Manifestación del 8 de marzo de 1987
Manifestación del 8 de marzo de 1987 - Efe

40 años de igualdad en la Constitución: «Nos creímos que seríamos iguales, pero no valía solo con eso»

A pesar de los avances legislativos, son muchos los indicadores que señalan las desigualdades actuales de las mujeres respecto a los hombres

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Este 6 de diciembre se cumplen 40 años desde que la Constitución Española fue ratificada por todos los españoles. El 87,78% de los votantes dijeron «» a un proceso que fue histórico. Entre los cambios que venían, por fin la mujer dejaba de estar sometida al hombre (a su padre o a su marido) y conseguía la igualdad ante la ley.

Fue el artículo 14 el que recogía que «los españoles son iguales

ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social». Sin embargo, la palabra «mujer» solo aparecía (aparece) en el artículo 32 (el que habla sobre el derecho a contraer matrimonio en igualdad jurídica) y el artículo 57 (en el que se prioriza al varón sobre la mujer en el caso de la sucesión en el trono). Quedaba mucho por hacer y por conquistar, pero era una buena base sobre la que edificar una sociedad igualitaria después de tantos años bajo el régimen franquista.

Con el desarrollo de la Democracia, las mujeres han conseguido que se les considere iguales, pero sin embargo hay datos que prueban que la desigualdad salarial sigue siendo una realidad, que existe un techo de cristal para muchas mujeres o que ámbitos como el hogar y la familia siguen siendo cosa de (la mayoría de) ellas. En la carrera judicial, por ejemplo, el 90 por ciento de los jueces y fiscales que solicitan una excedencia, son mujeres, y en la mayoría de los casos, lo hacen para cuidar de sus hijos. En el sector sanitario, las médicas cobran hasta un 27 por ciento menos. De las 52 universidades públicas, solo 7 están dirigidas por rectoras. Y por poner un ejemplo más: la Organización Internacional del Trabajo cifra en un 15% la diferencia entre salarios en su último estudio. En este maremagnum de cifras que ya no se pueden justificar, han llegado a España los ecos de otros movimientos internacionales como el «Time's up» o el «Me Too», pero también ha crecido la indignación por sentencias como la de «La Manada». La cuarta ola feminista está ya en las calles: el momento es ahora.

La Justicia y las mujeres

«Creímos que estaba todo hecho, y las leyes y el papel es muy sufrido, pero las sociedades no se cambian publicándolas. Nos sigue faltando remover esos obstáculos que existían y que siguen haciéndolo para que las mueres seamos iguales que los hombres. A día de hoy, está clara la incorporación al mundo laboral, pero está menos clara la de los hombres a las actividades del ámbito doméstico», comenta a ABC la fiscal contra la violencia de género Susana Gisbert. «La Constitución fue un paso de gigante, pero si ahora la leemos y analizamos el lenguaje, no es nada inclusivo, no se nombra a la mujer más que dos veces...», añade.

Gisbert acaba de publicar «Balanza de género», un libro en el que, desde su experiencia, pide a la justicia que se ponga las gafas violetas, y que las víctimas de la violencia de género sean protegidas y no victimizadas por sentencias o decisiones judiciales injustas. La violencia contra la mujer, según el último informe del CIS publicado, preocupa al 2,1 por ciento de los españoles. Sin embargo, a estas alturas del año, ya son 44 las mujeres muertas en España a manos de su pareja. No tiene problemas en arremeter contra la «mal llamada» «justicia patriarcal»: «Es la manera en que entendemos unas leyes que se acoplan a la igualdad, pero la forma de interpretarlas no siempre se ajusta a la igualdad real. La legal la tenemos, pero la material no es tan igualitaria como nos gustaría. Para mí, sería la forma de interpretar las leyes que no acaba de implantar el espíritu de la igualdad que debería imperar». Para Gisbert, entonces, las leyes «sí son justas». «Lo que pasa es que las interpretamos personas dentro de una sociedad, y la sociedad, no podemos negarlo, es machista», argumenta.

Este año, los españoles también ha empezado a manifestarse contra instituciones que, quizá, antes no eran el foco de las protestas. «La sociedad empieza a asumir que el poder judicial no es intocable, y que igual que salimos a la calle y protestamos por un acto del poder Ejecutivo, la gente se ha percatado de que también se puede protestar contra los del poder judicial», comenta la fiscal. «Sentencias machistas ha habido siempre, incluso antes más que ahora, pero la sociedad empieza a exigir la igualdad de género necesaria, y ya no es cuestión de ponerse un lazo violeta el 25 de noviembre». Muchas veces en su «burbuja», los magistrados «no se dan cuenta de lo que influyen con sus acciones en la sociedad, están demasiado agarrados a la interpretación que creen adecuada a la ley, que otras muchas cosas se les escapan», opina Gisbert.

Apertura del año judicial de 2018
Apertura del año judicial de 2018 - Maya Balanya

En la carrera judicial, las mujeres suponen el 53,2%, pero sin embargo, al igual que en otros muchos ámbitos, no llegan a los puestos de gestión. Para el recuerdo de los españoles quedará la foto de apertura del año judicial de 2018 o la de 2017: el Rey junto a los 13 miembros del CGPJ, y entre ellos, no hay ninguna mujer aunque supongan más de la mitad de ellos.

La política y las mujeres

«No hay igualdad real. Hablamos de una igualdad legal. Hemos avanzado mucho en los últimos 40 años, pero es evidente que el desarrollo legislativo no ha provocado los cambios que nos llevarían a poder hablar de que en nuestro país existe una igualdad real» comenta Laura Seara. Ha sido directora del Instituto de la Mujer además de Secretaria de Estado de Igualdad. Hablar de las mujeres es, desde su punto de vista, «hablar de una de las más crueles invisibilizaciones que hubo en la historia de España, porque hoy celebramos una Constitución escrita por hombres (sabios, pero hombres) y eso se plasma en la propia Carta Magna. La ordenación de la sociedad que se hizo en el 78 tiene que revisarse con la deida perspectiva de género, para que se adecúe a las reivindicaciones y que consolide el principio de igualdad».

Seara estuvo en el Gobierno en la época en la que se aprobaron dos leyes decisivas para las mujeres: la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género de 2004 y la Ley Orgánica para la igualdad efectiva de mujeres y hombres de 2007. En su discurso se acuerda de la tercera ola del feminismo en España, «ya estaban organizadas, y fueron muy generosas al ponerse al servicio de la democracia», pero según afirma, en el momento actual «ya no podemos esperar a que el tiempo nos ajuste. Como no salgamos a exigir lo que nos corresponde, no podemos esperar a que nos llegue, porque no nos va a llegar nunca». Por eso introduce a las feministas españolas actuales, las de la cuarta ola, las que surgieron después del 8 de marzo, «las que piden acabar con la desigualdad estructural».

Desde el punto de vista de Seara, este cambio en el reconocimiento

Mª Antonia Martínez fue la primera presidenta de una comunidad autónoma (Murcia)
Mª Antonia Martínez fue la primera presidenta de una comunidad autónoma (Murcia)- Efe

de los derechos de la mujer promulgado por la Constitución, no fue acompañado de una ruptura con la división sexual del trabajo. «El espacio privado, el reproductivo, lo siguen haciendo las mujeres. Y el espacio del reconocimiento, de la economía y de la toma de decisiones sigue siendo cosa de hombres. No creo que este país esté dispuesto a esperar más, sobre todo porque las mujeres quieren ser libres por ser iguales. Esa renuncia que hicieron las mujeres de la Transición por la libertad y la democracia al quedarse al margen, hoy no puede contemplarse», argumenta.

En estos 40 años de democracia, ha habido mujeres candidatas a presidir los principales partidos españoles, pero ninguna ha conseguido hacerse con la dirección. 40 años después de reconocer sobre el papel la igualdad entre ambos sexos, sigue habiendo comunidades autónomas en las que ninguna ha conseguido ser presidenta (Cataluña, Asturias, Cantabria, Galicia, Comunidad Valenciana...). Y ninguna ha sido candidata a ser presidenta del gobierno a pesar de que, con su reincorporación a la universidad, están igual de formadas.

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