Miren Jaurne: «Nadie tiene derecho a quitarte la inocencia y a hacerte infeliz»

ABC ha conversado con la autora de «La Venus que rompió el espejo» sobre su historia de superación, el acoso y el movimiento body positive

Actualizado:

«Todos hemos tenido un mote, a todos nos han llamado "gordi", "orejón", "moco", "enano", pero ¿cuándo dejan estas palabras de ser apelativos cariñosos para convertirse en armas arrojadizas? ¿En qué momento hacen que cambiemos la visión de nuestro propio cuerpo y la forma de relacionarnos con el mundo?».

Con estas cuatro líneas comienza «La Venus que rompió el espejo», de Miren Jaurne. Creado para ayudar a todos aquellos que sufren acoso, en sus páginas cuenta la historia de superación de esta joven que un día decidió plantar cara al miedo.

Diploma­da en Guión de Cine y TV en el Instituto de Cine de Madrid (ICM), youtuber y autora de este libro, ha conversado con ABC sobre cuestiones como el bullying, el arma de doble filo que suponen las redes sociales y el movimiento «body positive».

¿Quién es Miren Jaurne?

Miren es una chica de un pueblecito de Madrid que un día abrió un canal de Youtube sin muchas expectativas, pensando que no iba a llegar a nada y que le ha traído muchas alegrías.

¿A quién va dirigido su libro?

A dos tipos de personas. A cualquiera que lo esté pasando mal, que esté a punto de darse por vencido y de tirar la toalla. Y a los adultos responsables de niños o de jóvenes para que sepan identificar las líneas rojas o las posibles alertas de que algo más puede estar pasando.

¿Cuál fue la razón por la que se animó a escribirlo?

Me animé a escribirlo porque eran temas que me parece que siguen siendo tabú y la plataforma que yo tengo para expresarme, que es Youtube, tiene unas normas de comunidad muy estrictas. Había ciertos asuntos que no podía tocar con libertad y de los que quería hablar, así que decidí que este libro era la ocasión perfecta para decir todo lo que quería decir sin tener que cortarme o que cohibirme.

¿Por qué eligió a Penny JayG para el prólogo?

Porque Penny es una persona a la que llevaba mucho tiempo siguiendo en redes. Es alguien que está haciendo muchísimo por el movimiento feminista, a la que admiro un montón y que tiene un sentido del humor que me gusta mucho.

Cuando nos conocimos en persona tuvimos una conexión, un «feeling» muy guay, como de cuando conoces a alguien sin necesidad de que os contéis toda vuestra vida pero sabes por cómo te mira y por cómo asiente cuando estás contando ciertas cosas que lo entiende a un nivel más profundo. Ahí fue cuando pensé: tiene que ser ella.

Es muy activa en redes sociales. Si solo pudiera utilizar 140 caracteres para definir su historia, ¿cómo lo haría?

Una niña gorda que creyó lo que le decían los demás, que no llegaría a nada, y que les demostró lo contrario.

Se pregunta en su libro dos cuestiones que querría que contestara: ¿Cuándo dejan de ser palabras como «gordi» apelativos cariñosos para convertirse en armas arrojadizas? ¿En qué momento hacen que cambiemos la visión de nuestro cuerpo y la forma de relacionarnos con el mundo?

¿Cuándo deja de ser un apelativo cariñoso? Pues cuando te cruzas en tu camino con alguien que no está teniendo un buen día y te lo quiere pasar a ti. Porque realmente es como me pasó. Para mí «gordi» era un apelativo cariñoso hasta que llegué al colegio y me encontré con gente que era un poco «cabrita».

Sobre la segunda cuestión... Es que puede ser desde una palabra, a un gesto, a un anuncio en televisión o a una «medio broma» que te haga un ser cercano. Es algo realmente tan frágil. Todo el mundo piensa que llegas a un momento en el que te odias después de que te estén machacando constantemente, pero si ya eres una persona con una seguridad relativamente frágil, un simple comentario –incluso sin que quiera ser hiriente– puede provocar que ese sea el día en el que te empieces a ver de manera totalmente negativa.

Ha pasado por momentos duros a lo largo de su vida, ¿cuál de todos ellos le costó más rescatar y plasmar sobre el papel?

Pensé que los que me costaron más, que fueron esos años que estuve encerrada en casa con un cuadro de ansiedad y de fobia social muy grave, eran los que tenía más superados. Sin embargo, fue escribiendo esa etapa en la que terminaba llorando y cuando más me costó escribir el libro.

Aquellos que están más lejanos en el tiempo, la adolescencia y la etapa del bullying, esos están más curados.

Después de haberse abierto en canal en estas páginas, ¿con qué enseñanza se quedaría de todo lo que ha aprendido?

Que vivas tu vida cada día queriéndote, disfrutándote y sin cohibirte de hacer nada porque quizás no vuelvas a tener la ocasión de vivir ese momento.

¿Qué es el «body positive» en sus propias palabras?

El «body positive» es un movimiento que defiende que tienes el derecho y el deber de quererte, seas como seas físicamente. El derecho y el deber de quererte, y de hacerte respetar.

¿Estaría relacionado con su concepto de ser libre?

Efectivamente. Que algo de tu cuerpo, o que tu cuerpo en general, no te quite de hacer cosas o de vivir experiencias simplemente porque tienes o eres «equis».

¿A qué público va dirigido el libro?

Yo no delimito el target. No diría menos de catorce años porque aunque hay temas que son importantes saber a esa edad, la segunda mitad del libro no creo que sea apropiada para niños por debajo de la misma. Y desde ahí hasta padres, incluso abuelos. Siempre que tengan a un niño, a un adolescente o a un menor a su cargo, pues es bueno que sepan qué tipo de actitudes pueden esconder qué tipo de problemas.

A todos estos niños que no pueden leer el libro por esas páginas más «crudas» y también a la Miren de ocho años, ¿qué les aconsejaría?

El mensaje es que realmente tienes que disfrutar y tienes que vivir. Nadie tiene derecho a quitarte la inocencia, a crearte ese tipo de complejos y a hacerte infeliz en una edad en la que tiene que ser todo felicidad.

Según vamos creciendo nos damos cuenta de que ahí era cuando teníamos el derecho de ser más libres, sin ningún tipo de obligación y con el deber de disfrutar.

Y a los niños que sean testigos de este tipo de casos, ¿qué les diría?

Yo puedo entender, poniéndome en la mente de un niño, el que te dé miedo ponerte al lado de alguien que está siendo acosado por temor de que tú también lo seas. A los niños no podemos pedirles que sean héroes porque son niños. Pero lo que sí creo que hay que hacer es inculcar que lo cuenten y que activen la maquinaria para que se haga algo, aunque no sea en ese momento.

Es decir, a lo mejor en ese instante no le puedes exigir a un niño de diez años que se interponga delante de otro o que se convierta él en la cabeza de turco pero sí que llegue a casa y lo cuente, que de una forma más «sigilosa» lo avise en el colegio o que haga algo al respecto. No necesariamente de manera activa pero sí de forma «pasiva» para que se tomen medidas. Lo que sabemos que pasa mucho es que lo ven y guardan silencio. Pues que lo vean pero, por lo menos, que digan algo.

En el libro habla de que el sistema educativo necesita cambios, ¿cuáles considera importantes?

Desde que yo terminé mi educación han cambiado cosas. Ahora se tiene más conciencia y se habla más en los centros. Ellos son mucho más conscientes por las noticias y las redes sociales de lo que es el bullying. Por lo tanto, ahí creo que ya se ha ganado algo.

Pero pienso que en los colegios e institutos se tenía que hacer activamente algo tipo talleres de concienciación, incluso a modo de juegos, de forma más consistente. Por ejemplo, antes los que no íbamos a religión teníamos la clase de ética. Pues que se utilicen aulas o sesiones de este tipo para concienciar a los niños de una forma que puedan entender, en su idioma, lo que está bien y lo que está mal.

Youtube y las redes sociales permiten lanzar mensajes positivos, pero también pueden ser una vía por la que los acosadores lleguen a un menor. ¿Cuál es su opinión sobre este aspecto?

Las redes sociales tienen ese doble filo. Por una parte están muy bien porque puedes hacer llegar un mensaje de concienciación pero también sirven para este tipo de cosas.

Yo tuve la suerte de que en mi época no existían y el acoso se quedaba en el colegio. Pero es cierto que ahí es donde entra en juego la figura de los padres o de los responsables de esos menores. Tiene que haber un control parental en el uso del móvil y de las redes: de Facebook y de Instagram si los utilizan en el ordenador.

A lo mejor a un chaval con 15 años no le puedes mirar el móvil, pero sabemos que niños mucho más jóvenes ya lo tienen. Eso es una herramienta y hay que tenerlo controlado.

¿Cuál es su palabra para el mundo? Algo por lo que quisiera que la recuerden.

Independientemente de todo esto, me gustaría que me recordaran como una persona con sentido del humor y con resiliencia. No pido ser abanderada de nada ni autoproclamada de nada. Quiero que me recuerden como alguien que a pesar de todo intentó ser feliz.

Apúntate a la newsletter de Familia y recibe gratis cada semana en tu correo nuestras mejores noticias

O súmate a nuestro whatsapp, y recibe cada día en tu móvil lo más interesante de ABC Familia