Familia

«Los niños no deben ver la televisión antes de los 7 años»

La psicóloga Carla Domecq explica los efectos perjudiciales de las pantallas

MadridActualizado:

Carla Domecq, psicóloga clínica infanto-juvenil aseguró en una de sus charlas en «El sitio de tu recreo» que el uso de los dispositivos audiovisuales, fundamentalmente la televisión, es perjudicial para un desarrollo sano de los menores de siete años.

Porque el sistema nervioso central y el resto de sistemas están terminando de formarse. Toda la sobre-estimulación que pueda venir por el sentido visual y el auditivo exclusivamente, afectan e interfieren en un desarrollo equilibrado.

A esa edad las energías del niño están centradas en la exploración a través de sus miembros, manos, pies y sentidos (como si fuera un radar que capta todo lo que hay a su alrededor). Toda la atención está puesto en eso.

Por eso es imprescindible desarrollar y hacer hincapié en actividades como el juego, que favorezcan esa actividad frente a otras en las que no estén utilizando sus miembros ni todos los sentidos, como la televisión (en la que sólo utilizan el sentido visual y el auditivo y de manera parcial)

No es imposible, pero sí difícil. Porque actualmente las familias son muy nucleares: no cuentan con un apoyo más extenso de la familia, vecinos, comunidad educativa… que les ayude en la tarea del cuidado de los pequeños. Tampoco el mercado laboral permite que los horarios sean flexibles para que los padres y la gente que se ocupe de los niños se puedan repartir. El cansancio o estrés que arrastran los padres y madres en este contexto es grande y, por lo tanto, tener que organizar constantemente un plan para hacer con los hijos, implica un esfuerzo para el que no siempre hay energía. Por eso es «misión imposible».

Lo ideal es que el hecho de que la televisión antes de los siete años no es beneficiosa, fuera comprendido por varias personas y círculos del entorno y que todos transmitamos el mismo mensaje y actuemos con coherencia. La coherencia como hecho aislado es difícil, si buscas la coherencia en todos tus ámbitos es más fácil.

Les sobrecarga el sistema nervioso central a través del sentido visual y auditivo.

No les da una noción real del espacio y el tiempo, lo que provoca desconexión sobre cómo funciona el mundo.

Les quita tiempo de juego y de exploración que es en lo que más tienen que invertir cuando son pequeños. Y en comunicarse con niños y con adultos.

Además del hecho de que puede que reciban mensajes que no sean acordes con los valores de esa familia.

En esta ocasión nos hemos centrado en los efectos orgánicos y cognitivos sobre el niño. El tema de los contenidos tienen que ver más con los valores de cada familia. Habrá series infantiles que a unas familias les gustará y a otras no. Lo que siempre aconsejo es que los adultos revisen y supervisen los contenidos.

Cuando nos queremos dormir tenemos que llevar al sistema nervioso a un estado de tranquilidad, de calma. La televisión sobre-estimula. Al levantarse, lo mismo: nos encontramos en un estado de calma y necesitamos activarnos. La televisión excita, pero sin activar el cuerpo. Además, hace que el niño pase de un estado a otro de una manera brusca. Por la mañana, lo ideal es pasar a la acción poco a poco: desayunar, hablar con los padres, hacer alguna manualidad. La televisión altera de manera contradictoria: les emboba sin que se despierten porque no mueven el cuerpo.

Para los menores de siete años no recomendamos ver la televisión. En caso de que la vean, sería sólo a partir de 4 años y no más de 20 minutos tres veces a la semana. Las pautas serían tener siempre la supervisión de un adulto.

Los ipads u otras pantallas son más perjudiciales. La diferencia con la tele es que en estos aparatos son los propios niños los que manejan los tiempos (de encendido, de apagado, para ir hacia delante, hacia atrás…) con lo cual es menos «real» todavía.

Cuando son muy pequeños les da una sensación de inmediatez todavía mayor. Los pequeños hoy lo quieren todo ya; muestran una impaciencia por todo y este tipo de dispositivos contribuye a esa falsa sensación de realidad.