La obsesión de los padres para que los hijos se especialicen en un deporte dispara el estrés infantil

Los expertos recomiendan practicar diferentes deportes y respetar diez horas diarias de sueño

MADRIDActualizado:

Más de la mitad de los padres pide a sus hijos que, desde pequeños, se decidan por un deporte, según un estudio presentado en el congreso anual de la Sociedad Ortopédica Americana. La recomendación de los expertos, en cambio, es alargar al máximo la práctica multideportiva. La práctica deportiva de alta intensidad en menores, advierte otra investigación presentada en el mismo acto, dispara el riesgo de lesiones y estrés infantil.

En este último estudio se ha realizado un seguimiento, durante cuatro años, de 12.000 menores de entre nueve y catorce años y entrevistas a sus madres. Tras el análisis, apuntan que solo el 13,4 % de los jóvenes practican deporte de forma equilibrada. Las lesiones más frecuentes son las fracturas y las tendinitis. En el caso de las chicas, el factor de riesgo es el número de horas de deporte de alta intensidad y, en el caso de los chicos, a este riesgo se le añade la especialización.

Blanca Roman, especialista en Medicina del Deporte y profesora de la especialización de Nutrición y Rendimiento Deportivo de la UOC, alerta de que el sobreesfuerzo físico y localizado en los niños y niñas no es recomendable. La recomendación de la doctora es que, como mínimo, hasta los diez años practiquen distintos deportes: «Si hacemos actividades diferentes no cargamos siempre los mismos músculos y articulaciones y se trabajan habilidades motrices distintas». El origen de muchas lesiones lo encontramos en el sobreentrenamiento y la falta de descanso en un cuerpo que está en fase de crecimiento: «Vemos como cada vez los niños entrenan más horas y no se respetan las horas de descanso, que, como mínimo, tienen que ser diez. Por la noche es cuando se regenera el organismo».

En cualquier caso, se sugiere realizar un seguimiento multidisciplinario en niños y adolescentes que practican muchas horas de deporte a la semana. Pero lo más importante, según la doctora, es «no tomarse el deporte como una profesión, sino como un estilo de vida». Es decir, es necesario que la familia y el entorno trabajen para convertir el deporte no en un elemento de competición, sino en una constante en la vida de la persona hasta llegar a la vida adulta. De hecho, el 70 % de los adolescentes dejan de hacer deporte de forma habitual a partir de los catorce años.

Jóvenes deportistas quemados

Otro efecto grave de la especialización deportiva y la alta competición en menores es el síndrome del quemado o síndrome del burnout: se detecta en casos de jóvenes agotados y hastiados por la presión familiar de tener que ser el número uno de la disciplina o por sesiones de entrenamiento extremas. En esta situación, las familias desempeñan otra vez un papel importante. A menudo, la presión de formar parte de la élite proviene más de las aspiraciones paternas que del deseo de los jóvenes. «Hay que acordar el grado de exigencia entre las tres partes implicadas: familia, niño y entidad deportiva», recomienda Jordi Segura, autor de Psicología aplicada al deporte adaptado, de la Editorial UOC, y presidente de la Asociación Catalana de Psicología del Deporte. Segura alerta que cada niño necesita un grado de exigencia diferente y que «aprender a competir también puede ser educativo». «Demasiados padres proyectan sus deseos en sus hijos. Creo que lo mejor es tomar distancia y enfocar la práctica deportiva de los hijos en el ámbito más formativo. Cada uno debe llegar hasta donde pueda y donde desee y disfrutar de ello», matiza.

En todo caso, hay que evitar los excesos. «Hay chicos que están saturados. Sobre todo, lo notamos en los últimos cursos de bachillerato o en el paso a la universidad. Hay un gran incremento del número de chicos que abandonan la actividad deportiva porque es demasiado exigente y no pueden compaginarlo con los estudios», subraya Segura.