El vídeo viral que muestra cómo afecta la reacción de los padres cuando los niños se dan un golpe

María José Mas, neuróloga pediátrica, da varias claves sobre el fenómeno de la «referencia social»

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Un nuevo reto viral se está convirtiendo en tendencia en las redes sociales. Se trata de una serie de vídeos en los que aparecen hombres y mujeres dando pequeños golpecitos a una superficie aleatoria mientras sostienen a un bebé en sus brazos. Después, comienzan a consolar al pequeño o a la pequeña que están aupando.

Aunque al principio los recién nacidos solo miran confundidos a aquellos que están acariciando su cabeza y tratando de insuflar calma en ellos, segundos después rompen a llorar como si realmente hubieran sufrido el golpe que sonó anteriormente.

María José Mas, neuropediatra y autora de «La aventura de tu cerebro», contestó a la publicación que incluía el vídeo viral tratando de explicar la razón por la cual los protagonistas de este reto reaccionan de esa manera tan curiosa. «Más que al golpe reaccionan al tono de voz, diría que sin golpe el llanto sería parecido. “Referencia social” se llama: reaccionan según la cara y el tono de voz del adulto, que le indican el estado de ánimo apropiado a cada situación. Por eso al pediatra ¡se va sonriendo!».

ABC ha conversado con la especialista para saber más sobre la referencia social y aquello que implica. ¿Qué tiene que ver este concepto con las curiosas imágenes que están dando la vuelta al mundo estos días?

La referencia social y los niños

¿Qué es lo que hacemos cuando llegamos a un sitio nuevo para nosotros y no sabemos cómo comportarnos? La respuesta es fácil: nuestra primera reacción se basa en mirar a la persona que consideramos más experta para ver qué hace y poder actuar en consecuencia.

«La referencia social es una característica humana e imitativa por la que buscas a aquella persona que supone tu referente», explica la especialista. Lo que ocurre, al igual que sucedía en el ejemplo superior, es que el niño ante una situación nueva o que es desconocida para él se fija en lo que hacen los adultos e imita su conducta.

Estos comportamientos suele surgir a lo largo del primer año de vida, sobre todo al final. Entre los nueve y los doce meses es cuando ya están casi siempre presentes.

Este fenómeno está relacionado con la educación de una forma directa. Para ilustrarlo, Mas pone el ejemplo de la visita al pediatra: «Cuando llevas a tu hijo a ponerle las vacunas, si tú vas con miedo, asustada y diciendo: “ay, mi niño, pobrecito”. Pues el menor lo percibe como una cosa terrible. En cambio, si le decimos que le van a hacer un poco de daño, que no pasa nada y vamos sonrientes a visitar al médico, a él le va a doler igual pero no va a pasar un mal rato».

Para la neuropediatra esta es una herramienta educativa que tenemos a lo largo de toda nuestra vida. Desarrollada en una etapa temprana de nuestra vida, pierde parte de su efecto con el paso de los años. «Tú no te pondrías a llorar si te hacen lo que a esos bebés del vídeo porque ya entiendes bien el contexto y comprenderías la broma, pero ellos aún no son capaces de saber exactamente lo que pasa», señala.

Y es que, si nos fijamos, al principio los pequeños de las imágenes no tienen ninguna reacción. Al escuchar el golpe se quedan con cara de extrañeza y solo responden cuando el adulto comienza a decirles palabras con un tono consolador. Es en ese preciso instante, según Mas, cuando los protagonistas de este reto viral dicen: «ah, pues me he hecho daño, toca llorar porque mi padre dice que es el momento».

El momento en el que aparece el lenguaje es diferente en la reflexión y en la manera de entender y de pensar el mundo. Es por ello, según Mas, que la referencia social es especialmente importante en las primeras etapas aunque a lo largo de toda la vida estará presente pero acompañada de herramientas que ayuden a contextualizar.

«Tú puedes tener unas referencias sociales o a unas personas adultas que tengan una idea que te gusta pero vas a matizarlo a través de tu experiencia, tu conocimiento o tu propia reflexión», apunta la especialista.

Reaccionar como queremos que actúe

«Ante una situación que el niño desconoce, pero que en realidad no es peligrosa, los padres deben mostrarse de la manera en la que quieren que su hijo reaccione», aconseja la neuropediatra recurriendo de nuevo al supuesto de la visita al pediatra.

En el caso de los primeros pasos de los más pequeños en la guardería ocurre exactamente lo mismo. Si llevamos llorando a nuestro hijo, pues el niño o la niña va a llorar y no se va querer quedar en el centro. Sin embargo, y aunque es común que al principio sean muchos los menores que actúan de este modo al vivir este cambio, si después de unos días ve que está bien y que le dejamos tranquilos… Reaccionará en consecuencia.

En momentos de cambio, de cosas nuevas o en los que no podamos explicar al niño con palabras lo que creemos que tiene que hacer, hay que mostrar una actitud que queremos que adopte y entonces, el pequeño, seguramente se va a comportar así.

Utilizar siempre tonos de voz que no dejen lugar a dudas cuando el menor no tiene lenguaje, es otra recomendación de la experta. En este caso pone como ejemplo el decir que no: «Hay que hacerlo con un tono muy claro y que siempre signifique siempre lo mismo para que el niño entienda lo que indica ese sonido y sepa que eso no lo puede hacer o es peligroso».

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