FAMILIA

«Acogimos un bebé de 10 días y cuando nos despedimos, fue como perder un hijo»

Una familia de acogida malagueña cuenta su experiencia con la Asociación Infania

MADRIDActualizado:

Marcos lleva en casa de Mónica y Jesús nueve meses, y todavía estará unos meses más, hasta que su adopción sea una realidad. El pasado 10 de diciembre cumplió 5 años, y sus padres de acogida le prepararon una celebración por todo lo alto. «Se lo merecía. Es un pequeño que trae muchos problemas... y que llegó a mi casa con el corazón roto, pero tiene un futuro. Queriendo, se puede. La familia que lo adopte se lleva un niño encantador, cariñoso...», cuenta Mónica. «Él inunda toda la casa con su alegría y saca la mejor versión de mí. Me llama "mamá linda", "mamá preciosa", "mamá guapa"... y por él hago cosas que con mi hijo mayor, de 22 años, nunca llegué a hacer», asegura Mónica. Esta pareja llegó a la acogida porque siempre les han gustado los niños. Ambos estuvieron de acuerdo a la hora de llamar a Infania. Hicieron los trámites, las entrevistas, rellenaron el perfil y acabaron por ofrecer su total disponibilidad a la Asociación Infania, especializada en acogimiento familiar.

Mónica reconoce que cuando se acaba el proceso lo pasa mal, pero que pone en la balanza «la alegría, la felicidad, lo que le aportan, y en otra su marcha, la tristeza, el vacío, y puede mil veces más lo primero». «Tuvimos un bebé que llegó a casa con 10 días y cuando lo recogieron, fue como la pérdida de un hijo. Pero los padres que lo adoptaron quieren seguir teniendo contacto con nosotros, y eso es un consuelo muy grande», añade. Esta familia espera a recuperarse anímicamente para llamar a la Asociación, pero no suelen tardar mucho porque el acogimiento, explica Mónica, «crea un enganche, una adicción. Se les llega a querer como a un hijo propio». «Cuando superas la pérdida, necesitas otro».

Marcos, por ejemplo, es el cuarto niño que convive con esta familia de Málaga, y con cada uno han vivido una experiencia diferente. «No nos importa que cambien totalmente nuestras vidas. Cuando son bebés, el giro es de 180º. Pasamos de acostarnos a la hora que queremos, a despertarnos cada tres horas a dar un biberón. Pero de pronto ese niño te sonríe y dices, ya está pagado». «Ojalá no hubiese niños de acogida», concluye Mónica.

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