Un grupo de 14 alumnos en situación de vulnerabilidad estudian para encontrar un empleo estable
Un grupo de 14 alumnos en situación de vulnerabilidad estudian para encontrar un empleo estable

Encontrar trabajo tras el maltrato: «Tengo la sensación de que servimos para algo»

El 81 por ciento de las mujeres víctimas de la violencia de género se encuentra desempleada

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María está en la cuarentena. Tiene tres hijos y, según dice, jamás se imaginó estudiando de nuevo a estas alturas de su vida («una agradable sorpresa», según lo define). Sin embargo, han sido los estudios los que le han devuelto la ilusión y la confianza en sí misma, perdidos el día en que su exmarido empezó a amenazarla. Su nombre es ficticio, pero su mirada ilusionada, sus palabras, su camino hasta llegar al presente, no lo es. Hoy, las risas de María y sus compañeras de clase, víctimas casi todas de la violencia de género, resuenan por los pasillos del centro de formación profesional en el que estudian. En su horizonte ya atisban un puesto de trabajo que les dará la independencia económica para rehacer sus vidas, pausadas en algún momento cuando pasaron a ser víctimas. Mutua Madrileña es la empresa que está detrás la formación de estas mujeres, y les ofrece tanto la posibilidad de incorporarse a su plantilla como la de obtener un título propio reconocido por la Comunidad de Madrid. Según un estudio publicado a finales de 2018, el desempleo afecta al 81% de las mujeres víctimas de la violencia de género.

Recuperar el talento adormecido, devolver al mercado laboral el que se está perdiendo, es el ánimo detrás de esta iniciativa. «Es muy importante que se vuelva a confiar en nosotras, a pesar de nuestra edad o de las circunstancias de las que venimos, que son muy duras. Como personas, es un reconocimiento que necesitábamos», comenta María desde un despacho de su centro de estudios. Se siente agraciada, y no puede ocultarlo: «Es la ilusión de poder trabajar por fin y tener un sueldo digno lo que nos hace seguir adelante, fuertes e ilusionadas». Habla en plural, representando con su testimonio el ánimo de sus compañeras de pupitre. Además de otras nueve víctimas de violencia de género, con ellas estudian otras cuatro personas en situación de vulnerabilidad.

Según cuenta, siempre ha estado más o menos vinculada al mercado laboral, haciendo trabajos de todo tipo, pero tras denunciar a su expareja, además de hacer frente a sus propias circunstancias personales, competía en un entorno ya donde las mujeres de cierta edad tienen más complicado el acceso. «De por sí es difícil encontrar un empleo y que este sea de calidad… y al final te das cuenta de que estabas desconectada de todo este mundo. He hecho muchas cosas, pero necesito una estabilidad que antes no tenía para poder recomponer mi vida», cuenta María. Habla de la independencia económica como de la meta más preciada: «Es fundamental, porque si has pasado por una situación dura y encima económicamente estás mal, todo empeora….».

Atreverse a denunciar

El proceso, tanto de denunciar a su exmarido como de llegar hasta el día de hoy con el ánimo con que se encuentra María, no ha sido fácil. «Cuesta mucho darte cuenta de las cosas e ir dando pasitos, pero una vez que lo has hecho…», dice, dejando la respuesta en aire. Antes, ya ha contado cómo, tras la separación de su pareja, llegaron las amenazas, «la reacción violenta, agresiva». «Todo es muy sutil, muy encubierto, y es muy difícil hasta que lo detectas y eres consciente de que tienes un problema y que hay que solucionarlo. Al principio piensas que ya se le pasará, pero al final… o pones freno por la vía legal o no sabes cómo puede acabar», añade mientras anima, a quien pudiera leerla, a dar ese primer paso: el de la denuncia.

El caso de María se cerró con un juicio rápido: en cuestión de 48 horas, su agresor fue enjuiciado y obligado a guardar una orden de alejamiento. «Me sorprendió porque pensé que todo esto era mucho más lento, y no. Hay un protocolo que rápidamente salta y todo parece encajar. El juicio, como estaba todo muy claro, terminó ese mismo día. Así no se deja margen al agresor para que actúe», añade. Y se acuerda de sus hijos, porque, según cuenta, «si los tienes es muy doloroso, porque claro, estás denunciado a su padre. Y te lo planteas por ellos», dice María, que anima a denunciar a todas aquellas mujeres que se sientan «pisadas de alguna forma» por sus parejas.

María vuelve a recordar a sus compañeras de clase, a sus inesperadas cómplices de camino. «Se nos valora, nos tratan muy bien. Vemos que confían en nosotras y pensamos que este empujón va a ser efectivo. Tenemos la sensación de que servimos para algo», dice, una vez más, agradecida.

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