Familia

El matrimonio tiene un posible efecto protector ante ataques cardiacos e ictus

Según una investigación del Instituto Karolinska de Suecia, el divorcio conlleva mayor riesgo de un segundo ataque cardiaco o ictus

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Las personas que sobreviven a un ataque cardiaco que están divorciados o tienen un bajo nivel socioeconómico presentan un mayor riesgo de un segundo ataque, según una investigación del Instituto Karolinska, en Estocolmo (Suecia), publicada en el «European Journal of Preventive Cardiology», de la Sociedad Europea de Cardiología.

Estudios previos han demostrado que el bajo nivel socioeconómico se asocia con un primer ataque al corazón, pero estos hallazgos no pueden extenderse a los que sobreviven de un ataque cardiaco para calcular el riesgo de un segundo caso de ataque.

Este estudio inscribió a 29.226 sobrevivientes de un primer infarto del registro Swedheart y datos cruzados de otros registros nacionales. El estado socioeconómico se evaluó por el ingreso disponible en el hogar (categorizados por quintiles) y el nivel de educación (nueve años o menos, 10-12 años o más de 12 años). También se tuvo en cuenta el estado civil (casado, soltero, divorciado, viudo).

Los pacientes fueron estudiados durante un promedio de cuatro años para el primer evento recurrente, que se definió como ataque cardiaco no mortal, muerte por enfermedad coronaria, accidente cerebrovascular fatal o accidente cerebrovascular no mortal. El estudio encontró que el divorcio y el bajo nivel socioeconómico se relacionaron significativamente con un mayor riesgo de un evento recurrente. Cada indicador estaba relacionado con eventos recurrentes.

Después de ajustar por edad, sexo y año del primer ataque cardiaco, los pacientes con más de 12 años de educación tuvieron un 14 por ciento menos de riesgo de un evento recurrente que aquellos con nueve o menos años de educación. Los pacientes divorciados registraron un 18 por ciento más de riesgo de un evento recurrente que los pacientes casados.

Posible efecto protector del matrimonio

Los pacientes solteros y viudos tenían tasas más altas de eventos recurrentes que los pacientes casados, pero las asociaciones no fueron significativas, tal y como informa Europa Press. El autor del estudio, el doctor Joel Ohm, estudiante de doctorado en el Instituto Karolinska, asegura que las proporciones de pacientes solteros y viudos en el estudio pueden haber sido demasiado pequeñas para que el vínculo sea estadísticamente significativo. Sin embargo, apunta que «el matrimonio parece ser protector contra los eventos recurrentes y se alinea con los indicadores tradicionales de mayor nivel socioeconómico, pero las conclusiones sobre los mecanismos subyacentes no pueden extraerse de este estudio».

En un análisis de subgrupos por sexo, los hombres solteros tenían un mayor riesgo de recurrencia y las mujeres solteras presentaban menos riesgo. «Estos hallazgos deben interpretarse con cautela —advierte Ohm—. Fue un análisis de subgrupos y no podemos concluir que las mujeres estén mejor sin ser solteras y que los hombres deberían casarse y no divorciarse. Las mujeres solteras tenían un nivel de educación más alto que los hombres solteros y esta diferencia en el nivel socioeconómico puede ser la causa subyacente».

Diversidad por sexos

El análisis de subgrupos por sexo también encontró que un mayor ingreso familiar se asoció con un menor riesgo de eventos recurrentes en los hombres, pero no hubo asociación en las mujeres. Ohm cree que esto podría deberse a la menor proporción de mujeres en el estudio (27 por ciento), ya que el límite de edad para la inclusión fue de 76 años y las mujeres generalmente son mayores que los hombres cuando tienen un primer ataque cardiaco. Además, es probable que la diferencia entre el quintil más bajo y el más alto de ingresos familiares sea mayor cuando los hombres tienen un primer ataque cardiaco porque ellos y su cónyuge aún están en edad de trabajar.

El estudio no investigó las razones de la asociación entre el estado socioeconómico y los eventos recurrentes. Numerosos factores que son difíciles de medir pueden estar involucrados, como la dieta y los hábitos de ejercicio a lo largo de la vida e incluso factores genéticos. En teoría, el acceso desigual a la asistencia sanitaria y el cumplimiento de los regímenes de tratamiento podrían desempeñar un papel. De estos dos, el cumplimiento parece ser un problema mayor, ya que la mayoría de los tratamientos se prescribieron por igual a todos los grupos de ingresos y el ajuste para el tratamiento no cambió la relación entre el estado socioeconómico y los eventos recurrentes.

«El mensaje de este estudio es que el estado socioeconómico está asociado con eventos recurrentes —plantea Ohm—. Sin importar las razones, los médicos deben incluir el estado civil y socioeconómico al evaluar el riesgo de un evento recurrente de un superviviente de un ataque cardiaco. Podría dirigirse un tratamiento más intenso a grupos de alto riesgo».

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