Pobreza, un problema poco visible que sufren más de un millón de mayores

En la jornada «Conversaciones de Mayores», de ABC y Obra Social La Caixa, se destacó que el 29,6% de las pensiones son inferiores a 609 euros

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Francisco Javier Gómez sabe muy bien lo que es la cara y la cruz de la vida. Este economista y empresario vasco trabajó muy duro para sacar adelante su propia empresa. Su vida siempre fue holgada y disfrutó comprobando cómo su negocio se convertía en uno de los más importantes en su sector de la zona. Sin embargo, los tentáculos de la crisis económica que tantas ilusiones rotas ha dejado en nuestro país, también le asfixiaron a él. Sus clientes no le pagaban y tuvo que cerrar su exitoso negocio con una gran deuda.

Hoy, a sus 68 años recuerda que la vida en Bilbao le resultaba muy cara. Decidió trasladarse al sur de España en busca de alquileres más baratos. Tras unos meses de verdaderos apuros económicos, los dueños de la casa en la que vivía alquilado le dijeron que tenía que irse porque la iba a ocupar un familiar. Se quedó literalmente en la calle porque no encontraba dónde ir con lo poco que tenía en el bolsillo. «Jamás, ni en mis peores sueños, imaginé que podría pasarme algo así. Yo nunca supe lo que era un albergue, hasta que me vi en la desesperada situación de llamar a la puerta de uno para que me salvaran la vida».

El debate tuvo lugar en Espacio Caixa Murcia
El debate tuvo lugar en Espacio Caixa Murcia

Datos poco alentadores

El relato de Francisco Javier Gómez no es, ni mucho menos, un caso aislado. En nuestro país hay más de un millón de personas mayores de 65 años que sobreviven en la actualidad bajo el umbral de la pobreza. Se trata de un colectivo que sufre de manera acusada las grandes desigualdades que se han acentuado en los últimos años, tras la crisis económica.

Tal y como apuntó May Penín, presidenta del Ilustre Colegio Oficial de Trabajadores Sociales de la región de Murcia y directora asistencial de la Fundación Jesús Abandonado, durante la jornada «Conversaciones de Mayores: pobreza y vulnerabilidad», organizada por ABC y Obra Social La Caixa, los datos no son nada alentadores. «Según el informe de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES), presentado en el Senado el pasado mes de octubre, y que se basa en la tasa AROPE, el 29,6% de las pensiones que se distribuyen en España están por debajo del umbral de la pobreza, lo que significa que son inferiores a 609 euros mensuales. Además, el 15% de los pensionistas está a punto de caer en la pobreza al encontrarse en el tramo inmediatamente superior al límite del umbral. Si se tiene en cuenta la inflación acumulada con una subida de las pensiones por debajo del IPC o factores como el copago farmacéutico, este sector de población es en su conjunto hoy más pobre que hace seis años».

Déficit presupuestario

Para May Penín es muy urgente que la Administración ofrezca políticas sociales que ayuden a estas personas a salir adelante. «Sin embargo, su respuesta es siempre la misma: hay déficit presupuestario. No es de recibo que las políticas sociales vayan a la cola de las prioridades, junto a los temas relacionados con la salud y la educación».

Así lo considera también José Antonio Barba, de 62 años y voluntario en EspacioCaixa Murcia, al considerar que «no es posible que se rescaten bancos, se hagan autopistas por donde pasan pocos coches, aeropuertos a los que no acuden pasajeros y, sin embargo, no se permita que las personas tengan un techo bajo el que dormir y alimentarse. Los políticos deben escuchar las demandas reales de la población y el mandatario del momento, sea del color que sea, prestar atención a este asunto y tomar medidas como, por ejemplo, recortar gastos superfluos en las de inauguraciones, presentaciones...».

No obstante, Barba considera que los españoles somos muy cómodos por naturaleza y «no nos quejamos donde hay que quejarse, que no es precisamente con el vecino, que no tiene poder de decisión. Hay que hacer piña, estar unidos y salir a la calle a concienciar de esta situación insostenible para tantas personas. La sociedad no puede mirar hacia otro lado».

En la jornada se resaltó que nadie está libre de que la vida le dé un revés y se vea en una situación de pobreza. Una enfermedad, un accidente, una crisis económica... pueden dar al traste con las expectativas laborales y de vida a cualquier edad. «El problema añadido –destaca May Penín– es que vivimos en una sociedad donde, sobre todo la juventud, vive de lo inmediato, quiere todo al momento, y eso nos hace vulnerables. Prefieren un trabajo en el que hoy ganen más dinero, aunque sea a costa de no tener una nómima o no estar dados de alta en la Seguridad Social. Tienen una visión cortoplacista, no miran al futuro y cuando se jubilen tendrán pensiones mínimas porque casi no habrán cotizado. Los jóvenes deben ser conscientes también de esta realidad y no obviarla. Hay que luchar contra el inmediatismo y ser consciente de que cuando uno va por la calle casi la mitad de las personas con las que se cruza están en riesgo de pobreza e, incluso uno mismo, cuando ve su reflejo en un escaparate. Es para reflexionar».

Penín insistió que es muy importante que la juventud tenga una mayor visión de futuro para prevenir situaciones de gran precariedad. «Muchos se dejan disuadir con mensajes que dicen que las pensiones son hoy más altas. Lo que ocurre es que el umbral de la pobreza ha bajado».

José Antonio Barba también coincidió en este aspecto. «Cuando uno es joven nunca piensa que le puede pasar algo malo en la vida. Y no es así. Prima que el último modelo de teléfono móvil que acaba de salir de mil euros resulta que es “baratísimo”. Sería muy recomendable que hablaran con personas mayores e intercambiaran experiencias para conocer la realidad, el valor del esfuerzo, de la responsabilidad y de la renuncia. No se trata de aguantar batallitas de los abuelos, como muchos las llaman, porque esas batallitas en realidad son verdaderas lecciones de vida. Esta educación debe partir de la propia familia. Los padres no pueden esperar a que se lo enseñen en los colegios».

May Penín señala que uno de los problemas añadidos es que hay un factor del ser humano que conlleva que termine por amoldarse a una situación, aunque sea la peor, lo que asegura que tiene un alto coste, no solo desde el punto de vista económico. La salud mental es en estos casos un punto de diana. «Tan importante es disponer de una alimentación y vivienda adecuados como de una correcta salud mental».

Consecuencias colaterales

Explica que el ser humano no es consciente de hasta dónde puede llegar la mente en estos casos. «Es fácil entrar en una gran depresión, lo que te hace ser una persona débil, percibir que todo el mundo está en tu contra, que te inmovilice los músculos y te obligue a estar en la cama pensando que se sufre una enfermedad degenerativa... Lo grave es que puede ocurrir a cualquier edad y a pesar de haberlo tenido todo lo bueno en la vida. Cuesta mucho asimilar estos cambios vitales. Esta situación conduce a un estado de aislamiento, de invisibilidad para que nadie sepa que se está en un momento de penuria económica. Se discute con la familia, se pierden las amistades... Hay verdaderos dramas», puntualiza esta experta en política social.

Las mujeres, en este sentido y según los datos, se llevan la peor parte. Por cada 122 mujeres en situación de extrema pobreza hay 100 hombres en esa circunstancia. Los motivos son evidentes. «La mujer hasta hace poco no estaba en el mundo laboral como ahora y la mayor parte de las pensiones de las mujeres mayores son de viudedad porque viven más que los hombres. Con poco más de 300 euros no puede vivir una mujer, pero tampoco un hombre y ningún ser humano. Muchas de ellas han dedicado su vida al cuidado de la casa, de los hijos y el marido. Ante las dificultades, la población femenina ha tendido siempre a salir por ella misma y no quiere que nadie se entere de lo que están pasando. Hasta el año antepasado –prosigue Penín–, el 8% de las personas sin hogar que atendíamos eran mujeres. Hoy son el 18%. ¿Qué ocurre? Que han agotado todos sus recursos para sobrevivir ante las dificultades y ahora viven situaciones extremas», concluye Penín.

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