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Francis Silva

«Un consejo a los que se divorcian: Los jueces de familia dictamos sentencias, no hacemos milagros»

José Luis Utrera, juez de familia, es autor de la «Guía para un buen divorcio» (Ley57 Editorial)

MADRIDActualizado:

En los últimos años ha aparecido un fenómeno fácilmente constatable: la creciente judicialización de las relacionas familiares. Sus causas son múltiples, aunque convergen en la creencia equivocada de muchas familias en crisis de que la solución de su conflicto está en el Código Civil y en el juzgado de familia.

La realidad que se encuentran es bien distinta. Tras un largo proceso judicial que suele durar años, su conflicto familiar –complejo, por tener implicaciones psicoemocionales– no sólo no se ha resuelto, sino que se ha agravado por la «liturgia» procesal; la sentencia se incumple o se queda desfasada, lo que requiere nuevas intervenciones judiciales. Otras veces, ante el desacuerdo de la pareja divorciada, el juez termina convertido en un «tercer progenitor dirimente» que decide cuestiones tan variopintas como el colegio al que asistirán los hijos menores, su Primera Comunión o el tratamiento médico si están gravemente enfermos.

El juez de Familia, José Luis Utrera, durante un juicio - Francis Silva

La consecuencia de todo ello son juzgados desbordados, desnaturalizados y una insatisfacción generalizada de usuarios y profesionales sobre el resultado final obtenido. Las desmesuradas esperanzas puestas en el juez de familia se ven defraudadas con frecuencia.

Este panorama es el que está demandando, por cierto con escaso éxito dada la indiferencia de los poderes públicos y las resistencias corporativas, «otra forma» de gestionar los conflictos familiares. Impulsar la mediación , una abogacía colaborativa y no confrontativa, consolidar figuras nuevas como los coordinadores de parentalidad o fomentar la corresponsabilidad tras el divorcio (escuelas de padres divorciados) serían medidas que disminuirían la creciente judicialización familiar.

Concretamente, la mediación fomenta el diálogo, pacifica el conflicto y facilita que los propios interesados busquen la solución a sus discrepancias; en definitiva, puede dar una respuesta al conflicto familiar de más calidad que el frío texto de una resolución judicial.

Y un consejo a recordar siempre por quienes se divorcian: los jueces de familia dictamos sentencias, no hacemos milagros.

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