Los cambios de la andropausia se atribuyen muchas veces y de manera errónea al estrés, cansancio o ansiedad
Los cambios de la andropausia se atribuyen muchas veces y de manera errónea al estrés, cansancio o ansiedad
Crisis masculina

El 82% de los hombres sufren andropausia al llegar a los 50 años

La crisis de mediana edad puede provocar pérdida de interés, falta de competitividad, estrés familiar o depresiones agudas

MADRIDActualizado:

Según Coaching Club, 8 de cada 10 hombres sufren la menopausia masculina, comúnmente denominada andropausia. Esta se inicia con cambios sutiles que son atribuidos erróneamente a condiciones de estrés, depresión o achaques propios de la edad.

Este proceso es largo y paulatino y no termina abruptamente con la capacidad de engendrar vida ni mucho menos con el deseo y el ejercicio de la sexualidad.

La andropausia, también conocida como la crisis de la mediana edad en el hombre, provoca diversos y numerosos cambios en el organismo del individuo. Además de los consabidos, inherentes a la función sexual, también afectan al plano anímico y emocional, pudiendo provocar irritabilidad, desasosiego o disminución de la autoestima. Pero estos desórdenes no están solo asociados al ámbito íntimo o personal, sino también al profesional: es usual la pérdida de empuje y de una cierta agresividad que tanto se requieren para los negocios, el temor ante situaciones laborales que antes eran consideradas como rutinarias y que ahora se escapan del control habitual, etc.

Síntomas

Según Verónica Rodríguez Orellana, directora de Coaching Club, «hay que estar atentos ante posibles síntomas de este desajuste para poder prevenirlos». Así desvela algunos de estos cambios en los hombres para estar alerta:

La percepción de que disminuye el poder masculino: un término subjetivo pero muy acorde con la experiencia de muchos hombres que sufren cambios en esta etapa. Visualmente, se manifiesta con una postura no erguida, andares desgarbados, tono de voz vacilante o por un aura de debilidad.

En lo referente a la motivación o energía interior: «otros signos podrían ser la pérdida de interés en completar proyectos, la sensación de incapacidad para generar nuevas ideas y una disminución de la voluntad y de la predisposición para competir con otros hombres», señala Verónica.

Con relación al entorno: se puede sufrir pérdida de autoconfianza, tenacidad, dinamismo o incluso eficiencia. Todo ello provoca, a su vez, sensación de intranquilidad, nerviosismo o irritabilidad.

Depresión: este parece ser el síntoma más evidente, el que más se retroalimenta, apareciendo cíclicamente una y otra vez.

Detonantes

La pérdida de la juventud: genera una crisis vital cargada de ansiedad e incertidumbre que hace que surjan estados depresivos ya que la persona no sabe cómo dar una respuesta clara a preguntas existenciales que antes no se hacía y que, sin embargo, en estos momentos cruciales de la vida le van persiguiendo.

El envejecimiento de los propios padres: en esta etapa juega un rol decisivo lo que sucede con los padres, ya que las enfermedades se vuelven más frecuentes y muchas veces pasan a depender, tanto emocional como funcionalmente, de los hijos. Es ahí cuando se produce un fenómeno de identificación que tiende a agudizar el conflicto: «Esto les está pasando ahora a ellos, pero en algunos años me sucederá a mí», se comienza a pensar.

Pérdida y cuestionamiento de las propias rutinas: aparecen dudas sobre el trabajo, la relación con el entorno social, la interrelación con la pareja, la intimidad. Este síndrome deriva inevitablemente en una crisis, puesto que todo lo que se creía sólido y bajo un absoluto dominio o control pasa a descontrolarse.

Pensamientos recurrentes: la idea de una crisis sin retorno se intensifica cuando aparecen pensamientos repetitivos como «me siento viejo», «la música que me gusta ya nadie la identifica», «con frecuencia los jóvenes me tratan de 'señor'»; son pequeños matices pero van normalmente acompañados de un inevitable deterioro físico que agrava las sensaciones que producen.

Terapias grupales

Para luchar contra esta crisis, desde Coaching Club, se trabaja de manera grupal con sistemas innovadores y únicos en España. Los procesos de crecimiento personal muchas veces requieren de una adecuada gestión emocional que permita a la persona crear nuevas fórmulas para enfrentar su cambio de etapa vital.

Según Verónica, «el poder apoyarse en un grupo permitirá al hombre enfrentar situaciones difíciles en un clima de seguridad compartida, sintiéndote acompañado por personas afines a él y un equipo de profesionales que están a su disposición». Es una fórmula que, en los últimos años, ha desarrollado Coaching club a nivel particular y empresarial con grandes resultados.

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