«La enfermedad de mi madre fue avanzando hasta que un día la situación con mis hermanas era insostenible»

La mediación ayudó mucho a esta familia a organizar los cuidados de su progenitora

MADRIDActualizado:

Cuando la demencia con cuerpos de Lewy llegó a casa de Cristina, toda la convivencia familiar se trastocó. «Le diagnosticaron la enfermedad a mi madre con 61 años. Nosotras, que somos cuatro hermanas, éramos muy jóvenes. Yo era la pequeña y tenía 25 años, y no sabíamos cómo ponernos de acuerdo en casa para ayudar a mi padre». La discapacidad fue avanzando y, llegó un momento en que la situación era insostenible. «Cada vez que hablábamos se distorsionaba todo», reconoce esta mujer, hoy madre de dos niños.

Hasta que un día, la psicóloga del centro de mayores de San Sebastián de los Reyes donde su madre iba a talleres de memoria, les habló del servicio de mediación gratuito que ofrecen en la Fundación Atyme. «Costó convencer a alguna hermana más que a otra, pero al final todos, incluido mi padre, acudimos de forma voluntaria a ver en qué consistía esta herramienta de solución de conflictos», reconoce.

«Primero fuimos de forma individual para exponerle la situación por separado, y después acudimos todos juntos», explica. «Una vive fuera y de las que estamos en Madrid cada una tenía un horario de trabajo distinto, por lo que solo podíamos hacer ciertas cosas, así que como todas las hermanas queríamos ayudar, nos repartimos las tareas: la que vive más cerca se encarga de la compra, yo que soy fisioterapeuta le acompaño a ciertas terapias, otra va a las consultas médicas, mi padre se encarga de los papeleos, la que no vive aquí viene ciertos fines de semana... y así entre todos contribuimos en las labores del cuidado de mi madre».

«La mediación nos ayudó mucho. Al principio piensas que tú puedes con la situación, que todo va a cambiar, que se va a arreglar solo... pero no se puede. A nosotras nos fue muy útil que una persona ajena nos ayudase a entender la situación desde todos los puntos de vista de las personas involucradas en la familia», reconoce.

Entre los consejos que les ofrecieron, Cristina recalca uno: «la mediadora nos recomendó que cuando nosotras quedásemos por nuestra cuenta, intentásemos no hablar de nuestros padres». Ahora, diecisiete años después de aquello, solo han tenido que volver a Atyme para llevar a cabo alguna sesión de lo que ella misma califica como de «refresco», y sigue recomendando este servicio «fervientemente». «Casi me emociona contarlo ahora, pero creo que gracias a aquello hemos conseguido mantener todavía a día de hoy a nuestra madre en casa, y no en una residencia».

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