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Europa, suspenso en igualdad

Tras las elecciones europeas hacemos un repaso por la situación de las mujeres en algunos países de la Unión. Una pista: ni los países nórdicos son los más igualitarios; ni España se queda tan atrás

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Europa encara un nuevo ciclo político con muchos frentes abiertos: deuda pública, Brexit, la crisis de los refugiados, o el ascenso de una derecha que no cree en la Unión Europea y amenaza con romperla desde dentro.

Mientras, de fondo, se aproxima otro reto que tarde o temprano acabará formando parte de la agenda pública en Europa: los derechos de la mujer. Asuntos como la conciliación laboral, la natalidad, o la adaptación de las leyes de los países al convenio de Estambul son algunos de los temas que alguna vez se han escuchado en Bruselas y que cada vez cogen más fuerza.

Teniendo en cuenta el contexto cultural, el desarrollo y la zona de Europa en la que nos situemos, la igualdad puede tener diferentes caras.

Alemania

Merkel es la presidenta del país. Se mueve en alta política desde hace años, manda dentro y pone las normas que se juegan fuera. Además, es uno de los países más desarrollados de Europa «si eso no es igualdad…». Este es el pensamiento general en la sociedad alemana –y probablemente en el resto de Europa–. Sin embargo, esto no se refleja en otros ámbitos ni en otros lugares fuera de la capital.

La sociedad alemana es una mezcla de dos herencias: el comunismo y los años de apertura. Esto ha hecho que las generaciones crezcan con la perspectiva de que su sociedad ya había alcanzado la igualdad plena; por lo tanto, el feminismo no era necesario. Tras varios años viviendo en la capital, Alba Pla, antropóloga y docente, se mudó a un pequeño pueblo que pertenecía a la antigua zona comunista. Es madre de dos niños y participa activamente en la asociación de vecinos de su barrio organizando actividades. Estas Navidades, el Papá Noel que habían contratado se pasó parte de la jornada «pellizcando culos a las madres y a las niñas». Cuando se reunieron para ver cómo gestionaban lo ocurrido, no podía creer las reacciones del resto de personas: «el tema de debate era si volverían a contratarlo o no, en mi cabeza lo lógico sería ir a denunciar directamente a este tipajo».

Otro de los ejemplos que explica es que en su zona está muy arraigado que las mujeres lleven el pelo corto. «Se considera que si se ha logrado identificar el pelo corto con el ‘estilo’ de las mujeres es porque ya somos iguales que los hombres. Las mujeres llevan los vaqueros con corte de hombre y mismo estilo. Entonces se considera que si hombres y mujeres vestimos iguales es porque no existe desigualdad». Esta idea camufla otras realidades como la carga del hogar o los roles de género. «Cuando se organiza una barbacoa los hombres se ponen con las cervezas y las mujeres con los niños. Entonces vienen y te explican que es tu elección que tú puedes beber cerveza y ellos cuidar de los niños, pero mi respuesta siempre es la misma: ni me ofrecéis cerveza; ni os levantáis a por los niños».

Por su parte, Berlín vive en una realidad paralela. Tras la caída del muro y sobre todo en la primera década del siglo XXI, la capital alemana se convirtió en un grito contra la homofobia y el racismo.

Además, como ya había ocurrido antes en su historia, sus habitantes lograron hacer de la ciudad un nido donde escritores y artistas podían asentarse para crear una vida. El orgullo por esta capacidad de evolución y crecimiento lo resumen en el dicho: ‘Du bist verrückt mein Kind, du musst nach Berlin’ (Estás loco, hijo mío, tienes que ir a Berlín). La sociedad actúa apoderándose del insulto para hacerlo bandera. «Con el feminismo igual, pero quizás está en un momento más bajo que en España. El movimiento es fuerte pero no constante». Bajo la idea de ‘En Berlín hay espacio para todos’, se han generado muchos subgrupos, lo que hace que todas las iniciativas sean más minoritarias. «Existe un grupo muy fuerte de feminismo negro; aliados feministas; feminismo lésbico, feminismo de maternidad… Todas las personas del movimiento apoyan a las otras, pero no puedes luchar por ellas», explica Alba. «Creo que a veces, en lugares donde se acepta tanto la diferencia, se consigue debilitar la lucha en general».

Portugal

A pesar de estar situado en el sur de Europa, y por lo tanto tener algunos puntos en común con España, existen diferencias. La extrema derecha, por ejemplo, no ha logrado hacerse un hueco en su Gobierno ni apunta a conseguirlo. Los motivos son principalmente dos: debate cerrado sobre refugiados e inmigración y una buena ‘conjura’ política en los años post-crisis. Durante la campaña de las europeas hubo algún discurso que quería dar voz a estos partidos (en particular el CDS, el más conservador) pero sin causar especial atención entre el electorado.

La periodista Aline Flor, especializada en movimientos sociales y derechos humanos, cuenta que el movimiento feminista en Portugal es relativamente pequeño y «un poco irregular». Sin embargo, hay una reacción unánime ante los casos que conmueven a la sociedad: como ocurrió en España con la Manada. En noviembre de 2016, dos hombres violaron a una mujer en una fiesta, pero esto no tuvo una gran consecuencia para ellos ya que los jueces tuvieron en cuenta «el ambiente de seducción mutua», el consumo de alcohol y «la ausencia de daños físicos». Otro de los casos que hizo salir a la calle a las portuguesas fue la sentencia de Joaquim Neto Moura en el caso de una mujer que recibió una paliza por parte de su exmarido y su examante. El juez recoge en su sentencia que «ve cierta comprensión en la violencia ejercida por el hombre vejado, traicionado y humillado por una mujer». Además, Neto Moura hace referencia en la polémica sentencia a la Biblia donde se contemplaba «la lapidación a la mujer adúltera». Las protestas en estos casos se tradujeron en una revisión de las leyes sobre el consentimiento y la violencia de género.

El pasado 8M, las calles de Portugal también se llenaron, en opinión de Flor, tanto el movimiento #MeToo como el caso de La Manada y su cobertura mediática sirvieron para movilizar a la gente, pero hubo un tercer componente: en febrero, un hombre mató a su hija bebé y a la abuela de esta para vengarse de su exmujer, quien había roto la relación hacía poco tiempo.

Actualmente, Portugal «tiene puesta la atención en los feminicidios y en funcionamiento del sistema judicial que no es especialmente duro con los agresores». En el Parlamento, están en tramitación más de una decena de leyes relacionadas con la violencia doméstica y las relaciones interpersonales (lo que en España sería de género), muchas de ellas influenciadas por las recomendaciones del Convenio de Estambul.

En las instituciones, Portugal cuenta con una ley de paridad desde hace 10 años que ha hecho que la presencia de las mujeres en el Parlamento sea del 36%, llegando al 40% en las elecciones de octubre (por la obligatoriedad de las listas cremallera). Por otra parte, en 2017 se aprobó una ley para que las mujeres en la administración pública tengan más representación. Sin embargo, en las principales empresas privadas, las que componen el PSI20 (el IBEX 35 portugués), no hay ninguna mujer al mando.

En general, en Portugal se trabaja activamente por legislar a favor de la rotura del techo de cristal y con leyes orientadas a la disminución de la violencia contra la mujer; y también para lograr su presencia en puestos de responsabilidad mediante ‘leyes de parentalidad’, mayor cobertura preescolar y flexibilidad horaria.

Noruega

En 2008, Noruega fue el país con ‘más igualdad’, según la Unión Europea, por su equilibrio en los salarios y casi inexistente violencia de género en la pareja. Sin embargo, se enfreta a otros problemas. Por un lado, al aumento de la violencia, el número de casos de violaciones entre 2015 y 2016 ha crecido un 21,9%, según el último informe de amnistía internacional; y, por otro lado, lo que se conoce en términos sociológicos como «la paradoja noruega». 

La división de género en el ámbito laboral es estable desde 1996 hasta la actualidad. Esto significa que existen 90% de ingenieros frente al 10% de ingenieras; mientras que profesiones relacionadas con los cuidados como la enfermería, cuentan con un 90% de mujeres y un 10% de hombres. Kristin Mile, mediadora del Gobierno para la igualdad, reconoce que las políticas de feminización en carreras de ciencia y tecnología «tienen una repercusión de 2 a 3 años. Después, la tendencia vuelve al punto de origen». Para subsanar este problema, Noruega lleva años realizando estudios e informes, pero sin dar con una hipótesis válida. Jorge Larentzen, investigador universitario especializado en estudios de género, afirma que «las investigaciones que demuestran que los cerebros se configuran de diferente forma están anticuados. Actualmente, ya no se habla de que sea así, los últimos hallazgos desmienten lo anterior. Solo se mantienen las diferencias provocadas por las hormonas».

Otra de las razones que las instituciones noruegas barajan es la influencia social y cultural. Sobre este tema, la Doctora Camila Schreiner realizó un estudio entre más de 20 países para dilucidar por qué las niñas no se interesan por la ciencia. «Lo más llamativo fue comprobar cómo el interés de ellas en este ámbito crece en aquellos países con mayores desigualdades». Años más tarde, otro trabajo universitario –firmado por los investigadores Stoet y Geary– confirmaba esta tesis y aportaba una posible explicación: en los países con mayor igualdad existe menos presión por dedicarte a un trabajo con mejor salario y condiciones como son las opciones técnicas y científicas. Si vives en un entorno de igualdad, este interés desaparece.

Actualmente, Noruega se enfrenta a la siguiente pregunta: ¿tiene sentido seguir invirtiendo en políticas de feminización? Según Stoet y Geary, sí. «Solo así puedes garantizar la libertad individual de las personas. Lo siguiente que habría que preguntarse es si tiene sentido mantener los roles de género».

Holanda

Holanda es de los pocos países que ha tomado un camino diferente al resto de Europa en torno a la prostitución al legalizarla en el año 2000. Allí las trabajadoras sexuales deben pagar impuestos por su actividad y someterse a exámenes médicos regulados por el Estado. Esto ha hecho que la trata de personas, la prostitución de menores en mafias, o la falta de higiene haya disminuido notablemente. Sin embargo, todavía existe cierto estigma social. «A la gente de allí no le gusta hablar mucho del Barrio Rojo, es como: está ahí para los turistas. No lo quitan porque al final ayuda a las mujeres, en comparación con otros países». Habla Carolina Barreiro, ingeniera informática afincada en Ámsterdam, «es un poco lo mismo que ocurre con la marihuana. Los holandeses tienen la actitud de ‘coger el toro por los cuernos’ en estos temas y manejarlos: proteger y regular. Aunque es un tema delicado».

Barreiro llegó hace 5 años a Ámsterdam y desarrolló allí su carrera profesional. Participa en reuniones llamadas «Women in tech» donde tratan la situación de la mujer y las cifras de estas en el ámbito de la tecnología y desarrollo de software: «El número de mujeres es muy bajo. Las cosas parecen ir bien, pero la verdad es que sigue existiendo la cosa del rol: las mujeres van más a biología o psicología; y no a carreras técnicas. Y de verdad que no entiendo por qué». En cuanto el desarrollo de su carrera y, en general, el crecimiento profesional de las mujeres cree que Holanda está más avanzada. «Sin embargo, existe un machismo mucho más sutil. Creo que en España es algo más burdo: si estás en política van a decir que te estás foll**do a no sé quién; si eres jefa de una empresa serás la mandona amargada. En España se va más de cara. En Holanda los hombres se declaran feministas, pero enmascaran comportamientos ‘micromachistas’». Se refiere a gestos como la elección de la reducción de jornada en caso de tener hijos que sigue siendo mayoritariamente cosa de ellas; y también a la diferenciación de las bajas por maternidad/paternidad: aunque previsiblemente cambiará en los próximos años, los padres tienen derecho a 5 días de permiso; mientras que las madres cuentan con 112 días. «Hasta ahora la gente no se quejó mucho porque tienes muchas opciones y ayudas para llevar al bebé a la guardería, pero aun así el cuidado de los niños dentro de casa se comparte bastante la responsabilidad».

La consecuencia de que las mujeres sigan siendo las que ponen por delante la crianza, hace que haya menos mujeres en puestos de responsabilidad. Para Barreiro esa es la ‘caja de pandora’ para Holanda: «El aborto no es un tema de discusión y en general no existe el tema de la violencia de género. El problema para las mujeres holandesas es el trabajo. Llegar a la posición que de verdad quieren a pesar de los roles de género». Como ocurría en Alemania, en Holanda ha cundido el mantra que de ‘ya está todo conseguido’, aunque la realidad dice que no es así».

Malta

De los países que componen este artículo, Malta es el que menos tiempo lleva en la Unión Europea, lo que hace que esté muy alejado de otros estados en cuanto a desarrollo. Además, la religión –el 95% de la población se confiesa católica– todavía tiene mucha influencia en cuestiones sociales, y por tanto, también en la forma en la que tratan los derechos de la mujer. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en el resto de Europa, allí la derecha radical no asciende a pesar de la alta inmigración. Actualmente, gobierna el partido laborista y su preocupación coincide con la del resto de las fuerzas políticas: ponerse al día con las leyes y normativas europeas.

Con estos antecedentes no sorprende el testimonio que llega desde allí. Para empezar, el divorcio: se votó en Malta en el 2011 y ganó el sí por un 52%. El resultado de este referéndum se vivió como un derecho ganado para las mujeres porque «los que estaban en contra eran sobre todo los hombres». Victoria García Álvarez, ingeniera química, vive en Marsaskala y trabaja allí desde hace dos años. Cuando decidió comprarse un coche tuvo que arreglar una parte de la documentación llamada ‘log book’. En ella debe figurar la firma de tu autorizante, es decir, tu padre o marido, algo obligatorio, aunque seas mayor de edad.

En cuanto al aborto, está totalmente prohibido. La ley busca «proteger a la mujer» al considerar que «el trauma que supone perder al bebé es mucho mayor que tenerlo». Pero como siempre ocurre en estos casos, Sicilia está a muy pocos kilómetros y cuenta con buena conexión, así que muchas mujeres acuden a la isla italiana a abortar, aunque allí tampoco se lo pongan muy fácil. Los problemas derivados de esta situación no son nuevos, suelen ser clínicas clandestinas y en muchas no se respeta el tiempo de recuperación. «Si tienes algún problema y acudes al hospital en Malta y descubren que abortaste, llaman a la Policía. Es un delito –penado entre 18 meses y 3 años de cárcel–». Pero más allá de los motivos religiosos, en este tema pesa más el estigma social. Andrea Dibben, socióloga de la Universidad de Malta, revela que para las mujeres es peor enfrentarse a la opinión pública que contradecir sus creencias religiosas; y si, por otro lado, eligen el silencio, corren el riesgo de arrastrar un conflicto psicológico que puede empeorar con los años. Por suerte, el tabú empieza a levantarse no solo en las conversaciones entre amigas o en el descanso del trabajo, si no que, en febrero del año pasado, un representante del Consejo Europeo, Nils Muiznieks, publicó una carta en el periódico ‘Times of Malta’ hablando de la necesidad de una gran reforma de la ley.

Italia

Italia cuenta actualmente con un Gobierno de derecha radical, como nos cuentan, esto unido a la influencia de la religión en la sociedad italiana no pone en el mejor lugar a la mujer. Para empezar, las estadísticas revelan que la violencia es uno de sus grandes problemas: el 80% de mujeres italianas y migrantes han sufrido algún tipo de violencia; y a la semana se producen 3 feminicidios . Sin embargo, su desafío más urgente se encuentra en el Gobierno y en algunas de las leyes que actualmente se debaten, como, por ejemplo, el Decreto Pillon.

Un proyecto de ley impulsado por Simone Pillon –miembro de la Liga Norte– que se centra en los divorcios con hijos. Es criticado principalmente por obviar las realidades individuales de las familias. El Decreto toca principalmente 4 pilares: introduce la figura del mediador, este sería obligatorio y de pago (incluso en aquellos casos no conflictivos), su objetivo sería evitar que el conflicto familiar llegue a los tribunales y creará un plan de crianza completo (tiempo, educación, gastos diarios y extras…); 'bigenitorialità perfetta', los niños deben vivir al menos 12 días al mes en la casa de cada uno de los padres; transformación de la pensión en una manutención directa: el padre o la madre pagan los gastos del niño durante el tiempo que esté bajo su custodia, además lo establecido en el plan de crianza; y para acabar, penalización del síndrome de alienación parental: se prevé que cuando el menor rechaza la relación con uno de los progenitores, el juez sancione al otro.

Basándose en el principio de igualdad pretende que todo lo que rodea al divorcio y a la crianza esté repartido al 50%. Esto está generando importantes movilizaciones en el país porque obvia el hecho de que las mujeres son las que dejan sus trabajos ante la maternidad, (el desempleo femenino en Italia es del 52%) y la brecha salarial. Por lo tanto, las madres difícilmente podrán darle el mismo nivel de vida a su hijo que el padre, y tampoco tendrían la capacidad de pagar una segunda vivienda. Jennifer Guerra, periodista italiana, cuenta que las organizaciones feministas están en pie de guerra porque este decreto «dificulta la separación o el divorcio poniendo trabas a una salida en las situaciones de violencia doméstica y anula las opciones de las mujeres con renta baja». Sin mencionar la mediación obligatoria y pagada. «Tampoco tiene en cuenta los casos de parejas con denuncia y/o condena por maltrato», la ley prevé que en estos casos el procedimiento será el mismo.

En Italia, 6 millones y 788 mil mujeres han sufrido algún tipo de violencia y casi 3 millones de abusos son cometidos por su pareja o expareja, y «es absurdo que las personas que escribieron esta ley no lo pensaran». Para acabar, sobre el síndrome de alienación parental, Guerra aclara que «no está reconocido por ninguna asociación psiquiátrica internacional y está ausente del Manual Diagnóstico-Estadístico de Enfermedades Mentales. Incluso la Iglesia Católica se ha opuesto a la ley».

Este tipo de reformas es solo una de tantas que se debaten actualmente en el Parlamento y Senado italiano, todas ellas apuntan a un retroceso en los derechos de las mujeres, así como en el colectivo LGBTQ+.

El Congreso Mundial de las Familias en Verona fue un punto de inflexión, ya que gracias a un artículo publicado en The Vision la sociedad italiana pudo conocer que el Ministerio de la Familia e inicialmente también la jefatura de Gobierno invitó a activistas pro-vida, anti-LGBTQ+ y grupos rusos, este ‘patrocinio’ se eliminó posteriormente. Gracias a este artículo se reveló que «los fondos recaudados del evento se entregaron a ProVita, una asociación cercana a CitizenGo (Hazte Oír, en España) y al partido de derecha radical Forza Nuova. Para Guerra, esto marcó un antes y un después porque «desde ese momento muchas personas se han dado cuenta de lo que está pasando en Italia: hay un movimiento organizado que une a la extrema derecha italiana, los movimientos pro-vida y la red europea supranista y pro-rusa que quiere prevenir el aborto, dificultar el divorcio y detener los derechos LGBTQ+». La protesta organizada por el grupo feminista Non Una Di Meno reunió a 100.000 personas en Verona.

Más allá de los retos más urgentes a los que se enfrentan las italianas, son reseñables dos datos: aunque el aborto está regulado desde 1978, en la sanidad pública tienen un alto porcentaje de médicos que no lo practican por ‘objeción de conciencia’, (en algunas regiones de Italia llega al 99%); y por último, un dato esperanzador, en las primeras elecciones con listas cremallera el Parlamento italiano alcanza su mayor porcentaje de mujeres (34,62%) y también cuentan, por primera vez, con una mujer como Presidenta del Senado Maria Elisabetta Alberti Casellati.

Para acabar, dos píldoras: todos los países consultados tienen por ley la obligatoriedad de llevar listas cremallera en sus candidaturas y trabajan por diferenciar la violencia de género dentro de la ley global de violencia doméstica o intrafamiliar, como en España. Excepto Malta, que a pesar de la situación, entre sus leyes se contempla la multa a aquellos hombres que piropeen a las mujeres por la calle.

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