'El pisito', el aula que motiva a los niños con necesidades especiales
Una iniciativa del colegio SAFA de Écija favorece la autonomía de estos escolares, mejora su autoestima, su seguridad y les prepara para una vida adulta segura
Madrid
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Iniciar sesiónMaría del Carmen no salía de su asombro cuando le dijeron que su hijo de 14 años había cosido un botón. «¡Si no me envían el vídeo no me lo creo!». Y es que Gabriel es un niño TEA, con ataques ... epilécticos, mucho temblor de manos y gran ansiedad. «Nunca se me hubiera ocurrido enseñarle a coser, pero me he dado cuenta de que es capaz de hacer más cosas de lo que imaginaba».
La 'ocurrencia' de enseñarle costura es solo una de tantas tareas domésticas que el colegio SAFA Écija ha puesto en marcha hace tan solo unas semanas a través de su iniciativa 'El pisito'. Este programa ha convertido un aula del centro en una réplica realista de un hogar, donde el alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo (NEAE) y necesidades educativas especiales (NEE) aprende habilidades básicas para el desarrollo de su independencia, tales como cocinar, planchar, organizar su ropa, mantener hábitos de higiene personal, prevenir accidentes o gestionar su economía.
María del Carmen explica a ABC que su hijo no suele mostrar demasiada ilusión por ir al colegio «pero cuando le toca 'El pisito' se levanta entusiasmado. Allí se da cuenta de que no es el único al que le cuesta realizar ciertas tareas porque hay otros alumnos como él. Deja de sentirse diferente y, como tiene la autoestima muy baja se crece –reconoce esta madre entre lágrimas de emoción–. Entre todos se apoyan y se animan a lograr su cometido bajo la dirección espléndida del personal del departamento de Orientación. No es lo mismo que cuando yo le enseño, por ejemplo, a doblar la ropa, allí tiene mayor motivación. Cuando llega a casa me comenta orgulloso todo lo que han aprendido. Se trata, sin duda, de una experiencia muy positiva porque son pequeños pasos que para nuestros hijos son muy valiosos porque les hace sentir que «soy capaz», y eso tiene un valor incalculable. Todos los colegios deberían tener una iniciativa de estas características porque demuestra un gran apoyo a estos niños y a sus familias».
El objetivo –según apunta Mari Loli Ruiz Hormigo, directora gerente de SAFA Écija– no es sólo que adquieran competencias prácticas funcionales, «sino que desarrollen también la confianza, la seguridad y la autonomía necesarias para construir su propia vida adulta. Pero, además, les ayuda a potenciar la autoestima, refuerza la cooperación y mejora la convivencia. El trabajo en equipo es fundamental: los estudiantes se ayudan mutuamente, aprenden juntos, celebran sus avances, lo que refuerza al mismo tiempo sus habilidades sociales y su sentido de pertenencia al grupo».
La idea de 'El pisito', dirigido a estudiantes de Primaria, ESO y FP Básica, surgió como respuesta directa a una inquietud constante de las familias de estos niños con NEE: «¿Sabrán desenvolverse solos cuando nosotros no podamos ocuparnos?».
Esta preocupación –matiza Ruiz Hormigo– fue el punto de partida para diseñar un programa que ofrece hoy a los estudiantes no solo conocimientos académicos cuando acuden a sus clases ordinarias, sino también herramientas útiles para afrontar con independencia su vida diaria. El proyecto responde así a una necesidad que trasciende el aula y que está directamente relacionada con la inclusión social y la igualdad de oportunidades. «Al mismo tiempo, ayuda a las familias a afrontar el futuro con mayor tranquilidad y a los estudiantes a ganar confianza en sí mismos y en sus capacidades. Se trata de un proyecto profundamente humano. Queremos que los alumnos salgan preparados para la vida, que se sientan capaces, autónomos y seguros. La educación debe servir también para eso: para vivir con dignidad».
Mª Teresa Salés Leiva, coordinadora del departamento de Orientación, reconoce que «muchos de estos niños nunca habían cocinado o utilizado una lavadora. Ver cómo ganan confianza y presumen de sus avances en casa es una de las mayores satisfacciones del programa. Los resultados son evidentes desde las primeras semanas porque los estudiantes realizan cada vez más tareas por sí mismos, superan el temor a afrontar nuevos retos, desmontan estereotipos de género asociados a las labores domésticas y trasladan lo aprendido a sus hogares, donde las familias destacan una mayor implicación en las tareas cotidianas», concluye.
Paula tiene 14 años, discapacidad intelectual, retraso madurativo y déficit de atención con impulsividad. Su autoestima está algo dañada, pero Regla, su madre, asegura emocionada que desde que la niña empezó a ir a 'El pisito', la percibe mucho más tranquila, centrada, ilusionada y feliz. «Empezaron con tareas cotidianas como ir a la compra, manejar el dinero, cocinar, doblar ropa... y, aunque le supone un gran esfuerzo, lo va consiguiendo. Se ha dado cuenta de que hay otros niños a los que les cuesta hacer las cosas como a ella y que necesitan su propio ritmo. Celebran cada logro y eso es muy motivador».
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Regla apunta que «cuando cocino a veces me dice con orgullo: «¿mamá has echado un chorrito de vinagre al guiso?» para demostrarme lo que sabe. La veo avanzar y eso es fantástico para ella y para nosotros».
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