La humildad existe cuando se evita la jactancia y la altanería
La humildad existe cuando se evita la jactancia y la altanería
Falta de autoestima

«¿De verdad que lo hago bien?» o la cara oculta de la falsa modestia

Una psicoterapeuta revela lo que se esconde detrás de la necesidad constante de halagos y de aprobación social

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Se abre el telón y aparece un joven en una entrevista de trabajo. El reponsable de recursos humanos le pregunta al candidato: «¿Cuál diría que es su mayor defecto?». El chico contesta: «El perfeccionismo». Se cierra el telón. ¿Cómo se llama la película?... Es curioso que el orgullo sea lo que mueva a las personas a la falsa modestia, pues éste es precisamente el polo opuesto de la modestia. La búsqueda de la aprobación social puede dar lugar a giros y retruécanos tan inesperados como poco hábiles. De hecho, un experimento reciente de investigadores de la Universidad de Harvard y la Universidad de Carolina del Norte Chapel Hill reveló que el «humblebragging» (término en inglés con el que se refieren a la falsa modestia) está mucho peor visto que la arrogancia sincera o el «autobombo». Y esto es algo que es aún más evidente en las redes sociales como Facebook, Instagram o Twitter, donde es fácil encontrar a esa amiga que, a pesar de que no paramos de repetirle lo mucho que vale, insiste en negarlo... Pero de esa curiosa manera que invita a que se lo digas con más ahínco.

¿Humildad o falsa modestia?

Tal como explica Verónica Rodríguez Orellana, psicoterapeuta y directora de Coaching Club, la humildad existe cuando se evita la jactancia, la altanería y la vanidad; cuando se comprende que cualquier persona tiene ventajas y desventajas con respecto a sus semejantes y cuando uno es consciente de que todos pueden alcanzar éxitos personales y padecer fracasos individuales sin necesidad de llamar la atención sobre el éxito que han obtenido, con un comportamiento presuntuoso.

En el otro lado de la balanza estaría la falsa modestia que, según la experta, supone en realidad una estrategia artera del despiste orientada a resaltar nuestras cualidades incidiendo sibilinamente en ellas, pero con una especie de sordina, con la apariencia de restarles importancia.

Es cierto que, tal como indica Rodríguez Orellana, resulta válido y hasta conveniente reconocer fortalezas y aciertos ante uno mismo y ante los demás, pues en caso contrario podría resentirse la autoestima . Pero la clave está en el «cómo». «Cuando se alcanza la capacidad de aceptarse con aciertos y frustraciones, entonces la humildad sobreviene por sí sola», explica la directora de Coaching Club.

Lo que se esconde tras la falsa modestia es un desequilibrio en la autoestima y una acuciante necesidad de que la valoración positiva de los demás compense esa carencia, además de la necesidad prioritaria de ser aceptado por el grupo social. En este sentido, la psicoterapeuta aconseja: «Debemos desarrollar el instinto de percibir cuándo estamos orientando nuestro comportamiento a la pura aceptación social en lugar de hacerlo a la aprobación personal», revela.

Cómo actuar ante un falso modesto

Cuando a alguien le irrita la falsa humildad de una persona, lo más conveniente, según explica la psicoterapeuta, es ser honestos y, de una u otra manera, hacerles notar esa incomodidad que nos produce su conducta. «Hay que tener en cuenta que, en la mayor parte de los casos, no se trata de malas personas, sino de individuos que tienen dificultades tanto para ser aceptados como para ponerse en el lugar del otro. La sutileza y una buena conversación pueden operar como potentes antídotos contra esta fingida actitud de humildad no sentida», aconseja.

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