Por qué nos sentimos tan bien con la luz de nuestro sol

Artículo de David Baeza Moyano, fotobiólogo y profesor de la Universidad San Pablo CEU

MADRIDActualizado:

Cada vez nos protegemos más del sol... y ya existe una extensa bibliografía de incontestable veracidad, que expone los efectos negativos del ultravioleta y del infrarrojo que recibimos del sol. Pero hay otros muchos efectos positivos de la absorción de la luz solar que no son baladí. La luz del sol que entra a través nuestros ojos, principalmente la parte azul del espectro solar, es la que regula el equilibrio entre la melatonina y la serotonina, sincronizando así el funcionamiento de nuestros órganos internos y nuestro estado de ánimo.

Publicaciones recientes sobre el ultravioleta B (UVB) que es absorbido en la epidermis, sobre todo a cargo de científicos del norte de Europa, exponen que debido a su capacidad de activación de la vitamina D 3 , tiene unas propiedades positivas colaterales, al ser la vitamina Dactivada un potentísimo anticancerígeno y cuya falta se está asociando a un mayor riesgo de sufrir diabetes, esclerosis múltiple u obesidad, entre otras patologías.

La absorción del ultravioleta A (UVA) se produce hasta alrededor de 1 mm de la dermis, y estudios recientes afirman que provoca vasodilatación periférica, por lo que algunos científicos nórdicos creen que esto sería un efecto secundario positivo para personas con problemas cardiovasculares y de hipertensión, importantes causas de mortalidad en esos países.

El azul de la luz visible del sol profundiza hasta unos 2 milímetros dentro de la dermis y su absorción tendría los mismos efectos positivos colaterales que el UVA, pero en menor intensidad.

La clave la encontramos en la parte de luz roja del sol, cuya absorción dentro de un orgánulo de nuestras células llamado mitocondria produce un incremento de la síntesis de nuestra unidad de energía llamada ATP. Es decir, la luz roja recarga la batería de nuestras células de la epidermis y de toda la dermis.

El infrarrojo próximo (IRA) es lo que sentimos como calor, produce los mismos efectos de recarga que la luz roja y además da lugar a una suave vibración de todas las estructuras de la piel, llegando hasta los músculos. Podríamos compararlo con un micromasaje que atenúa el dolor a las personas con contracturas o que sufren artritis o artrosis.

En nuestro país tenemos la fortuna de tener una luz del sol con suficiente intensidad como para que en poco tiempo, la luz que entra a través de nuestros ojos por la mañana neutralice la melatonina y se active la serotonina para que funcione todo correctamente, mientras que este proceso va funcionando más insuficientemente cuanto más nos vamos hacia el norte de nuestro hemisferio por tener menor intensidad la luz del sol. De igual manera, las sensaciones positivas descritas de la luz que entra a través de nuestra piel se reducen por tener menor intensidad en el norte o porque su intensidad es excesiva si descendemos de latitud respecto de nuestro país.

Podemos decir que nuestro sol tiene la dosis perfecta de cada componente como para que cualquiera que venga, simplemente por recibirlo se sienta bien. S i se toma en su justa medida, por supuesto.

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