En 4 de cada 10 familias las pantallas son una fuente de conflicto habitual

El 40% de los padres se arrepiente de haber dado tan pronto un móvil a sus hijos

Cinco preguntas (y respuestas) que deberías hacerte antes de comprar un móvil a tu hijo

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«Me dijiste que te quedaban 5 minutos y llevas más de 15. ¡Quieres dejar ya el móvil!». «Con que era la última partida... ¿Cuántas veces tengo que decirte que apagues la videoconsola? ¡La cena está helada!». «Estás absorbido por la pantalla. Pero, ¿me estás escuchando?»... Quizá alguna de estas escenas le resulte familiar si tiene hijos pequeños o adolescentes. Queramos o no, en la mayoría de los hogares las tecnologías se han hecho un hueco importante y, parece, que para quedarse.

La relación de las familias con estos dispositivos es paradójica. Por un lado, facilitan la gestión doméstica y la comunicación cuando se está lejos. Según el 66% de los padres, las pantallas permiten hacer la compra online, solicitar una cita médica, reservar vacaciones, realizar pagos que, de otra manera, estas gestiones restarían tiempo de estar juntos en familia. Al menos así se desprende del estudio «El impacto de las pantallas en la vida familiar», realizado por Empantallados y GAD3, con el apoyo de «Por un uso Love de la tecnología», de Orange, para el que se realizaron más de 1.400 entrevistas online a padres con hijos menores de 18 años, en España.

Reto educativo inédito

Sin embargo, por otro lado, el informe deja patente que las nuevas tecnologías son fuente de conflictos y retos educativos inéditos para los padres. La cuestión es: las pantallas, ¿unen o separan a las familias?

Según los datos, 4 de cada 10 considera que el uso de las tecnologías genera discusiones con los hijos de forma habitual. «Se trata –tal y como explica Pía García, del departamento de Comunicación de Empantallados– de un porcentaje muy elevado que debe ser atendido para buscar soluciones efectivas».

Motivos de las discusiones

Entre los motivos de estas desavenencias, el análisis destaca la falta de normas claras respecto al uso de los dispositivos o, en caso de haberlas, el escaso compromiso, lo que motiva discusiones y quebraderos de cabeza en los padres. Los progenitores se enfrentan ahora a un nuevo papel: el de mediadores entre sus hijos y la tecnología.

Como primera preocupación destacan la relación que puedan tener los menores con desconocidos. El ciberacoso también les inquieta, puesto que consideran que es difícil indentificarlo. Por este motivo, los expertos recomiendan a los padres que pregunten con frecuencia a sus hijos si algo les ha molestado, enfadado o herido en internet, o si ellos mismos usan las redes sociales para atacar, insultar, criticar o ridiculizar a compañeros.

«Es comprensible que los progenitores estén preocupados por este tipo de peligros –asegura Charo Sádaba, Doctora en Comunicación, investigadora de menores y tecnología–. Cuando se produce un daño y el riesgo potencial se convierte en real, la mediación de los padres aumenta significativamente. Sin embargo, –advierte– no hay que esperar a que el daño esté hecho para enseñarles un uso seguro y positivo de la tecnología. Hay que tener una actitud proactiva y formada. Tenemos el deber de hablarles con honestidad, adelantarnos a los temas que sabemos que les ocupan y mostrar disponibilidad para responder a las inquietudes propias de la edad».

El tercer asunto que más preocupa es que sus hijos puedan acceder a contenidos inadecuados como pornografía, escenas que fomenten la violencia, el odio, autolesiones... sobre todo cuando los expertos alertan de que más del 36% de los niños de 9 años ya han accedido a imágenes sexuales.

Implementar controles

Para proteger a los hijos, cuatro de cada diez padres reconoce tener instalado algún tipo de control parental y se muestra a favor de implementar medidas como supervisar el contenido del móvil de los menores (88%) o fijar un horario de uso y acceso a redes (86%). A este respecto, Gustavo Entrala, experto en innovación, asegura que «es un mal momento para ser un padre protector, justo ahora que las tecnologías fomentan la movilidad y la libertad».

Explica que, aunque muchos progenitores quieren clonarse en sus hijos, no deben olvidar que «la vida de las nuevas generaciones no responde a los patrones que nosotros conocemos. Sus inquietudes, su carrera profesional, su forma de pensar... no son iguales a las nuestras. Resulta muy frustrante, pero también muy innovador y emocionante, por lo que es importante mantener un diálogo fluido con ellos y saber de lo que hablan respecto a las nuevas tecnologías».

Aunque en menor medida, la pérdida de tiempo también se sitúa entre los asuntos que más preocupan a los padres. No son hechos aislados los casos de jóvenes que pasan horas y horas sentados delante de una pantalla jugando, viendo vídeos o comunicándose con otras personas. Ante esta situación, el informe asegura que los padres tienen claro que deben proponer alternativas eficaces para recuperar el diálogo, el descanso y la desconexión en familia. En este sentido, el 67% de los progenitores opta por realizar escapadas a la naturaleza, planes deportivos, lectura o entretenerse con los tradicionales juegos de mesa.

Riesgos mayoritarios

Según Charo Sádaba «es normal que los padres sitúen como primeras preocupaciones la relación con desconocidos y el ciberacoso porque conllevan más peligros. Sin embargo, –apostilla– no deben obviar que acceder a contenidos inapropiados, perder el tiempo en internet y tener una sobreexposición de la propia imagen son los riesgos más frecuentes en la mayoría de las familias».

Entre las cuestiones que más interrogantes generan a los padres es a qué edad deben comprar a los hijos su primera pantalla propia. Según actúen establecen un «precedente» con el resto de hermanos menores y aun así, el informe señala que las familias consideran que la edad adecuada para tener una tableta es a los 10 años y el smartphone a los 13. Son varias las razones por las que aseguran que dieron a los niños su primer dispositivo: tenerlos localizados, considerar que estaban preparados para ello, que todos sus amigos ya lo tenían...

Para María Zalbidea, analista de tendencias digitales, el ritmo de conectividad lleva a las familias a acelerar decisiones. «Claro que es más cómodo tenerlos localizados, pero me cuestiono si esa falsa seguridad que nos lleva a darles un dispositivo no esconde también un cierto miedo a no ser capaces de aguantar el tirón de un adolescente que pide insistentemente su primer móvil. Estamos educando a “los niños Amazon” que logran todo a golpe de click. Es necesario transmitirles el valor de la espera y no consentir que pregunten a Siri lo que quieras explicarles tú».

Padres arrepentidos

En este sentido, el informe asegura que cuatro de cada diez padres cree que su decisión «fue un error» y que el móvil llegó «demasiado pronto a las manos de sus hijos». Pese a todo, Alberto San Juan, director general de Familia y Menor de la Comunidad de Madrid, matiza «que hay más familias que hacen un buen uso de las pantallas que un mal uso».

Aun así, advierte de la importancia que tiene que los padres se formen o accedan a guías sobre cómo convivir con las tecnologías. «En la Comunidad de Madrid contamos con un centro para tratar las adicciones digitales y en solo nueve meses hemos recibido a 1.700 familias. La formación y la prevención siempre deben estar presentes para evitar riesgos extremos», concluye Alberto San Juan.

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