Cómo acabar con las palomas de terrazas y jardines

Aves inteligentes y con agudo sentido de la vista, son una molestia para muchas personas que descubren que han anidado en su propiedad

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Palomas. Las opiniones que surgen al hablar de estos animales son totalmente contrarias: mientras unos ven en ellas a potenciales transmisoras de enfermedades de diversa índole, otros las describen como héroes de guerra y símbolos de la paz.

Las palomas («Columba livia») son aves que pertenecen al grupo de las columbiformes y que se han propagado por diferentes puntos del globo terráqueo con el paso de los años. De cuerpo robusto y patas cortas, es común encontrar a algunas de ellas volando sobre las plazas y campando a sus anchas por los jardines.

Aunque convivan con las personas en la actualidad, su origen se remonta muchos años atrás. Habitantes de acantilados y zonas rocosas, el hombre las introdujo en las ciudades para utilizarlas como alimento y hacer uso de ellas en otros campos que iban desde la mensajería hasta el deporte. Pero la afición a las palomas se perdió con el paso del tiempo y los palomares se convirtieron en una carga. ¿La solución? Muchos optaron por la apertura de estas estructuras y las calles se inundaron de ellas.

A día de hoy, estos animales –que encuentran cobijo y alimento en oquedades de edificios, cornisas, patios interiores y diversos elementos arquitectónicos– se han convertido en una larga lucha urbana que mantiene en pie a todas aquellas personas que se niegan a convivir con ellas en sus propiedades y a quienes quieren que si se expulsan de ciertas zonas, se proceda de la forma más respetuosa posible.

La huella de las palomas en las ciudades

Toda convivencia trae unas consecuencias y ese es otro motivo de discusión que gira entorno a estas aves. Según David Rubio, Director Comercial de Ibertrac, empresa especializada en el control de plagas, los efectos más destacables de la presencia de palomas en nuestras ciudades son los problemas que pueden generar a la salud de las personas y el daño que causan en las superficies de las edificaciones.

«Su excremento es muy corrosivo y daña las superficies en las que cae. Aparte de esto, también puede provocar un problema de salud debido a que en las heces de este animal crece un hongo que se llama histoplasma que puede ocasionar, entre otras muchas cosas, una enfermedad pulmonar que es conocida como histoplasmosis», expone. Un caso muy significativo para él es el de la guía turística de Barcelona que consiguió una baja permanente por un tema de alveolitis pulmonar provocado por una exposición a los excrementos de las características palomas de Plaza Cataluña.

En este punto coincide también José Antonio Arizmendi, administrador único y responsable técnico de American Pest Control, expertos en el control de plagas. El especialista destaca que uno de los principales problemas que nos generan estos animales son las suciedades producidas por sus corrosivos excrementos en los monumentos históricos. «Además en las heces existen gérmenes y microbios que los hacen altamente contaminantes y perjudiciales para el ser humano y sus mascotas. También transportan otros insectos como pulgas, garrapatas y chinches, y pueden generarnos graves problemas de salud», apostilla.

Bárbara Fernández Andújar, presidenta de Mis Amigas las Palomas (MALP), asociación dedicada al rescate y defensa de las aves, especialmente columbiformes como palomas y tórtolas, no comparte el punto de vista de estos dos especialistas.

«No existe casos de zoonosis –enfermedad propia de los animales que incidentalmente puede comunicarse a las personas– por parte de las palomas», asegura. « El riesgo real es insignificante e igual que el de cualquier ave autóctona. En los informes anuales del Ministerio de Sanidad no se reportan datos sobre incidencias al respecto. Que un animal pueda sufrir enfermedades, como todos los seres vivos, no implica su transmisión. La probabilidad de contagio entre ave y mamífero es mucho menor que entre mamíferos, como gatos o perros en el hogar».

En representación de la organización, señala que la difamación en aras de extender el «falso mito» sobre su transmisión de enfermedades y aumento del riesgo percibido por los ciudadanos viene motivado por el lucro que así reciben las empresas de control de plagas.

Evitar que aniden en plazas y jardines

«Es muy difícil evitar que aparezcan en jardines y plazas, al ser espacios abiertos su control no es fácil. En estos casos se recomienda el empleo de jaulas de captura y, si el espacio es grande, combinarlas con el vuelo de rapaces», expone Arizmendi.

Rubio lo tiene claro en este sentido: una sola actuación no es suficiente. «Hay que compaginar tres intervenciones que son limitar su hábitat, restringir su alimento prohibiendo a las personas que alimenten a estas aves y realizar capturas selectivas.

«Eso sí, estamos en contra es al uso de esterilizantes porque, a pesar de que la teoría es muy bonita, al final estás poniendo un medicamento en la vía pública que no tiene una autorización en España todavía, pero los ayuntamientos lo están permitiendo con permisos especiales», señala. Entre los problemas del empleo de este producto destaca que al caer en la vía pública puede haber niños que lo toquen, gente que se lo lleve a sus hogares y otras aves que también se lo coman.

«Los urbanitas tienen que comprender que la fauna urbana es un tesoro con el que hemos de cohabitar y que enriquece nuestras ciudades», afirma Fernández. Para la presidenta de la asociación, esto es un deber y el respeto del mismo pasa por una educación adecuada y por hacer respetar las diferentes leyes de protección animal.

En el caso de aquellos que no quieren convivir con las palomas en su vivienda privada, recomienda el uso de métodos disuasorios. Entre estos se pueden emplear aquellos con sonidos, electricidad y figura de rapaces, o decantarse por la instalación de posaderas como las que cuentan con pinchos anti-aves. Otra solución pasa por el adecuado mantenimiento del urbanismo para evitar la instalación de nidos no deseados.

Opciones para lograr su marcha

¿Qué ocurre si la paloma ya se ha establecido en la propiedad y se deja ver de manera usual? ¿Y si el número de estas aves es significativo? «Una vez producida la plaga su control dependerá de su magnitud y su ubicación, no es lo mismo controlar una comunidad de propietarios, donde se utilizan redes y pinchos principalmente, a espacios abiertos como una plaza o un campo de fútbol, en los que la solución pasa por utilizar jaulas de captura, palomares y el vuelo de rapaces», señala Arizmendi.

Entre los remedios caseros enumerados por el experto se encuentran la colocación de CDs, cosas que se muevan o que brillen, hélices pequeñas, búhos de plástico y aparatos que emitan distintos tipos de sonidos desde graznidos a ultrasonidos. Pero avisa de que «dejan de funcionar en cuanto el animal se acostumbra a todos ellos».

Desde Ibertrac aconsejan ver dónde se posan las palomas y descubrir para qué van hasta allí: si se acercan solo a mirar, si han anidado, si acuden a por comida. Una vez encontrado el motivo, se tienen que tomar unas medidas más activas o menos activas. «Si el ave se posa en la barandilla solo para mirar, pues vas a molestarla un poco y al cabo de los días es posible que el animal abandone la misma», relata Rubio. «Pero si lo que ha hecho es un nido en un balcón, habrá que limpiar bien la zona, sacar el nido de su ubicación y hacer un cerramiento para que no vuelvan a hacerlo».

Redes de exclusión, varillas que impidan que se posen y la versión urbana del pastor eléctrico con muy poco voltaje, son algunos de los sistemas usados por la empresa y adaptados en función de las características de cada edificio.

Desde MALP abogan por métodos que consideran más adecuados como es la instalación de palomares ecológicos, que controlan la población de estos animales, y la toma de medidas de urbanismo sobre nidifiaciones no deseadas en azoteas y similares.

Además, señalan que la paloma bravía feral está cubierta por la Directiva Aves y esto conlleva que su daño está prohibido, en individuos, nidos o huevos. «Que los ciudadanos no cumplan la ley y la Administración no la haga valer no implica que se estén realizando prácticas ilícitas», advierte Fernández.

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