Esther Vivas es autora de «Mamá desobediente»
Esther Vivas es autora de «Mamá desobediente» - Xavier Torres

«Mamá desobediente»Esther Vivas: «El feminismo debe reivindicar la maternidad»

La periodista apela a la nueva ola feminista para que revisite algunos temas apartados por generaciones anteriores tras su experiencia como madre reciente

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Hubo un tiempo en que la reivindicación feminista se hacía al grito de «Nosotras parimos, nosotras decidimos». Aunque todavía resuena aislado en algunas de las convocatorias, cada vez se escucha menos. El acto de parir o el hecho de ser madre no es lo único que define a una mujer, pero la experiencia materna sí que acompaña a muchas a lo largo de su vida. Dar de mamar en público, acudir con el bebé al trabajo, acogerse a una reducción de jornada laboral o decidir el tipo de parto que cada una de ellas quiere tener parece un acto de rebeldía. Consciente de ello, Esther Vivas, feminista de nacimiento, visita las «paradas» de la maternidad en «Mamá desobediente» (Capitán Swing, 2019) para otorgarles su óptica, crítica con la nueva ola feminista que parece olvidarse de las madres (y de sus niños). «Nuestra sociedad es adultocéntrica», donde todo está «pensado en beneficio de los adultos», dice. Por ello, pide un cambio estructural en la sociedad, que tiene que llegar de la mano de quienes reivindican la igualdad.

Dice que parece incompatible ser madre y feminista, ¿por qué?

La maternidad ha sido utilizada por parte del sistema patriarcal como un instrumento de control de las mujeres, de su cuerpo y durante mucho tiempo se ha identificado a mujer con madre, y las mujeres no tenían otra opción que ser madres. Contra este dictado se rebeló el feminismo de los años 60, pero también se cayó en un discurso antimaternal y antireproductivo. Desde mi punto de vista creo que hay que distinguir entre la experiencia materna y la imposición de la maternidad. El problema no es la maternidad en sí, es cómo ha sido utilizada por parte del sistema para supeditar a las mujeres. De lo que se trata es de romper con esta maternidad patriarcal y con la alternativa planteada de la supermamá que llega a todo. Recuperar la experiencia materna para que pueda ser vivida por parte de las mujeres sin tampoco caer en al idealización de la maternidad. El reto es rebelarse contra las maternidades impuestas.

¿Cómo encaja dentro de esta nueva ola feminista?

El reto es que la maternidad sea, desde mi punto de vista, un elemento de reivindicación central del feminismo, ¿cómo unas prácticas tan fundamentales, en las que la mujer tiene un papel central son tan invisibilizadas y menospreciadas?

Ahora hay una nueva generación de mujeres más jóvenes que hemos crecido y que nos hemos beneficiado de una serie de conquistas que considero que defendieron y que seguramente la maternidad hoy la vemos con menos prejuicios que generaciones feministas anteriores. Ahora de lo que se trata es de reivindicar la maternidad desde una óptica nueva y vivir la experiencia de ser madre, sin imposiciones, señalando que la maternidad es cosa de todas: de madres, de padres y de la sociedad en su conjunto.

¿Cómo le ha cambiado la maternidad?

La maternidad me ha reafirmado en mis ideales feministas, porque cuando quieres ser madre o cuando eres madre, te das cuenta de que tu maternidad viene muy determinada por el sistema socioeconómico y patriarcal. En realidad no somos libres para ser madres. Una de las grandes paradojas del momento actual es que las mujeres hemos terminado con la maternidad como destino, pero en el momento en que ahora es una elección, la paradoja es que tenemos muchas dificultades para poder ser madres, para quedarnos embarazadas. Y una vez somos madres, la sociedad es hostil a la crianza.

¿Cómo trata la sociedad a los niños?

Vivimos en una sociedad adultocéntrica, donde la sociedad, el mercado de trabajo, el espacio público está pensado en beneficio de los adultos y en beneficio del mercado. La sociedad actual no acoge a los más pequeños. A menudo, cuando desde un punto de vista político se plantea el problema de la maternidad, siempre se trata de cómo encajarla en mercado laboral, siempre supeditándola, junto a la crianza, al mercado de trabajo, cuando el problema es el mercado de trabajo, que no permite la conciliación.

Habla también de una «doble presencia» constante de la mujer en la esfera productiva y reproductiva.

Las mujeres cargamos con una doble carga de trabajo: el productivo, remunerado y el del ámbito reproductivo, que no se valora, no se paga o está malpagado. Porque cuando las mujeres no podemos realizar este trabajo de cuidado lo externalizamos a otras mujeres. Siempre tenemos que tener en la cabeza la organización, es la carga mental.

¿Hay tantos tipos de maternidad como madres?

Hay tantas experiencias de maternidad como mujeres, e incluso una misma mujer puede tener distintas experiencias como madre, porque al final, la maternidad no viene tan determinada por lo que quiero hacer como mujer sino por lo que yo puedo hacer. Hay una mirada muy individual a la madre, pero hay que desinvidualizar esta mirada a la maternidad. Por ejemplo, si quiero dar la teta a mi hijo pero tengo que reincorporarme al trabajo a los 4 meses, al final viene determinada por el contexto en el que me encuentro. Desde este punto de vista, el libro no pretende juzgar la experiencia materna de ninguna madre, pero sí señalar que nos imponen unos determinados modelos de maternidad que son útiles al sistema y que menosprecian lo que necesita o quiere la madre y la criatura.

¿Cómo encajan las «madrastras» dentro de la maternidad actual?

Las madrastras cada vez son la figura más habitual en las familias, como los padrastros. Su figura carga con un estigma fruto del sistema patriarcal en el que vivimos y es necesario apuntar que la madrastra es una experiencia maternal más, pero en cambio es una experiencia muy invisible e incomprendida por el entorno social, porque una madrastra puede querer igual a la criatura de su pareja que la madre biológica, pero no se entiende este afecto. Yo creo que hay que cambiar la mirada que tenemos sobre las madrastras e intentar otorgarles otro nombre y hay colectivos tratando de quitar la carga negativa que tiene esta figura y que condiciona la mirada que tienen estas personas, que también están dando cariño y acompañando en la crianza.

¿Cómo ha acogido el feminismo el reciente debate sobre la gestación subrogada?

Hay un debate en el movimiento feminista en este tema. Yo opino que implica la mercantilización de un proceso biológico, fisiológico y en definitiva convierte el útero de las mujeres en objeto de lujo, aprovechándose de una situación de desigualdad social y económica. Es muy comprensible que mujeres y hombres quieran ser madres y padres, pero este deseo no puede vulnerar los derechos de terceros, de la madre gestante que cuando lleva a cabo esta gestación durante nueve meses tiene que renunciar al control sobre su propio cuerpo, y si en algún momento quiere dar marcha atrás ya no puede.

¿Qué significó para las madres el día que Carolina Bescansa acudió al Congreso con su bebé?

En política los bebés parece que solo son concebidos para sacarse fotos en campaña. Cuando un bebé aparece en el hemiciclo se convierte ya no solo en un debate sino en un escándalo por parte de determinados sectores, y esto pone encima de la mesa hasta qué punto hay una incomprensión hacia la maternidad y la crianza. Parece que al final las madres tenemos que escondernos de lo que implica el cuidado, el dar de mamar, y por eso es muy importante visibilizarlos en el sistema, porque al final la maternidad es un asunto público y político. Lo que no se puede hacer es dar la espalda al a maternidad, que significa dar las espalda a las madres.

¿Hay alguien preocupado por el descenso de la natalidad?

Sí que vemos, de tanto en tanto, titulares en los medios que señalan que la tasa de natalidad ha vuelto a caer en España, y se encienden algunas luces de alarma, pero no se hace nada por solucionarlo. No es que las mujeres no quieran tener hijos, es que no pueden tenerlos. En España, el 50 por ciento de las mujeres desearía tener 2 hijos, y el 25 por ciento, 3. Pero en realidad la tasa de natalidad es del 1,3. Las tasas de natalidad descienden por las dificultades: el contexto socioeconómico que no acompaña, y como se pospone la edad, tanto en mujeres como en hombres, también hay problemas de fertilidad. Vivimos en un sistema que es enemigo de la fertilidad humana. El problema que tenemos no es técnico, es político. Al final, tener hijos se va convertir en un privilegio.

¿Qué tabús has encontrado y definido alrededor de la maternidad?

Para mí los dos tabús centrales tienen que ver con la infertilidad y con el duelo gestacional. Todo lo que rodea la maternidad está cargado con el peso de la culpa, pero en particular la infertilidad o la pérdida gestacional socialmente está percibido como un fracaso. Creo que es importante sacarlas a la luz y hablarlo para acabar también con el tabú que la rodea, porque la infertilidad no es un problema individual, es una enfermedad social, y el duelo gestacional forma parte también de la experiencia de la maternidad, es mucho más habitual de lo que realmente pensamos y es necesario reconocer la pérdida y reconocer el duelo, mejorar la atención sanitaria al duelo y reivindicarlo desde una sociedad feminista.

¿Qué diferencia al «feminismo liberal» del «feminismo del 99%»?

El feminismo liberal es ese feminismo que en EE.UU. representa el Partido Demócrata, y aquí es el feminismo que va desde posiciones del PSOE a Ciudadanos en el sentido de que reivindica la igualdad pero sin tener en cuenta una opresión de clases. Reivindica la igualdad solo para un conjunto de mujeres blancas de clase media, cuando desde mi punto de vista, las grandes feministas tienen que reivindicar justicia económica, social, cuando las desigualdades de género vienen marcadas por las políticas económicas y sociales, y si no las tocamos es imposible conseguir una igualdad efectiva para el conjunto de la sociedad. Eso es lo que plantea el feminismo del 99%, igualdad y equidad para el conjunto de las mujeres, no solo para una minoría de clase media blanca. Lo que señalo es que este feminismo es el que tiene que reivindicar una maternidad del 99% y necesitamos un sistema de cuidados para el 99%.

¿Es el feminismo una cuestión de ideología?

El feminismo es política, y conseguir una igualdad de género y acabar con las políticas pasa por cambios políticos, y no solo por conseguir logros en el mercado de trabajo o en relación al techo de cristal, sino lograr cambios en políticas sociales y económicas que generen una igualdad social.

Cuenta también cómo la sociedad ha ido apropiándose del parto hasta robárselo a las mujeres. ¿Por qué se ha producido esto?

La sociedades modernas han visto el parto como si se tratara de una enfermedad, y el parto hospitalario hoy está abordado desde este punto de vista, lo cual implica que se considera imprescindible la intervención médica, cuando en realidad el parto no es una enfermedad, es un proceso fisiológico, y lo que vemos es que también se utiliza como un instrumento de control de las mujeres, y hay una mirada muy paternalista en relación al parto, y además en la atención al parto se ejercen una serie de prácticas que tienden a menospreciar a la mujer o no tener en cuenta su punto de vista. A nivel físico se practican cesáreas innecesarias, y todo esto tiene un nombre, que es el de violencia obstétrica, y nombrar esta práctica es solo el primer paso.

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