Familia

«Muchos niños son dementes digitales por la falta de atención de sus padres»

El autor de «Educar para Madurar» asegura que los pequeños por naturaleza nacen con ganas de hacer tareas. «Si no se les motiva pueden caer en adicciones para mitigar su frustración»

Laura Peraita
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Según el doctor en Medicina, teólogo y catedrático de la UNIR (Universidad Internacional de la Rioja), Alfred Sonnenfeld, cada niño es único e irrepetible, y lo es en función de la educación que recibe. Sonnenfeld, autor de «Educar para madurar», asegura que los padres tienen la oportunidad de ayudarles a que hagan buen uso de ese potencial tan grande que lleva dentro. «Cada niño nace por naturaleza con el deseo de hacer tareas y, por ello, disponen de un tercio más de neuronas de las que en realidad necesitan. Desgraciadamente, en muchos casos sólo se aprovecha una versión raquítica».

–¿Qué se necesita para que el niño desarrolle toda su capacidad?

–En primer lugar, debe tener un buen vínculo con sus padres lo que favorecerá que sienta bienestar y felicidad. Hace 20 años se descubrió que todos tenemos un sistema motivacional. Para que funcione correctamente tiene que segregar dopamina, oxitocina y opiaceos endógenos. Las investigaciones llegaron a la conclusión de que esto depende de que el niño viva en un ambiente acogedor, en el que tenga confianza, reconocimiento… Esto no significa que hay que mimarle. Al contrario; los padres lo que deben hacer es dialogar mucho con su hijo para que se sienta querido y aceptado.

–Pero la buena comunicación es una de las batallas a ganar en las familias. ¿Qué ocurre cuando un niño no se siente aceptado o no está bien atendido?

-Su cerebro detecta estas amenazas. Si el niño no consigue sentir este bienestar a través de una buena relación con sus padres, buscará otra forma de compensar esa frustración. Intentará mantener activo su sistema motivacional y, en muchas ocasiones, lo logrará a través de los vídeojuegos o, peor aún, con adicciones o mal comportamiento. Cuando esto ocurre, los padres deben cambiar sus propios hábitos para mejorar el vínculo con sus hijos. Es una cuestión que tiene mucho que ver con la influencia de las relaciones sociales sobre los genes. Esto es nuevo. Lo decía un prestigioso catedrático de Neurobiología que ha demostrado que todos dependemos de las relaciones sociales y, en ese sentido, la Psicología se convierte en Biología. Es muy fácil de entender con el siguiente ejemplo. Si un empleado no tiene empatía con su jefe, es posible que le salga un sarpullido, se le quite el hambre y tome pastillas para superar su tensión. Si cambia de trabajo desaparecen en los síntomas, menos la depresión que requerirá más tiempo para curarse.

–¿Por qué resulta a los padres tan complicado cambiar de hábitos y mejorar el diálogo?

–Porque supone dedicar más tiempo a la conversación con los niños, y esto no deja de ser un reto. Es bajar del nivel en el que está un adulto y meterse empáticamente en el de los niños. No se hace por dejadez y porque los padres están muy atosigados con su día a día. Comprendo que sea difícil, pero los defectos del tiempo solo se corrigen con tiempo.

–¿Por dónde empezar?

–El buen padre debe generar en su hijo interés por las cosas. Si es así será un adulto que estará muy por delante de los demás porque activará correctamente su sistema motivacional y se producirán las sustancias mensajeras neuroplásticas que abonan su cerebro. Pero un niño que está horas delante de la televisión o con un vídeo juego de modo pasivo tendrá demencia digital, puesto que no hace uso de ese potencial tan grande que tiene dentro.

–¿Cómo evitar la demencia digital?

–Jugando con ellos, con buenos diálosos, escuchando música..., lo que produce más psinápsis neuronales. Su cerebro quiere hacer tareas buenas; uno no nace malo, se hace malo. Los niños necesitan modelos en los que fijarse y les dé alegría de vivir.

–¿Cómo deben motivar los padres a los hijos?

–La Neurobiología dice que los niños nacen con deseos de hacer cosas y ayudar, son cooperativos por naturaleza. Cuando los padres actúan de este modo, su hijo madura y crece en responsabilidad. Madurar es no pensar en sí mismo, sino en los demás. Es ahí hacia donde hay que llevarles.

–¿Cree que existe un concepto equivocado de la madurez? ¿Muchos jóvenes pretenden sentirse mayores, maduros, y, por eso, fuman a edades tempranas, beben...?

–Claro es una falta de respeto a la dignidad. La madurez tiene mucho que ver con pensar en los demás y olvidarse de uno mismo. Si un niño solo piensa en sí mismo y se le da todo lo que quiere, los padres les están convirtiendo en personas débiles que no van a superar las situaciones difíciles de la vida.

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