Un 16,40% de los niños españoles de menos de 10 años ya tienen móvil

El 29% de los menores con acceso a internet confiesan dedicar más de 10 horas semanales

MADRIDActualizado:

Los menores de hoy en día navegan con fluidez por la red, porque han nacido con ella. Desde muy pequeños las familias les proporcionan juguetes inteligentes, consolas, gafas de realidad virtual, móviles, tabletas... La tecnología ocupa un lugar central en su vida, y se hace omnipresente según van creciendo.

La utilizan para entretenerse, comunicarse, estudiar, informarse, comprar o divertirse... pero los nativos digitales no dejan de ser menores. «Niños, que en esta sociedad digital son una población especialmente vulnerable por las características inherentes de su edad: curiosidad innata, confianza excesiva, ansia por experimentar o el miedo a denunciar si les pueden regañar», advierte Juan Alfaro, secretario general del Club de Excelencia en Sostenibilidad y promotor de la «Guía sobre el Uso Responsable de la Tecnología en el entorno familiar» editada en colaboración con Orange y S2 Grupo y que ayer se presentó en la sede de la Fundación Botín.

Los padres, prosigue Alfaro, «tienen ante sí la responsabilidad de acompañar a los hijos en el mundo que les ha tocado vivir y esto hace que tengan ante sí grandes retos en la transmisión de una cultura tecnológica en el entorno familiar. Es a ellos a quienes dirigimos nuestra guía, disponible para descargar de forma gratuita en nuestra web Clubsostenibilidad.org».

Uso masivo de las TIC

El uso de internet, así como del ordenador, móviles, tabletas, etcétera, se ha convertido en una práctica mayoritaria que sucede a una edad cada vez más temprana. De hecho, según el informe, son cada vez más los niños que, a partir de los 10 años, tienen teléfono móvil propio, estableciéndose en los 15 años la edad en la que casi la mitad de la población dispone de su primer smartphone. Es más, hoy en día el 95,2% de los menores utilizan internet, habiéndose convertido en una rutina diaria, con un 29% de ellos que confiesan dedicar más de 10 horas a la semana a internet. Lo hacen para visualizar vídeos de Youtube, consultar sus redes sociales (Instagram, Twitter, Facebook...), o jugar a los diferentes juegos online.

Nuevas capacidades

Es verdad, explica el también director de responsabilidad corporativa del Instituto de Empresa IE Business School, «que el uso de la tecnología por los adolescentes, lejos de ser perjudicial para su desarrollo, es imprescindible, y les genera nuevas capacidades. Ahora los niños son expertos en simultanear tareas, porque han desarrollado una mayor inteligencia visual e hipertextual... Son capaces de ver un vídeo mientras postean sus comentarios o leen lo que han opinado los demás, están permanentemente actualizados, han cambiado su forma de aprender, de divertirse, y hasta de comunicarse con sus iguales, ¡e incluso con sus padres!... Pero también publican todo a sus contactos en la red, sin ser conscientes de la identidad digital que se están creando para un futuro, o abren enlaces y descargan toda la información que se les ofrece sin analizar ni ser conscientes de los riesgos que pueden encontrarse en internet».

Por eso los padres, advierte el responsable del Club de Excelencia en Sostenibilidad, «tienen que se conscientes de que la tecnología y las oportunidades de conexión generan nuevas experiencias, pero a la vez pueden surgir nuevas amenazas». Aunque es verdad que la mayoría de progenitores son conocedores de la actividad de sus hijos, según este informe existe un elevado porcentaje –un 30%–, que desconoce el uso que realizan sus hijos de internet y los peligros a los que se enfrentan.

Responsabilidad paternal

La realidad es que todos, remarca Alfaro, «deben ser capaces de enseñar a sus hijos unas competencias digitales necesarias para sobrevivir en el futuro tecnológico que les espera. Y, sobre todo, han de transmitir hábitos de navegación seguros que les permitan desde muy pequeños conocer cuáles son las conductas de riesgo, las sepan identificar y aprendan a evitarlas». «Es muy importante –añade– que enseñen a los menores a gestionar las experiencias negativas de forma eficaz, haciendo que acudan a ellos siempre que se sientan inseguros o hayan cometido errores. También que les enseñen cuáles son las respuestas más adecuadas y efectivas para cada situación». «Porque, igual que se transmiten valores –insiste este experto– por ejemplo, la educación digital debe formar parte importante del catálogo de competencias que se deben trabajar en familia. La participación de los padres en esta enseñanza dentro del ámbito del hogar es fundamental para el éxito».

Aspectos a trabajar

¿Cómo deben afrontar las familias los nuevos desafíos digitales? Ante esta pregunta, Alfaro indica que la «supervisión, el acompañamiento, y la orientación de los padres en el acceso a la tecnología de los más pequeños es esencial para promover el uso seguro y responsable de la misma. Los padres han de tener claro que ser nativo digital no es igual a competente».

Esta generación, prosigue, «ha nacido “aprendida”, y lo saben. Pero ese exceso de confianza es uno de los mayores inconvenientes de cara a su seguridad. No comprenden cómo puede afectarles una publicación en una red social o el mal uso de los dispositivos o aplicaciones... Por eso en casa debemos hacer hincapié en que hay otras personas en la red que pueden tener más conocimientos que ellos, que les pueden engañar, estafar o suplantar la personalidad». De hecho ya hay estudios que describen el «mito del nativo experto» y que ponen de manifiesto como gran parte «sabe cómo utilizar los dispositivos desde la perspectiva de ocio pero no desde la de seguridad».

Pensamiento crítico

Ahí es donde tienen que trabajar en casa, concluye Alfaro: «Empezando por compartir con ellos la existencia de las medidas de seguridad básicas disponibles (como poner contraseñas robustas); explicarles en qué consiste el concepto de privacidad y los permisos en las aplicaciones que descargan –insistiendo en aquellas que permiten acceder a todas sus fotos y vídeos–; ayudarles a adquirir un pensamiento crítico que les permita discenir entre las fuentes dudosas y las fiables, y tener en cuenta que todo el contenido de internet no es una verdad absoluta. Y por último, hacerles conscientes de las repercusiones de sus publicaciones actuales en un futuro no muy lejano (huella digital) a la hora de incorporarse al futuro laboral».

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