«¿Por qué puede votar un señor con 80 años y demencia, que no se entera de nada, y no un chaval de 14?»

El economista Manuel Blanco defiende en «Una sociedad sin hijos» el voto infantil para hacer frente al declive demográfico

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Imagine un país en el que nadie tiene hijos durante diez años. Las consecuencias apenas serían apreciables en términos demográficos: los nacimientos se compensarían en la siguiente década. El Ministerio de Hacienda ahorraría enormemente las próximas dos legislaturas: en guarderías, en colegios, en sanidad, etc. Las empresas serían más productivas. La medida contribuiría a cuadrar las cuentas públicas, a rebajar la tensión social y a impulsar la competitividad del país. Este episodio es el que propone Manuel Blanco en «Una sociedad sin hijos» (Ed Libros, 2018) para llevar al límite el que es, según él, el mayor problema que afronta España: el declive demográfico.

En ningún momento histórico anterior se ha dado que haya más mayores que jóvenes. Ni tampoco que mueran más personas que los que nacen. Nunca antes, según Blanco, nos habíamos enfrentado «a un fenómeno análogo, tan masivo y repentino a la vez» que asola España y también a Europa pero que no existe a nivel mundial. Este economista y politólogo alerta sobre un problema que parece que nadie ve, pero que amenaza a la sociedad.

¿Estamos a tiempo de hacer algo?

La mayoría de autores en una situación similar de otros países de Europa dice que no, que cuando la tasa de fecundidad está en torno al 1,2 ya no hay vuelta atrás. Pero yo mantengo una actitud beligerante: mientras hay vida hay esperanza y no nos podemos rendir sin luchar. ¿Vamos a tener éxito? No lo sé, pero me niego a que España se hunda sin intentar hacer algo.

¿Por qué es un problema tan acusado en España y Europa y no en otras partes del mundo?

El mayor problema en España no es la tasa fecundidad en sí, que nazcan en torno a 1,4 niños por pareja, sino que llevamos 30 años en esta situación y no se reacciona, no hay ningún plan, ninguna política de Estado. En los países de nuestro entorno, incluida Grecia, que no tiene recursos, la natalidad es una política estatal. En el caso de España, parece que nadie quiere verlo.

¿Cómo han reaccionado estos países del entorno que nombra?

«Los jóvenes van a pagar los platos rotos de la falta de reacción y nadie defiende sus intereses»

En Europa existen dos modelos: el de financiar todo (con subvenciones, ayudas, bonificaciones fiscales, etc.) de Europa del Norte y el de otros países, como Grecia o Portugal, donde es parte de una política patriótica porque hay consenso entre las fuerzas políticas. El drama español es que España no tiene recursos como los de los países escandinavos y debe buscar otras medidas terapéuticas para enfrentar este problema. Cada año que consumimos vamos a tener menos gente joven y potencial regenerador.

Habla de que la española no es una simple segunda transición demográfica sino una mutación, ¿cómo enfrentarla?

Los españoles tenemos la tendencia de culpar de todo al gobierno, pero lo lógico es que fueran las élites del país, la clase intelectual, los que alerten de estos problemas que los demás no ven porque simplemente no los miran.

¿Cómo puede España afrontar el reto?

Una de las grandes necesidades es mejorar la eficiencia del sistema educativo, porque a medida que tengamos menos gente joven, uno de los pocos cuidados paliativos que podremos tener es que esos jóvenes sean competitivos y muy productivos. Tenemos que ser más eficientes que los países de nuestro entorno.

¿Mejoraría la situación que las mujeres no temieran por su puesto de trabajo al ser madres?

Tenemos que costear entre todos las compensaciones a las mujeres que deciden tener un hijo que va a beneficiar a la sociedad. Porque las empresas están para ganar dinero y contribuir con sus impuestos. Las políticas de compensación las tiene que prestar el Estado. Las empresas tienen que gozar de libertad para que sean lo más competitivas posibles.

¿Nos preocupan solo las pensiones?

La Comisión Europea advirtió a España que padecía un serio problema en el terreno de las pensiones precisamente por la deriva demográfica, que arrancó sobre todo a mediados de los años 80. El problema más grave no es el de las pensiones. Si aumentamos la natalidad no se va a arreglar el déficit de la Seguridad Social, pero es un estabilizador necesario para que dentro de 50 años, el sistema no se hunda. Y por eso defiendo el voto infantil.

¿Qué es eso del voto infantil?

«Tener un niño es el peor negocio del siglo»

Es la medida estrella que propongo, que voten los niños desde los 12 años y antes de esa edad que lo hagan sus madres como representantes. No se precisa una reforma de la Constitución, bastaría con la de la LOREG (la ley que regula el sistema electoral español). Es una medida catalizadora que probablemente no ayude a las madres durante el primer año, pero los partidos políticos se concentrarían en esa oferta de nuevos votantes y propondrían leyes para proteger a este colectivo. ¿Por qué puede votar un señor de 80 años con demencia senil o Alzheimer, que no se entera de nada, y no un chaval de 14? Es que esta parte de la población joven va a pagar los platos rotos de la falta de reacción y nadie defiende sus intereses.

¿Por qué no se tienen más hijos?

Si todo el mundo toma la decisión económicamente racional y pudiendo tener un hijo decide no hacerlo, la decisión es económica para el individuo pero resulta nefasta para la sociedad. España va a ser, junto a Japón y Corea del Sur, el país más envejecido del planeta, pero ellos pueden hacerle frente con medidas paliativas porque tienen una estructura económica de la que España no disfruta.

¿Son los hijos una carga?

Hoy, honestamente, son una carga. En las sociedades rurales ayudaban desde los 12 años, se casaban jóvenes y se iban de casa. Hoy tienes un niño y se va de casa a los 30 años por problemas económicos y por cómo hemos montado esta sociedad, pensada en sus élites para señoritos varones del siglo XIX, que ahora no tienen hijos hasta los 40, tras aprobar una oposición.

¿Es un sistema machista?

Claro que lo es, un varón puede empezar a tener hijos a los 40 años, pero eso para una mujer joven no es irrelevante, porque su ciclo reproductivo es muy limitado.

¿Tiene que ver la fecundidad con el poder adquisitivo?

No es cierto que a medida que sube la renta y la estabilidad laboral exista una progresión, al menos proporcional, de la descendencia. Porque la gente que tiene muchos recursos también tiene muchas expectativas de mejora y ocio, y tener un hijo implica cuidarlo y dedicarle mucho tiempo. Si ganas menos de 20.000 euros al año, no recomendaría tener un hijo: sería una locura.

¿A qué achaca la tan elevada tasa de pobreza infantil en España?

Es de las tasas más altas de toda Europa, porque son las personas con menos ingresos precisamente las más fecundas.

Propone una ley de impulso a la fecundidad, ¿qué puntos tendría?

Debe ser una ley con el mayor consenso posible, que esté en vigor más de 50 años, lo que implicaría que tendrían que defenderla hasta 15 gobiernos, con distintas mayorías parlamentarias. Si no existe ese mínimo consenso, se engaña a la gente que decide tener hijos.

¿Qué opina de medidas como la del cheque bebé?

Si alguien tiene un niño porque le dan un cheque, que avisen a los servicios sociales porque es un irresponsable. Tener un niño es el peor negocio del siglo. Si España decide proseguir con su autogenocidio (insensato e involuntario), defiendo políticas regeneradoras. En China ahora se anima a tener dos hijos por familia, y los primeros que están llamados a seguir la recomendación son los militantes del Partido Comunista, porque al menos intentan predicar con el ejemplo. China ha aprendido de sus errores. Nosotros, como europeos, nos creemos demasiado listos.

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