La dieta atlántica prima productos frescos, localesy de temporada
La dieta atlántica prima productos frescos, localesy de temporada

La dieta atlántica o por qué lo bueno viene de Galicia

Con una composición similar a la dieta mediterránea, su aporte proteico es mayor, pero la clave no reside tanto en lo que se come sino en cómo se come

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España es uno de los países más saludables del mundo y, dentro de ella, Galicia es la región que presenta una mayor longevidad. ¿A qué se debe? El catedrático de Endocrinología Felipe Casanueva trabaja, junto a otros investigadores, sobre la base de que esta mayor longevidad puede atribuirse, en parte, a la dieta atlántica. Al igual que su «hermana» la dieta mediterránea, previene las enfermedades cardiovasculares pues da protagonismo a pescados y mariscos, verduras y hortalizas, pero también incluye hidratos de carbono complejos, lácteos, aceite de oliva y un consumo moderado de carne. «Pero no solo importa lo que comemos y bebemos, sino que practicamos un determinado estilo de vida. Cocinamos lento, nos gusta comer en sociedad pero practicando 'slow food', charlando con la familia con los amigos, haciendo sobremesas interminables y disfrutando de verdad de la comida», añade Casanueva, que insiste en ligar esta dieta científicamenta a esta fórmula social de ingerir los alimentos, que aporta una situación de «felicidad y bienestar» que, a su juicio, contribuye a la mejora de la longevidad.

Su composición es similar a la dieta mediterránea, sobre todo en lo que se refiere a la incorporación de grasas saludables y de hidratos de carbono complejos, si bien el experto destaca que la dieta atlántica es rica en pescados, de río y de mar, así como en mariscos (moluscos y crustáceos). De hecho, se recomienda el consumo de pescado al menos tres veces por semana. En este sentido, el catedrático destaca que los pescados frescos que se consumen en Galicia y en el norte de Portugal provienen directamente de un mar «frío, violento y con una renovación o regeneración constante» que aporta, según explica, no solo un sabor diferente al pescado, sino un aporte de vitaminas y minerales particulares que son beneficiosos para la salud.

Otra de las claves de la dieta atlántica es que prima los alimentos de temporada, frescos y locales; y deja de lado los productos ultraprocesados. Predominan los alimentos de origen vegetal como las frutas, las verduras, las legumbres y los cereales integrales, lo que hace que sea rica en fibra. Merecen una especial atención las patatas, las castañas, las nueces, las manzanas, y los cítricos. Además aconsejan mantener el consumo de los vegetales del género «brassica», de acuerdo a los hábitos de producción y consumo (repollo, berzas, grelos y nabizas), además de judías, pimientos, cebollas, zanahorias, guisantes y ajos.

Rica en proteínas

En cuanto a las carnes, se aconseja consumir con moderación carne de vacuno, de cerdo, aves o de caza. Y nunca en solitario pues, tal como comenta Felipe Casanueva, «Es recomendable, siempre que se pueda, que se consuman magras, y formando parte de platos a base de verduras, legumbres o patatas, no como monoplato».

El uso de aceite de oliva, sobre todo en crudo para aliñar o aderezar los platos, es otra de las señas de identidad de la dieta atlántica. Algo que además está vinculado con una mejora de la salud cardiovascular. «A muchas personas le llamará la atención este dato, pero es algo confirmado: en Galicia se consume en líneas generales una mayor cantidad de aceite de oliva virgen que en el resto de España», revela el catedrático de Endocrinología, que el pasado mes de abril participó en el III Simposio Internacional sobre Dieta Atlántica que se organizó en Santiago Compostela. Este aporte de ácidos grasos monoinsaturados está vinculado con la contribución de esta fórmula al descenso de peso y la mejora de la salud cardiovascular.

La presencia diaria de lácteos (leche de vaca, quesos, leches fermentadas) también se incluye en el decálogo que define las bases de la dieta atlántica. «Son excelentes fuentes de proteínas de alto valor biológico, minerales (calcio, fósforo, etc.) y vitaminas. El consumo de leches fermentadas está asociado a una serie de beneficios para la salud al aportar microorganismos capaces de mejorar el equilibrio de la microflora intestinal», recoge el documento.

En cuanto a las preparaciones culinarias, la cocina de la dieta atlántica prima los cocidos, el vapor el guiso y la brasa, frente a los fritos.

El estilo de vida atlántico contempla además beber abundantes líquidos, preferentemente agua, y practicar actividad física a diario. En conjunto, su aporte proteico es mayor al de la dieta mediterránea, por lo, según explica Casanueva, aporta una mayor saciedad, además de nutrientes como el hierro de origen animal, el calcio de los lácteos y la vitamina B12.

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