cuenta muchos detalles, hasta se cuidan los niveles de luz, ruido y temperatura (entre 18 a 21 grados, ya que si se supera esa cifra desciende el rendimiento en Matemáticas).