Hay más hombres cuidadores que mujeres a partir de los 80 años

Aunque los varones viven menos años, lo hacen con mejor salud que ellas y asumen una labor a la que no estaban habituados, según Obra Social la Caixa

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Hasta la fecha son muchos los familiares que se ocupan de cuidar a sus seres queridos cuando lo han necesitado por enfermedad, sobre todo cuando estos son mayores. Este rol lo ha desempeñado tradicionalmente la mujer, que durante años se ha ocupado de las labores domésticas ajenas al mundo laboral. Sin embargo, pese a una realidad cambiante, los hombres, en su última etapa de la vida, se encargan más de estos cuidados.

Al menos así lo asegura un estudio del Observatorio Social de «la Caixa»: «Los nuevos cuidadores». Este informe ratifica que las mujeres de mediana edad son el perfil más frecuente en su rol de cuidadoras. En casi todos los grupos de edad hay muchas más mujeres que hombres cuidadores. De hecho, entre los 45 y los 65 años hay hasta seis veces más féminas que varones haciéndose cargo del cuidado de un familiar dependiente. Sin embargo, a partir de los 80 años las diferencias de género se reducen hasta el punto de que hay más hombres (27.900) que mujeres (20.300) como principal cuidador dentro de la familia.

Ellas tienen peor salud

La explicación a este dato es, según matiza Andrés Losada, catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos, que «aunque los hombre fallecen antes que las mujeres, ellas padecen más problemas de salud a edades avanzadas y requieren más cuidados. Los hombres que superan los 80 están en mejores condiciones que ellas y, por eso, asumen estas atenciones».

En los casos en los que la familia se lo pueda permitir, suelen optar por contratar a un cuidador secundario que les facilita la labor. «Es poco frecuente que los hijos varones sean los cuidadores principales de sus padres fundamentalmente por motivos culturales y creencias machistas. Las hijas, sin embargo, suelen ser más voluntarias. Aún así, tienen gran sentimiento de culpabilidad porque no pueden responder como a ellas les gustaría a su rol de madre, de trabajadora y de hija que atiende a sus padres. Al final se someten a conflictos internos porque quieren encargarse con más atención de sus padres, de sus hijos, de su casa, del trabajo..., y no llegan a todo. Muchas mujeres sufren por este motivo ansiedad e, incluso, depresión», explica este catedrático.

Nuevo escenario

En su opinión, la clase política debería atender este asunto porque la población mayor es cada vez más numerosa y requerirá unos cuidados que, hasta ahora, ha asumido la familia sin rechistar. «Sin embargo, la incorporación de la mujer al trabajo y el hecho de que las parejas tengan menos hijos que se puedan encargar de sus padres cambia el escenario —advierte Andrés Losada—. Cada vez hay más indicadores de que esta situación no se puede mantener mucho tiempo. A los políticos no les interesa que la sociedad sea consciente de este problema porque así es la familia la que se ocupa del tema, pero las nuevas generaciones son diferentes. Están más formadas y no es que se vayan a negar, sino que van a empezar a exigir un derecho, que es el de poder desarrollarse como personas (teniendo su propia familia, su profesión...) y tener a sus seres queridos atendidos. Cubrir estos cuidados es una responsabilidad compartida entre el Estado y las familias».

Por este motivo, considera que la sociedad actual se enfrenta a varios retos. Por un lado el de las administraciones públicas «que deben fijarse en qué se está haciendo en otros países para que no recaiga en las familias toda la responsabilidad de estos cuidados. También habría que destinar más recursos profesionales para que los familiares que tengan que cuidar de un ser querido sepan hacerlo de la manera adecuada, porque hasta ahora nadie les ha enseñado y se han tenido que enfrentar a su nueva realidad cada uno como ha podido, sin un apoyo o asesoramiento adecuado.

En la misma línea se manifiesta Francesc Torralba, director de la cátedra Ethos de la Universidad Ramón Llull y experto en la ética de los cuidados, al apuntar que la imagen y realidad de la familia tradicional cuidadora está cambiando. «En España, pero también en Italia, Grecia, Portugal... y en todos los países mediterráneos, se están transformando los hogares donde cada vez es más acuciante el síndrome de casa vacía porque trabajan los dos miembros de la pareja y, además, apenas tienen hijos, mientras las demandas de cuidados de sus mayores son las mismas. ¿Quién va a cuidar de ellos? Es un gran desafío»,

En su opinión, la respuesta pasaría por una reacción del Estado «para el que supondrá un gasto elevado, que tampoco podrá asumir el sector privado. Se produce, entonces, una situación de colapso. La solución está en tener este apoyo, pero también en buscar alternativas».

Propone, en primer lugar, un mayor empoderamiento de las personas que demandan cuidados. «Se les debe potenciar al máximo su autonomía y olvidar frases como “ya te lo hago yo todo”. Además, la tecnología está de nuestro lado para facilitar que se levanten las personas encamadas, para que puedan hacer la compra sin moverse del sofá, para colocarse una prótesis que les permita caminar...».

Financiación viable

En segundo lugar, señala que la solución no puede ser de institucionalización masiva porque cae en la deshumanización. «Se deben preservar los espacios familiares garantizando un cuidador que acuda las horas necesarias. Para ello, se deben encontrar fórmulas de financiación viables porque si todo se apoya en el sector privado habrá una gran discriminación hacia las familias menos pudientes», concluye Francesc Torralba.

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